miércoles, 19 de agosto de 2009

La isla de Gorée

El doctor Jorge Bustamante, relator especial de Naciones Unidas para los derechos humanos de los migrantes, escribe hoy en el diario Reforma desde el continente africano. Se encuentra ahí en visita oficial y nos ofrece sus impresiones personales e inmediatas sobre su visita a la isla de Gorée, frente a las costas de Senegal; un lugar utilizado durante 400 años para el comercio de esclavos. Tomo aquí las palabras, fuertes y dolorosas, del doctor Bustamante quien reflexiona sobre la cruel condición humana.

La Isla de Gorée, a 4 kilómetros frente a la costa de Dakar, servía para concentrar a los esclavos capturados en varios países de África durante los siglos XVI al XIX, en camino a Estados Unidos y, en menor escala, a otros países del continente americano, incluyendo a México. Se calcula que fueron de 15 a 20 millones de esclavos los que fueron sacados de África durante los siglos que duró esa práctica. En 1840 se construyó un edificio especializado en la venta de esclavos, que se utiizaba para concentrar a los hombres:

(...) que habían dado el peso requerido de 60 kilos -entre 15 y 20 años y sin defectos físicos-, que los había hecho preferentes para los traficantes americanos para ser llevados a Estados Unidos, a donde eran llevados los más fuertes -los que no daban el peso eran colocados en mazmorras donde los ponían a engordar para alcanzar el peso requerido. Los que ni así lo alcanzaban, eran vendidos en el mercado local a menor precio. Antes de embarcarlos, cada esclavo era identificado con nombres y apellidos comunes en los países a donde eran destinados. Los que habían sido comprados por brasileños en portugués. Los comprados por estadounidenses en inglés, y así sucesivamente. Las mujeres eran separadas entre jóvenes y "viejas". El criterio de distinción establecido por los traficantes era la firmeza de sus pechos. Las jóvenes, así distinguidas, eran vendidas a mayor precio antes de ser encadenadas en parejas por sexo y así subidas (ellas y ellos respectivamente) a los veleros que los transportarían a Estados Unidos y a otros países del hemisferio americano.
El funcionario mexicano en Naciones Unidas dedicado a la protección de los derechos de los migrantes en la actualidad continúa su reflexión:
Las muertes, los sufrimientos de tantos seres humanos sometidos a la esclavitud que cruzaron por los pasillos, celdas y mazmorras de ese edificio, básicamente por el color de su piel, me ofrecieron una dimensión extendida de aquella frase homo homini lupus est al comparar lo que vieron sus muros con los de los campos de exterminio de los judíos en la Alemania nazi.

La visita a la Isla de Gorée abrió un paréntesis entre mis reflexiones sobre los derechos humanos y las migraciones internacionales. No podía contemplar los muros de la "casa de los esclavos" sin que aparecieran en mi mente en desfiles de flashbacks las escenas de hombres y mujeres medidos, pesados y tratados como bestias en lo más cruel de la condición humana desde la que se practicó por blancos el tráfico de esclavos negros durante 400 años durante los cuales ahí se ignoró que estaban traficando con esposos, padres, hijos e hijas que ahí se vieron por última vez antes de ser arrancados por la fuerza de todo su pasado para un futuro sin esperanza


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