domingo, 31 de mayo de 2009

Forzados y reclutas /soldados (2)

La ciudad de Manila vivió amenazada desde su fundación en 1571 por la presencia del ingente número de chinos que vivía en los alrededores de la ciudad y por el asedio de los piratas occidentales. En 1574, un comandante rebelde chino llamado Limahong atacó la ciudad con una fuerza de 3,000 elementos, que fue repelida por apenas 200 soldados comandados por Juan Salcedo, nieto de Legazpi. La victoria fue suficiente para mantener la presencia española en las islas, pero la percepción de asedio se mantuvo por lo menos hasta bien entrado el siglo XVII.

En diversas etapas se alcanzó una cierta estabilidad, en la medida en que las autoridades españolas accedían a un modus vivendi con los chinos de la colonia y con los comerciantes que visitaban las islas. William Schurtz refiere que dos siglos después, en 1768, el gobernador Simón de Anda Salazar hacía un recuento de 14 insurrecciones chinas en la colonia desde su fundación. Esto sería en promedio una cada catorce años (1). Cabe destacar que Manila cayó en manos de los ingleses de 1762 a 1764, y fue recuperada por los españoles gracias al Tratado de París. Asi pues, la defensa de las Filipinas fue siempre un dolor de cabeza para la metrópoli y para los administradores con sede en México.
"Una de las voces que repetidas veces se elevaron para informar a la corte del peligro que representaba el estado de indefensión, fue la del enérgico gobernador don Pedro Manuel Arandía (1754 - 1759). No se limitó a esto, sino que concibió diferentes proyectos para remediar la situación. Uno de ellos trataba de reformar precisamente la disciplina de las tropas y fue expresado en un documento que guarda el Archvo General de la Nación y que se llamó Nuevo planteo de las tropas de Manila (2).
Vida cotidiana de los soldados novohispanos en Filipinas.

Como ya se ha señalado, la guarnición de Manila y otros puntos de Filipinas recaía principalmente sobre los recursos monetarios y de organización de la Nueva España. Los soldados enviados a Oriente debían cumplir sus tareas en condiciones lamentables, como lo indicaba Arandía en su propuesta.
"Siendo de notable considerable el estado en que se halla la tropa de este Continente y mar que en todas partes de esta Ciudad en que se ven soldados de su guarnición descalzos los más, muchos en cuerpo de camisa y asegurándoseme de noche pedir limosna y en las centinelas y puestos con las armas en la mano en postura que más es irrisión que mérito contra el que en sí se tienen los de Su Majestad de Europa, y más continentes del mundo que se extienden sus dominios y real nombre".

María Fernanda de los Arcos subraya la inquietud del gobernador, ya que "al parecer, en aquella época los soldados de la guarnición de Manila vivían en su mayoría esparcidos por los arrabales y zonas circunvecinas a la ciudad amurallada, en lugar de residir dentro de ella como hubiera sido más lógico para su asistencia en caso de peligro. Todo ello era motivado por la indisciplina que permitía que, en las islas, los soldados no se concentraban en cuarteles, sino que se reunían solamente cuando había alguna emergencia, alarma, o bien en aquellos días en que era necesario por tratarse de revistas militares, días de pagas, etcétera. Entonces era cuando se situaban bajo el mando de oficiales. El resto del tiempo se esparcían más o menos dentro de una franja de cinco leguas que abrazaba por tierra la capital. Un fenómeno bien curioso es el que Arandía denunciaba: de los cien o doscientos hombres que cada año se recibían en Filipinas procedentes de la península o de Nueva España, sólo se empleaba a una parte de ellos.

"En otra parte, el mismo Arandía afirmaba que los soldados no solamente pedían limosna sino que llegaban incluso a robar "para pasar el mes". Otras veces vendían el uniforme a los habitantes de las poblaciones y tierras aledañas a Manila, "quienes en la Casaca del Rey dejaban de pagar el tributo, los Polos y servicio del año a que debían concurrir".

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(1) William Lyte Schurtz, The Manilla Galleon. Dutton and Company Ed., New York, 1939, p 83

(2) María Fernanda García de los Arcos. "El traslado de novohispanos a Filipinas en la segunda mitad del siglo XVIII". 47. En La presencia Novohispana en el Pacífico Insular. Universidad Iberoamericana. 1990, pp. 47 - 70.

(3)Idem, p.60


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