martes, 5 de mayo de 2009

Michoacán (2)

El espacio geográfico de Guerrero y Michoacán está definido por la Sierra Madre, que genera dos zonas hidrográficas aledañas: una interna en la que corre el rio Balsas, o por su viejo nombre Zacatula, y otra externa, que da hacia el mar. Las exploraciones españolas presionaron a principios del siglo XVI para lograr un acceso al Pacífico. De este modo, aunque la ruta privilegiada por varias décadas siguió siendo el camino a Huatulco, en el sur y el puerto de Navidad, en el noroeste, las expediciones rumbo al continente asiático salieron de la Barra de Navidad y una vez que se estableció el tráfico regular la corona escogió la bahía Acapulco, por ser puerto profundo y de abrigo.

La presencia asiática en los estados actuales de Guerrero y Michoacán constituye un importante filón de estudio que requiere sin embargo la conjunción de muy variados instrumentos analíticos. Esta zona es conocida en Guerrero como la Costa Grande y en la parte michoacana Tierra Caliente. En esta tierra difícil, caliente y seca ha fructificado una de las mejores cepas de la cultura mexicana, producto de luchas persistentes entre las que debe destacarse a los negros cimarrones, fugitivos, que poblaron la zona en abierta resistencia al abuso virreinal, pero también a los marinos filipinos que se integraron al modo de vida de los indígenas locales. Por las barreras raciales de aquella época la combinación entre españoles y los demás grupos era un tanto difícil aunque no inexistente. En esta vasta región,
donde la costa es grande y la tierra caliente
la población indígena tenía varios origenes, aztecas, purépechas, chontales, tuxtecas, mazatecos, mixtecos, amuzgos. En lo que hoy es Guerrero se localizaban reinados de origen nahuatl y olmecoides. Fue esta una zona de contención y abierta disputa entre los reinos tarasco y azteca. Ello implica también matices en el tipo de aculturación de nuevos grupos poblacionales a partir del siglo XVI.En la gran región michoacana, dominada por los tarascos convivían negros y mulatos en diversas áreas tanto en barrios, haciendas y reales de minas. Ante el maltrato de hacendados y mineros se dio el caso de decenas de esclavos negros que escapaban a las zona más inhóspitas para vivir en libertad. Es interesante señalar aquí la respuesta negra a la esclavitud, que a lo largo de los siglos XVI y XVII fue violenta, propiciando la huída de los esclavos y creando “palenques” o lugares de cimarrones. Los primeros brotes de rebeldía se sucedieron desde el inicio de la Colonia y continuaron hasta la Independencia.

En cambio la respuesta asiática podría calificarse como pasiva, aunque explicable en razón de lo que arriba se ha señalado: eran pequeños grupos o simplemente individuos aislados. Una segunda razón de porqué el grupo filipino se integró más fácilmente que los negros es que ya venían de Asia con rudimentos del idioma español. Tercero, las costumbre y tradiciones del México indígena, incluyendo la sumisión por deudas y el trabajo obligatorio en la comunidad (el tequio mexicano) eran de algún modo similares a la experiencia asiática, en particular la malayo-filipina.


Gonzálo Aguirre Beltrán señala que “en el período de 1519 a 1650 la Nueva España recibió por lo menos 120 mil esclavos, o dos tercios de todos los africanos importados dentro de las posesiones españolas en América.
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