domingo, 10 de mayo de 2009

Padrinos y Compadres

Rafael Bernal señaló varias condiciones para la fijación de palabras españolas (muchas con tonos mexicanos) en el habla cotidiana de Filipinas. Una de ellas, fundamental, fue la presencia de hombres del pueblo, no de las élites, que llevaban sus costumbres y gustos. Ya aludimos al hecho de que en Filipinas se consume maíz pero no tortilla, debido a que sería impensble que hombres mexicanos, la mayoría soldados, se hubiera dedicado a esa laboriosa prepación del alimento nacional, algo que por siglos se ha obligado a hacer a las mujeres.

"El mexicano que entraba en la vida filipina diaria, afectó también las relaciones familiares. De México, por ejemplo, vino la institución del compadrazgo, no tan sólo como una relación extrafamiliar, a la manera de la iglesia, sino como un lazo de enorme fuerza entre individuos y familias, que afecta profundamente la estructura social y hasta la política. En contra de la costumbre europea cristiana de que cada niño tiene un padrino de bautismo, en México y Filipinas se extendió el número de padrinos, hasta abarcar la mayor cantidad posible de personas.  Hay padrinos de bautismo, de confirmación, de primera comunión, de boda, de velación, de la casa nueva, del primer diente, etcétera".

A la vez la relación de mayor importancia no se estableció entre el padrino y el ahijado, sino entre el padre del ahijado y el padrino, esto es, entre los nuevos compadres. En esta forma, la relación se hizo mcho más estable y de mayor fuerza, ya que se formó entre gente en la misma etapa de la vida y dentro del mismo límite de edad. Tanto en México como en Filipinas existe la tendencia de escoger padrinos ente la gente de importancia, de ser posible de más alta categoría social o económica que los padres del ahijado. Al principio, en ambos países los hijos y, por lo tanto, como compadres a alguno de los conquistadores o de los españoles de importancia, y es frecuente ver que el bautizado adopta el nombre del padrino. Es claro que la relación más importante que se buscaba en este sistema, no era la del ahijado niño con el padrino, sino la del compadrazgo. 

La práctica llegó a tales extremos que en 1599 la Audiencia de Manila tuvo que prohibirle a los chinos que vivían en extramuros de la ciudad que sirvieran como padrinos a los hijos de los tagalos. Se consideró que la fuerza del parentesco que se estaba creando, podía poner en peligro la seguridad de la sociedad española de las islas. Así, desde aquellos tempos ya se observaba la importancia política del compadrazgo y en la actualidad en Filipinas se podría usar el dicho mexicano: No le pido a Dios que me haga Presidente, sino que haga a mi compadre" 

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Rafael Bernal. México en Filipinas. Estudio de una transculturación. Universidad Nacional Autónoma de México. Instituto de Investigaciones Históricas. Serie História No. 11. México, 1965. pp. 121 -122.

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