Una invitación para conocer la historia del Galeón de Manila, su cultura y su impacto en Filipinas y en América.

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sábado, 31 de diciembre de 2011

La primera jornada, 1592-1594

Gaspar de San Agustín relata en su libro Las Conquistas de las Islas Filipinas, la terrenal por Felipe II, el prudente, y la espiritual por los padres agustinos, escrito en 1698 que, entre otras embajadas recibidas en Manila, como la del Japón por ejemplo, se presentaron alrededor de 1592 dos embajadores representando al Rey de Camboya:

El uno portugués, nombrado Diego Belloso (en varios textos se llama Diogo Veloso); el otro castellano, llamado Antonio Barrientos, que trajeron de regalo al Gobernador dos hermosos elefantes, que fueron los primeros que se vieron en Manila. El motivo de esta embajada se reducía a pedirle su amistad y alianza para (que) les diese socorro contra el Rey de Siam (antiguo nombre de Tailandia), su vecino, que pretendía invadirle. Recibió el Gobernador Gómez Pérez Dasmariñas la embajada con agrado, y el regalo que le traían. Y como no se hallase con bastante gente para el socorro que se le pedía, despachó los embajadores dándole al Rey de Camboja breves esperanzas. Correspondiéndole con otro regalo, se estableció buena correspondencia para el comercio entre ambas naciones.

Los supuestos embajadores, un portugués aventurero de dudosos antecedentes y un castellano de peor fama, deben haber dado una imagen de boato, acarreando presentes que harían soñar a los manilenses y a su Gobernador con las maravillas que debían existir en las provincias del oeste, más allá del tempestuoso golfo de Siam, más arriba de Malaca y hacia el norte entre malayos infieles, hasta encontrar la parte más cerrada de la selva, ese infierno verde, y encontrarse en medio de un río inmenso llamado Mekong. Venían acompañados de esclavos y, de acuerdo con las crónicas, de los dos primeros elefantes jamás vistos en Filipinas.




Belloso y Barrientos tuvieron audiencia con el gobernador Dasmariñas, quien escuchó informes fantásticos sobre las riquezas de Siam, Laos, Camboya, Champa y Conchinchina. Los mensajeros reales aprovecharon el embeleso de sus oyentes para solicitar el apoyo del Gobernador y proteger a Camboya contra los ataques del Rey de Siam. Gómez Pérez Dasmariñas no prometió nada, pero los envió de regreso a esas tierras con algunos buenos presentes.
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Gaspar de San Agustín, Conquista de las Islas Filipinas, capítulo XII, pp 994-995, Libro III. Madrid, imprenta de Manuel Ruiz de Murga, 1698. Reimpreso en 1998, en Manila por el Museo de San Agustín.

martes, 6 de agosto de 2013

Esclavos japoneses en México

El diario Yomiuri Shimbun publicó el pasado mes de mayo una interesante nota histórica sobre la presencia de esclavos japoneses en la Nueva España en el siglo XVII. A su vez, el diario El País rescata la nota del periódico nipón y la coloca en perspectiva. Lectura muy recomendable, que espero signifique algo más que el rescate de un hecho "curioso" y en cambio un mayor interés por conocer el proceso histórico que nos condujo a esta modernidad.



Los investigadores Lucio de Sousa, de la Universidad de Evora, y Mihoko Oka, de la Universidad de Tokio, descubrieron un documento en el Archivo General de la Nación, sección Inquisición, en México. Aunque la investigación pronto será publicada, adelantan que tres  personajes, Gaspar Fernandes, Miguel y Ventura, identificados sólo como Xapon, procedentes de la prefectura de Bungo, en el sur del archipiélago japonés, fueron vendidos en Nagasaki en 1585 a un comerciante portugués de nombre Perez por siete pesos, en un contrato de tres años. Gaspar tenía en aquel momento ocho años. 

Siete pesos el precio de un esclavo, comparado con el costo de una botella de aceite de oliva que en aquel entonces ascendía en España a ocho pesos.

El documento, como tantos otros que esperan en los archivos de México, Perú o España, se localizó en los expedientes de la Inquisición porque Pérez fue arrestado en Manila en 1596, acusado de judaísmo. El portugués y su familia cruzaron entonces el Océano Pacífico para llegar a la Nueva España, donde arribaron en diciembre de 1597, bajo la custodia del Santo Oficio. Los tres esclavos formaban parte de su menaje, once años después de que los había adquirido. Comparecieron en el juicio inquisitorial y aparentemente obtuvieron su libertad por haber colaborado con las autoridades.

En opinión de los investigadores, el documento ofrece una perspectiva novedosa pues establece que viajeros japoneses, forzados o voluntarios, había realizado el trayecto hacia América desde el siglo XVII, antes del período en que Japón cerró sus puertas al mundo en 1639. Muy interesante. ¿Qué sería de aquellos tres forzados y cómo se adaptarían a la vida en México? ¿Escaparía Perez, el dueño, de las garras de la Inquisición?

En otra ocasión hemos hablado sobre este tema con base en una importante fuente de información, el estudio de Virginia González Claverán acerca de un documento colonial sobre el comercio de asiáticos en la Nueva España. Pronto colocaré una nota sobre el papel de los portugueses en el comercio esclavo en el Sudeste de Asia. 

martes, 15 de septiembre de 2009

Un mercado oriental 6

Los Parianes México (1670-1843)
El Parián de la Ciudad de México fue siempre un edificio tosco, sin adornos, pero práctico, como una gran caja o chinería, con callejuelas internas en las que se acomodaban las tiendas, los cajones, de los representantes del comercio del Galeón. El comercio de China tenía ahí su feudo de seda, porcelana y perlas.

Situado en el corazón de la ciudad, era un mercado cuadrado que si nos situamos en el centro y giramos como las manecillas del reloj comienza frente a la casa del Cabildo, torna a la calle de San Francisco, le siguen los portales de plateros y concluímos frente a la Catedral. 

Desde el 13 de diciembre de 1527 el Rey Carlos Quinto ordenó por Real Provisión de Burgos devolver al Ayuntamiento seis solares en la Plaza Mayor, para que construyeran casas de consistorio, cárcel, carnicería y tiendas para propios de la ciudad; solares de los que lo había despojado Alonso de Estrada y otras personas, por lo que Su Majestad se los mandaba restituir breve y sumariamente.

Más de un siglo después el Parián, que ya se le conocía con este extraño nombre, se incendió el 16 de noviembre de 1658. Todo comenzó en un cajón de un chino barbero, o como decimos ahora, a la francesa, peluquero, vísperas de San Gregorio Taumaturgo. Todas las congregaciones de la ciudad salieron a rezar para apagar el incendio, pero el gran mercado quedó consumido por el voraz incendio que fue tan vivo, que haciendo una noche tenebrosa alumbraba toda la ciudad.

Don Carlos de Sigüenza y Góngora nos cuenta del Gran Tumulto que arrasó esta vez con la furia del saqueo a la Ciudad y al Parián el 8 de junio de 1692, como resultado del abuso en el cobro de impuestos y el acaparamiento de maíz por parte del gobierno virreinal. Acabaron en esa jornada con 280 cajones del mercado y daños para el Ayuntamiento por la friolera de 15,000 pesos.


El Virrey Gaspar Melchor Baltasar de la Cerda Silva Sandoval y Mendoza, Octavo Conde de Galve y Señor de Salcedón y Torola, se salvó de la turba enfurecida escapando al convento de San Francisco.
Una vez recobrado el aliento (que no su prestigio) y teniendo la ciudad bajo control, el Virrey regresó a su Palacio, que en el portón ostentaba un pasquín:

Este corral se alquila
para gallos de la tierra
y gallinas de Castilla.

El 17 de agosto de 1695 se inició la reconstrucción del Parián y en diciembre de 1669 se habían terminado dos aceras; la que da al Portal de Mercaderes y la que mira hacia la Catedral. En diciembre de 1699 se concluyeron las otras tres: la exterior e interior que caían hacia el Palacio, y la interior paralela al Portal de Mercaderes. Quedó oficialmente concluído el 19 de abril de 1703.

Luís González Obregón escribe que el Parián era recordado por las abuelas a fines del siglo Décimonono con suspiros, como centro del mejor comercio. En él se encontraban siempre todo lo que podía satisfacer sus capichos femeninos de riqueza de lujo y elegancia; lo recordaban también con delectación los jóvenes de entonces, quienes reclinados en el mostrador de las tiendas, galanteaban a las hemosuras de su tiempo, difamaban ajenas honras é intentaban arreglar el mundo al calor de la conversación ó de una disputa, que terminaba casi siempre a las oraciones de la noche.

Cuando los estertores del Galeón daban aviso del fin de tantos años de control imperial, el 15 de septiembre 1808 se produjo la revuelta de los regalistas en favor de Fernando VII, también apodados chaquetaspor su curioso uniforme. En aquella ocasión nuevamente el Parián y sus riquezas sufrieron el saqueo de la masa anónima e intempestiva. Uno de los que ahí perdieron parte de su fortuna fue el dueño de una de las tiendas, quien años después sería el patriota insurgente Don Ramón Rayón.

Cómo no indignarse, cuando el gobierno de Santa Ana anunció que el Parián iba a ser demolido, y así lo hizo en 1843.

domingo, 20 de abril de 2025

Naufragios

Durante años anduve buscando un título que no pude comprar en esas librerías "de viejo" en Lisboa, verdaderos templos de la historia, que dan cuenta de 12 naufragios sufridos por los marinos portugueses entre los siglos XVI y XVII. El libro portugués, publicado en Porto en 1942 consta de dos volúmenes.

Hace un par de meses encontré en la Feria del Libro de Mineria, en la Ciudad de México, el libro de Bernardo Gomes de Brito (Lisboa, 1668 - c. 1760) que lleva por título Historia Trágico-Marítima, una selección de textos de aquellas crónicas y que ahora está traducido al español por Alma Delia Miranda Aguilar para la Universidad Veracruzana. 

La edición mexicana tiene además un prólogo de José Saramago y un pequeño estudio de Antonio Tabucchi, sobre las licencias que debían tener las publicaciones de otras épocas y que en algunos casos eran otro tipo de naufragios, ideológicos o simplemente burocráticos. 


Testimonio de la ausencia

El tema de la empresa martíma y de sus fracasos es enorme en la historia, pero en el caso portugués tiene una connotación profunda en el imaginario nacional. La población lusitana, pequeña comparada con otros pueblos europeos, dedicó enormes esfuerzos a la exploración de espacios marítimos desconocidos, dejando detrás de sí a familias y comunidades que no volvieron a saber de sus paisanos. Un fenómeno especial es que los marineros terminaron anclados a otras geografías y otras culturas más allá de África, India y Asia extrema. Las nuevas familias hablaron portugués como lingua franca pero se mezclaron con las prácticas locales y dieron pie a una población mestiza que aún recuerda vagamente las tradiciones de Portugal. 

(En Tailandia se dice ขนมปัง K̄hnmpạng, como un eco de la palabra pan, sí el de harina de trigo)

Esos marineros tuvieron suerte, pues el recuento de los que perecieron suele ser mucho mayor. Y lo que queda son los relatos de tempestades, encallamientos, encuentros con pobladores poco amistosos, o la muerte en las profundidades del mar. 

El libro de Bernardo Gomez de Brito decíamos tiene 12 grandes relatos, de igual número de embarcaciones, como si fueran placas al mérito de los sobrevivientes. Son al mismo tiempo el testimonio de la ausencia, al decir de José Saramago. En esos textos se describen y se descubren nuevos territorios, aromas, colores, vegetaciones e idiomas. 

La selección mexicana incluye cuatro de las doce narraciones:

Relación de la muy notable pérdida del galeón grande S. João en que se cuentan los grandes trabajos y lastimosas cosas que le ocurrieron al capitán Manuel de Sousa Sepúlveda y el lamentable fin que él y su mujer e hijos, y toda la demás gente, tuvieron en tierra de Natal, donde se perdieron el 24 de junio de 1552.

Relación del viaje y naufragio de la nao S. Paulo que fue para la India en el año de 1560, de la que era capitán Rui de Melo da Cámara, maestte João Luis y piloto António Dias; escrita por Henrique Dias, criado del señor don António, prior de Crato.

Naufragio que pasó Jorge de Albuquerque Coelho viniendo de Brasil hacia este Reino en el año de 1565, escrito por Bento Teixeira Pinto, que se ecnontraba en este naufragio.

Relación de viaje y suceso que tuvo la nao S. Francisco en la que iba por capitán Vasco de Fonseca en la armada que fue para la India en el año de 1596, escrita por el padre Gaspar Afonso, uno de los ocho de la Compañía que en ella iban.

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En este blog he incorporado varios relatos sobre los naufragios, así como los esfuerzos por rescatar tesoros o, menos interesado en lo pecuniario, descubrir los rastros de las conexiones marítimas pasadas. Hago una breve lista para los lectores:

Náufragos. https://lanaova.blogspot.com/2014/04/naufragos.html

De la naturaleza del marino. https://lanaova.blogspot.com/2010/01/el-marino.html

El mundo de los navegantes. https://lanaova.blogspot.com/2010/04/mito-y-leyenda.html

Naufragios en el Pacífico https://lanaova.blogspot.com/2009/12/el-misterio-de-san-lesme.html

Rescates arqueológicos

https://lanaova.blogspot.com/2022/07/los-barcos-perdidos.html

https://lanaova.blogspot.com/2015/12/naufragio-en-la-dinastia-tang.html

https://lanaova.blogspot.com/2011/07/excavaciones-en-baja-california.html

Narrativa. García Márquez escribe sobre un barco fantasma. 

https://lanaova.blogspot.com/2017/10/el-ultimo-viaje-del-buque-fantasma.html

 ***

Por cierto, el libro portugués de Bernardo Gomes de Brito, en la edición de 1942, en Porto, se puede leer en línea aquí 



miércoles, 10 de junio de 2026

Perú y la Nueva España

A lo largo de la época colonial, el Imperio español estableció una red administrativa en la que varios funcionarios destacados gobernaron sucesivamente ambos territorios. Ocho virreyes pasaron de la Nueva España (México) al Perú, y uno gobernó primero en el virreinato del Sur de América y luego pasó a la Nueva España.

Este intercambio de administradores entre los dos principales virreinatos en América fue sedimento de una cultura administrativa y colonial compartida. Los virreyes viajaban con un séquito de allegados y sirvientes que transmitían un estilo personal de gobernar que quedó impregnado en las cortes virreinales. También se transmitió a las prácticas locales de la religión. Ambos virreinatos tuvieron sus santos, como San Martín de Porres, Santa Rosa de Lima o Felipe de Jesús, con seguidores en las dos partes del continente. La Virgen de Guadalupe se enseñoreó en todo el continente. 

Al final de estas notas se podrá ver que también las prácticas del esclavismo, el contrabando, la corrupción fueron compartidas por las élites coloniales en ambos virreinatos. El poder español se preocupó en varios momentos por el nivel de corrupción y por la posibilidad de que las élites criollas pensaran en una suerte de independencia basada en la producción de plata y el comercio con Asia. Por esta preocupación se prohibió en varios momentos el comercio directo entre Perú y México.







Virreyes de la Nueva España que pasaron al Perú:


  1. Antonio de Mendoza y Pacheco (1.º en Nueva España / 2.º en el Perú): Fue el primer virrey en México (1535-1550) y posteriormente fue trasladado al Perú, donde falleció poco después de asumir el cargo en 1551. 
  2. Martín Enríquez de Almansa (4.º en Nueva España / 6.º en el Perú): Gobernó México entre 1568 y 1580, y fue enviado como virrey del Perú en 1581.
  3. Luis de Velasco y Castilla (2.º y 8.º en Nueva España / 10.º en el Perú): Gobernó la Nueva España en dos periodos (1590-1595 y 1607-1611) y fue virrey del Perú entre 1596 y 1604. 
  4. Gaspar de Zúñiga y Acevedo (Conde de Monterrey) (9.º en Nueva España / 13.º en el Perú): Ocupó el cargo en México (1595-1603) y luego pasó al Perú, donde gobernó desde 1604 hasta su muerte en 1606.
  5. Juan de Mendoza y Luna (Marqués de Montesclaros) (12.º en Nueva España / 14.º en el Perú): Virrey de la Nueva España de 1603 a 1607, y del Perú de 1607 a 1615.
  6. Diego Fernández de Córdoba (Marqués de Guadalcázar) (14.º en Nueva España / 18.º en el Perú): Gobernó México entre 1612 y 1621, y el Perú de 1622 a 1629.
  7. García Sarmiento de Sotomayor (Conde de Salvatierra) (16.º en Nueva España / 19.º en el Perú): Virrey novohispano de 1642 a 1648 y virrey peruano de 1648 a 1655.
  8. Diego Osorio de Escobar y Llamas (26.º en Nueva España / Interino en el Perú): Obispo poblano que asumió el cargo en México de forma interina en 1664; fue enviado como virrey interino al Perú en 1689.
  9. Luis Enríquez de Guzmán (Conde de Alba de Liste) (20.º en Nueva España / 16.º en el Perú): Virrey en México de 1650 a 1653 y virrey del Perú de 1655 a 1661.
  10. Melchor Portocarrero Lasso de la Vega (Conde de Monclova) (27.º en Nueva España / 22.º en el Perú): Gobernó la Nueva España (1680-1686) y fue trasladado al Perú, donde gobernó por un periodo inusualmente largo entre 1689 y 1705. 

Virrey del Perú que pasó a la Nueva España:

  • Fernando de Alencastre Noroña y Silva (Duque de Linares): Asumió como virrey del Perú en 1705 y posteriormente fue nombrado virrey de la Nueva España de 1711 a 1716. 

(Lista de gobernantes basada en Wikipedia)


En este blog he abordado con cierto detalle los temas de la relación entre Perú y la Nueva España. 


Dos notas con antecedentes generales


https://lanaova.blogspot.com/2012/08/el-triangulo-del-sur.html


https://lanaova.blogspot.com/2019/10/valoracion-del-comercio.html


Los peruleros


Así se conocía a los comerciantes que llegaban a las costas de México, principalmente a Huatulco. Tres textos breves sobre estos agentes comerciales.


https://lanaova.blogspot.com/2012/06/los-peruleros.html


https://lanaova.blogspot.com/2012/07/peruleros.html


https://lanaova.blogspot.com/2012/08/peruleros-3.html


https://lanaova.blogspot.com/2012/11/mercadurias-chinas-en-peru.html


Intercambio biologico


No debería sorprender que en este constante trasiego de productos, algunas especies naturales del Sur llegaron a México. Es el caso del árbol del pirul (Schinus molle L), cuya introducción en México se atribuye al virrey Antonio de Mendoza. 


https://repositorio.ipicyt.edu.mx/handle/11627/2931


https://lanaova.blogspot.com/2013/04/intercambio-biologico.html


Trata de esclavos Perú. Migración oriental


https://lanaova.blogspot.com/2012/07/trata-de-esclavos-nicaragua-peru.html


https://lanaova.blogspot.com/2013/06/migracion-oriental-en-peru.html


https://lanaova.blogspot.com/2012/11/chinos-en-peru.html



El tema de la plata, Perú, México, China


https://lanaova.blogspot.com/2013/03/geologos-al-rescate.html


https://lanaova.blogspot.com/2013/03/geologos-2.html



Prohibición del comercio México, Perú, Filipinas.


https://lanaova.blogspot.com/search?q=virrey



Arte y cultura, Perú y México


https://lanaova.blogspot.com/2012/07/arte-y-cultura-mexico-y-peru.html


Corrupción de los virreyes



https://lanaova.blogspot.com/2012/11/gonzalo-ronquillo-gobernador-y.html


https://lanaova.blogspot.com/2013/01/los-negocios-del-marques-de-canete-1590.html


https://lanaova.blogspot.com/2013/02/la-ambicion-como-empresa.html



jueves, 14 de julio de 2011

Negocio redondo

Desde un principio, comerciantes, viajeros y misioneros occidentales describían las diferencias que encontraban en China y percibían una extraña ventaja a su favor en el intercambio de plata. A riesgo de ser tomados como mentirosos, como fue el caso de Marco Polo siglos antes, algunos de aquellos viajeros del siglo XVI dieron testimonio de que los chinos estaban dispuestos a pagar precios desproporcionados por la plata que venía de Europa, Japón y América.

Uno de aquellos viajeros, el padre Gaspar da Cruz, escribe en 1569 que "no hay monedas de oro o plata en China, sino que todo se compra por el peso en oro o plata (...) el que quiera hacer buen mercado en el país de China debe traer plata en lugar de bienes". A su vez, un comerciante con 25 años de experiencia en la región escribía en 1609:

En todo el reino de China hay una enorme cantidad de oro fino, de más de 22 kilates. Si fuera llevado a la Nueva España, o a Castilla, se tendría una ganancia del 75 u 80 por ciento por las diferencias de precios en una región y otra. En China es visto como una mercancía que sube y baja de precio de acuerdo al abasto y a la demanda, y no tiene un precio fijo como en Castilla. Un peso de oro en China equivale generalmente a cinco y medio pesos de plata, y si hay escasez la proporción puede ser de seis y medio pesos de plata por uno de oro. Lo mejor que he obtenido y visto en la ciudad de Cantón en China fue de siete y medio pesos de plata por uno de oro, y no he vuelto a verlo tan alto. En cambio, en España el peso de oro vale por lo general 12 y medio pesos de plata, así se puede ver como es posible ganar de 75 a 80 por ciento en el oro que se exporta desde China. 
Por ello, se espera que se conceda permiso, en consideración del gran beneficio que resultaría para estos reinos de España, exportar oro desde China a cambio de plata, por lo que Su Majestad daría libre permiso para cualquiera de llevar plata de la Nueva España a Filipinas, a condición de que invierta la mitad de ella en bienes chinos y la otra mitad en oro a precios del mercado.
El comerciante advertía que como no hay oro en Filipinas, cuando los cantoneses y sangleyes se enteren de que pueden cambiar su oro por plata en Filipinas, podrían llevar tanto que podrían reducir las ventajas que tendría llevar plata desde la Nueva España. Este porque los chinos prefieren plata en lugar de oro. También señala que los portugueses saben de esta situación y están llevando plata desde Europa hasta China, para obtener beneficios. Charles R. Boxer recogió esta información desde los años cincuenta del siglo XX.

La plata fluyó en las venas del comercio internacional de manera impetuosa en aquella primera globalización que integraba a China, América y Europa en el siglo XVII. Los españoles se colocaban así en una situación particularmente favorable, pues tenían el control de las principales fuentes de producción de plata, en el Potosí y en Nueva España. El yacimiento del Potosí, descubierto en 1545 atrajo en menos de un siglo a una población de casi 160,000 habitantes, en condiciones infrahumanas.

Pero si con la distancia del tiempo tratamos de imaginar los diversos usos del preciado metal, no sólo como mecanismo de pago sino como mercancía que se puede acumular y usar de muchas maneras, entonces entenderemos cómo la plata adquirió precios relativos muy diferentes de un continente al otro. El mineral tenía un costo de producción muy bajo, por su abundancia en América y por la mano de obra esclava o semiesclava, pero aumentaba desproporcionadamente una vez que cruzaba los océanos con destino a Asia o a Europa. Como hemos visto en notas anteriores, en el período que va de 1540 a 1640 se produjo una distorsión notable en los precios de la plata, principalmente porque China pagaba más alto que el resto del mundo. Un nuevo ciclo de precios altos se registró entre 1700 y 1750.

El mismo producto era apreciado de manera distinta en cada punto de la cadena comercial global de los siglos XVII y XVIII. Los comerciantes que llegaron a Asia después que los portugueses y españoles, como la Compañía Holandesa de las Indias Orientales, comprendieron rápidamente que podía hacer un gran negocio transfiriendo plata americana comprada a los españoles y enviarla hacia China. Se dieron casos en que las monedas acuñadas al pie de mina en El Potosí llegaron en sus cajas de origen, lo mismo que lingotes intactos, sin haber circulado en Europa, todo a manos de los holandeses. Negocio redondo para algunos, pero no para todos.

Las consecuencias de este fenómeno fueron determinantes en la formación y consolidación (o el derrumbe) de varias economías de esa época, comenzando por la dinastía Ming que permitió el atesoramiento de plata, exigió incluso el pago de impuestos en ese metal y empobreció a los pequeños propietarios que carecían del preciado oro blanco. Pero no menos importante fue la insolvencia constante de la monarquía española en esa época, endeudada permanentemente con los banqueros alemanes y suizos.

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Boxer, Charles R. The Christian Century in Japan, 1549-1650, Carcanet Press Limited, the Calouste Gulbekian Foundation, Carcanet, Exeter, England, 1991, Apéndice IV. Pedro de Baeza on the China-Japan Trade 1609, pp 425-426.

Dennis O. Flynn, Arturo Giráldez, ¨Born with a Silver Spoon: The origin of world trade in 1471¨, Journal of World History 6, 1995, p 201.

martes, 9 de octubre de 2018

La crónica del evento en Thammasat

Me da gusto compartir la información publicada por la agencia española EFE sobre el seminario organizado en la Universidad Thammasat de Bangkok. Apareció en algunos diarios, como La Vanguardia, de España.



Gaspar Ruiz-Canela
Bangkok, 8 oct (EFE).- El Galeón de Manila, que cubría la ruta comercial entre Asia y Latinoamérica a través del océano Pacífico, inició una verdadera globalización con China en el centro del intercambio de apreciadas especias, seda y plata, entre otros productos.

Así lo afirmaron hoy en una conferencia en Bangkok varios historiadores de Tailandia, México, España y Chile con motivo del Día del Galeón, que conmemora la llegada del navegante y fraile español Andrés de Urdaneta a Acapulco (actual México) desde Manila en 1565.

"China era la pieza central de la globalización", indicó el historiador mexicano Cuauhtémoc Villamar durante la conferencia titulada "Conectividad transpacífica a través del Galeón de Manila: Sudeste Asiático, la costa pacífica de las Américas y España" en la Universidad de Thammasat.

Villamar explicó que la ruta del galeón, que estuvo activo hasta 1815, creó el primer comercio "verdaderamente global", ya que el intercambio entre Asia y América también afectaba al resto del mundo en el aspecto económico, cultural y migratorio.

En este sentido, las monedas de plata acuñadas por la Corona española fueron la primera divisa global, al tiempo que la plata española era utilizada para el pago de impuestos durante la dinastía Ming en China, que exportaba productos de lujo como porcelana y seda a cambio de metales preciosos o alimentos como el chocolate y el chile.

El historiador mexicano relató que la escasez temporal de la plata procedente de México y Perú influyó en la caída de la dinastía Ming, al interrumpir el pago de los tributos.

En su opinión, el establecimiento de un sistema de comercio "predecible" fue el mayor logro del Galeón de Manila, una lección que se puede aplicar hoy día ante la guerra comercial entre China y Estados Unidos.

Villamar también mencionó contrapartidas del mercantilismo globalizado como la "extrema" dependencia financiera de la plata, el endeudamiento endémico de la Corona española y los casos de pillaje y explotación de los indígenas en América.

El experto español Juan José Morales citó las palabras del escritor hispano-incaico Inca Garcilaso de la Vega, quien en el siglo XVI ya defendía que no había dos mundos, sino uno, al tiempo que recordó que las especias como la pimienta, el clavo o la nuez moscada de la actual Indonesia eran codiciadas por las cortes europeas.

Apostilló que la apropiación por parte de Holanda de la producción de las especias en las islas Molucas, antes en manos de las poblaciones indígenas, fue uno de los factores que provocaron la decadencia del Sudeste Asiático.

En su intervención, Morales afirmó que un español, Juan González de Mendoza, escribió en el siglo XVI uno de los libros más informativos sobre China en la época, al tiempo que los españoles fundaron en Manila la primera universidad de Asia.

Dentro del intercambio cultural, los pañuelos de seda de Cantón (China) y los abanicos chinos se transformaron en parte de la cultura española y mexicana.

"El mantón de Manila en realidad procedía de Cantón", precisó Morales, autor junto al estadounidense Peter Gordon del libro "La Ruta de la Plata: China, Hispanoamérica y el nacimiento de la globalización, 1565-1815".

En un afán de llegar a China y a las "Indias Orientales" en busca de seda, porcelana y especias, España llegó a América y luego financió la circunnavegación del mundo lograda por Fernando de Magallanes, que murió asesinado en Filipinas, y Juan Sebastián Elcano tras cruzas el Pacífico de oeste a este.

Fue Urdaneta quien logró encontrar la ruta del "tornaviaje", desde Asia a América, gracias a la corriente de Kuroshio, al norte de Japón, e hizo posible la ruta de ida y vuelta del Galeón de Manila, también conocido como Nao de China.

Según el profesor tailandés Piemsak Hongjamrassilp, la Corona española creó un imperio con centros importantes en los actuales Filipinas y México, entre otros, debido a la larga duración de los viajes, incluidos los entre tres y cinco meses que el Galeón de Manila tardaba en recorrer la ruta en un sentido.

Piemsak señaló que los españoles firmaron un tratado de amistad y comercio con el reino de Siam en 1718 y establecieron brevemente una pequeña colonia en Ayutthaya, la antigua capital tailandesa.
La conferencia en Thammasat fue organizada en cooperación por la embajada de España y los miembros de la Alianza del Pacífico (Chile, Colombia, México y Perú). EFE


domingo, 13 de mayo de 2012

Corte virreinal en México y Lima

Bajo el dominio de los Habsburgo, los virreinatos de la Nueva España y Perú compartieron durante casi un siglo formas similares de gobernar,  encarnadas en importantes personajes de la realeza española, acreditados como grandes administradores que sirvieron alternativamente en las ciudades de México y Lima.

En el siglo XVI y principios del XVII, Perú y México ¨compartieron¨ virreyes que se trasladaban de una a otra capital con toda su corte, imponiendo estilos de administración y fórmulas palaciegas que de acuerdo a algunos estudiosos todavía perduran en la vida política contemporánea de estos países.



Antonio de Mendoza, primer virrey de México de 1535 a 1550, y  al final de su administración se trasladó al Perú en 1551, donde murió diez meses más tarde, en julio de 1552.

Pasarían varias décadas antes de que se repitiera el movimiento, cuando Martín Enríquez de Almanza dejó el Virreinato de México en el que duró doce años (1568-1580) y gobernó Perú de 1581 a 1583.

Luis de Velasco y Castilla es un caso especial, ya que estuvo en México de 1590 a 1595, gobernó Perú de 1596 a 1604 y regresó a México de 1607 a 1611.

Gaspar de Zúñiga y Acevedo, 1595-1603 (México) y 1604-1606 (Perú),

Juan de Mendoza y Luna, 1603-1607 (México) 1607-1615 (Perú).

Diego Fernández de Córdoba, Marqués de Guadalcázar, 1612-1621 (México), 1622-1629 (Perú).

García Sarmiento de Sotomayor, Conde de Salvatierra 1642-1648  (México) 1648-1655 (Perú).

La lista puede continuar, pero es mejor hacer un corte temporal hasta la primera mitad del siglo XVII, para destacar que se trata del periodo formativo de las sociedades americanas, con la pacificación o aniquilamiento de la resistencia indígena; la etapa en que se fundaron las grandes ciudades; se descubrieron los fabulosos minerales del Potosí, Guanajuato, Zacatecas; la época en que se extendió el imperio español hacia el Pacífico y alguna vez se soñó con conquistar China.

Desde los puertos del Callao, Huatulco, Acapulco y Manzanillo se forjaron lazos comerciales muy estrechos con Asia, principalmente Manila, en los que la plata americana jugó un papel esencial. La reacción de España ante este ímpetu comercial fue tratar de mantener la uniformidad en la administración de los virreinatos americanos, cruzados por enormes dificultades y contradicciones, como lo atestiguan las infinitas normas legales que fueron impuestas a los dominios de ultramar. En próximas entradas trataré de mostrar la vinculación profunda entre Perú y Nueva España frente al sueño de Asia.

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Eduardo Torres Arancivia, Corte de Virreyes, El entorno del poder en el Perú del siglo XVII. Pontificia Universidad Católica del Perú, Fondo Editorial, Lima, 2006.

lunes, 29 de junio de 2015

Propuestas económicas para Filipinas


La doctora Vilches (citada en la entrada anterior de este blog) divide a los autores que se refieren a los problemas de la monarquía española del siglo XVII en dos grupos: los razonamientos de los pensadores mercantiles y los "escritos de imaginación".  El primer grupo es el de los arbitristas, personajes que asumieron el papel de argumentar soluciones a los problemas, en ocasiones con propuestas descabelladas o imposibles, pero que también ofrecieron interpretaciones interesantes y avanzaron conceptos que hoy podrían ser considerados pioneros en el ámbito de la política económica y de las finanzas.

En el segundo grupo se encuentran las grandes obras literarias de Miguel de Cervantes, Francisco de Quevedo, o filosófico morales de Saavedra Fajardo o Baltasar Gracián, así como de historiadores cortesanos de la época, como Antonio Pacheco, que trataron de construir un origen y un pasado glorioso del imperio español. La imaginación política de los artístas de pluma barroca ha sido ampliamente estudiada porque atestigua las angustias de su época y la esperanza de cambios positivos. Sus obras constituyen una fuente fundamental para comprender el momento crucial de la monarquía española y el ethos barroco. La separación que ahora se hace del mundo del arte y del pensamiento económico por ejemplo es artificial y reduce a simples clichés la compleja realidad.

Velazquez, Las Hilanderas, 1657 
en un mismo espacio conviven el trabajo y lo divino.

En el Siglo de Oro el pensamiento dominante en el ámbito económico era el bulionismo, o posesión de metales preciosos (preferentemente oro) como garantía de riqueza y estabilidad económica. Se convirtió en una verdadera obsesión de funcionarios y empresarios. La contraparte, por así decirlo, era el mercantilismo, que en términos generales explica la suma de medidas de protección de una economía nacional frente al mercado externo. Ambos conceptos son simplificaciones de un sinfín de acciones que fueron tomando los poderes europeos a partir de la globalización temprana, como respuesta a los cambios súbitos que se sucitaron en la economía mundial y que afectaron a la vida cotidiana en todos los rincones del planeta. 

Sin embargo, en esta entrada tomaré únicamente ejemplos de distintos de pensadores económicos que abordaron específicamente el tema de Filipinas, desde una perspectiva preocupada por resolver los asuntos de la lejana colonia, sea como funcionarios o como comerciantes con intereses directos en el comercio del Pacífico.  En sus escritos se incluye por supuesto el caso de las islas Molucas, de China y Japón, de la presencia de competidores europeos en Asia como los ingleses y los holandeses. 

Las opinones expresadas por los arbitristas acerca de la conducción de los asuntos de Filipinas se suman a los primeros debates estratégicos de la monarquía española acerca de Asia, alejados ya de la idea de simple conquista e instalados en la conciencia de la colonización y administración de las posesiones en el otro lado del mundo. Es una visión geoestratégica, como ahora gusta decirse, que consideraba los equilibrios posibles con las potencias europeas en la zona y comienza por tratar de entender la complejidad de la situación en los poderes locales en el Sudeste de Asia, que transitan por las líneas de la cultura y la religión: chinos, malayos, siameses  indios; budistas, cristianos. Destacan en la lista tres personajes que escribieron proyectos concretos para tratar de resolver los problemas de la presencia española en Filipinas: Hernando de Los Ríos Coronel, Duarte Gómez Solís y Juan Grau y Monfalcón. Es interesante señalar cómo tomaron prestado un lenguaje proveniente de la filosofía y la moral cristiana. Los teólogos colocaron el caso y fracaso de América como piedra de toque de sus reflexiones sobre el desarrollo del crédito, la holgazanería de la clase acomodada, las afectaciones del cuerpo social ibérico y la competencia de otros poderes europeos herederos del protestantismo.

De los Ríos Coronel, hombre de ciencia y procurador de Filipinas

Toda la información sobre la vida de Hernando de los Ríos Coronel es producto de deducciones.  Un biógrafo moderno señala que nació en 1559 como se infiere de un informe en Manila del 15 de abril de 1594, en que dice tener 34 años. Su segundo apellido no indica que tuviera el rango de coronel. Tampoco es claro su lugar de nacimiento pero probablemente era andalúz y no provenía de familia noble. Tuvo dos hermanos: Gaspar, quien viajó a Manila y murió en batalla contra los holandeses en diciembre de 1600.  El segundo hermano se llamaba Francisco y era alférez, también viviendo en Manila al iniciar el siglo XVII. Este hermano fue magistrado en las islas Cataduanes en 1628. Hernándo de los Ríos habría sido piloto de barco y se destacó como geógrafo, diseñador de mapas, que construyó una especie de astrolabio que podía servir en momentos de oscuridad. Usaba el título de licenciado, por lo que probablemente había estudiado en la Casa de Contratación Sevilla, que desde 1552 era el lugar de capacitación de pilotos. 

En sus textos menciona que tiene una fórmula para el cálculo de la longitud geográfica, lo que sería especialmente notable porque se reconoce que John Harrison estableció 200 años más tarde (1714) un reloj que podía usarse en el mar para determinar el uso horario y la corrrecta orientación de las naves. El tema de la longitud era altamente sensible pues influía sobre la determinación de línea imaginaria que separaba a portugueses y españoles en Asia, según el Tratado de Zaragoza.

Hernando de los Ríos Coronel habría llegado a Filipinas en 1588. En los primeros años en las islas fue capitán de infantería, por lo que participó en la llamada invasión, fallida, al reino de Camboya en 1595-1596. Dos años más tarde, en 1598, también fue enviado en misión a la zona de Cantón, donde los españoles esperaban establecer un puesto de comercio similar al de los portugueses en Macao.  A su regreso de aquella expedición escribió una carta que fue publicada por Antonio de Morga en su famoso libro Sucesos de las Islas Filipinas y en la que explica varios detalles del comercio de los chinos que llegaban periódicamente a Manila. Proponía un mecanismo para que los españoles se adentraran en este sistema y arrebataran a chinos y portugueses el monopolio del mismo. El proyecto de un puerto en la provincia de Cantón (Guanzhou) denominado El Pinal, o Piñal o Pinhal, no prosperó, en parte por la resistencia de los portugueses, por el temor de que suplantara a Filipinas como puerto de arribo de la plata mexicana, y por dificultades en el trato con los chinos.

En 1605 fue elegido Procurador General de las Filipinas, que lo convertía en representante de los intereses de los manileños ante la corte de España. Era comun que ese puesto estuviera en manos de un ciudadano laico, es decir, no miembro de la iglesia, pero en un segundo período que comenzó en 1617, aparece que llevaba algunos años ordenado como sacerdote. En esa condición, buena parte de sus gestiones rebasaron el ámbito del comercio y expresó en diversos momentos su preocupación sobre la situación de los indios filipinos.

Entre los temas que abordó en España, cabe subrayar que se observa ya un propósito de revisión integral de la problemática de la colonia. Problemas administrativos, sobre todo abuso de autoridad, pues había desaparecido la Audiencia. Aspectos de defensa de las islas, pocos soldados mal armados, por lo que se requerían fondos de Nueva España y de Perú. Problemas con los extranjeros residentes, especialmente los chinos sangleyes. Proponía un sistema de permisos de residencia, pero simultáneamente el establecimiento de un regidor para garantizar la limpieza en el procedimiento. El trato de los indígenas, donde no se limita criticar a los colonos españoles y mexicanos residentes en las islas, sino también a las órdenes religiosas y los frailes en lugares alejados. Aspectos de la navegación, en los que aprovechó sus conocimientos para proponer mejorías. En este blog mencionamos ya su apasionada defensa de los marinos filipinos en el trayecto del galeón. Detengámonos un momento en este tema:

La navegación a través del Pacífico tuvo pocas transformaciones técnicas durante los años que operó. Las razones de ese estancamiento son simples: los intereses comerciales privados que preferían llevar la mayor mercancía posible, a riesgo de sobrecargar los barcos; reducir los costos de operación al mínimo, a costa muchas veces de la dignidad y salud de los pasajeros y operarios y finalmente la burocracia que permitía que muchas decisiones sobre el galeón fueran tomadas por personas !que no sabían de navegación!  Hernando de los Ríos Coronel intervino con propuestas técnicas, aparentemente fabricó, quizás a escala, un modelo perfeccionado de galeón, que  no fue utlizado. También ofreció un método para desalinizar agua de mar.   La doctora Dolores Folch menciona lo anterior "la tripulación de los galeones estaba formada por unos ciento cincuenta hombres, mayoritariamente filipinos, en una proporción de cinco a uno respecto a los españoles" y cita el Memorial de1608 de Hernando de los Ríos, "mal alimentados y sumamente pobres subían al barco con lo puesto, a los pocos meses llevaban la ropa hecha jirones y unos cuantos golpes de mar los dejaban completamente desnudos, con lo que en las latitudes altas morían de frío y cada mañana había tres o cuatro muertos."

El fiel administrador español ofreció siempre alternativas para mejorar las condiciones del comercio, fortalecer la presencia de la corona española en Asia y ayudar un poco también a los desamparados, sobre todo a los filipinos. Hombre de ciencia de su época, dejó una biblioteca con títulos científicos y filosóficos que pasó a formar parte del fondo de la Universidad de Santo Tomás.
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Crossley, John Newsome Crossley. Hernando de Los Ríos Coronel and the Spanish Philippines in the Golden Age. Ashgate Publishing, Ltd., 2013.

Sobel, Dava “Longitude: The True Story of a Lone Genius Who Solved the Greatest Scientific Problem of His Time.” Barnes & Noble. 1995.

Folch, Dolores. “El Galeón de Manila.” In Los Orígenes de La Globalización: El Galeón de Manila, Varles Brasó Broggi (coord.) Dai Juan (Trad). Shanghai: Instituto Cervantes Shanghai, 2013.

Crossley,  John Newsome. “Una Biblioteca En Las Filipinas En 1611.” Cuadernos Para Investigación de La Literatura Hispánica, no. 35 (n.d.). Disponible en línea: http://www.fuesp.com/pdfs_revistas/cilh/35/cilh-35-6.pdf.