domingo, 13 de mayo de 2012

Corte virreinal en México y Lima

Bajo el dominio de los Habsburgo, los virreinatos de la Nueva España y Perú compartieron durante casi un siglo formas similares de gobernar,  encarnadas en importantes personajes de la realeza española, acreditados como grandes administradores que sirvieron alternativamente en las ciudades de México y Lima.

En el siglo XVI y principios del XVII, Perú y México ¨compartieron¨ virreyes que se trasladaban de una a otra capital con toda su corte, imponiendo estilos de administración y fórmulas palaciegas que de acuerdo a algunos estudiosos todavía perduran en la vida política contemporánea de estos países.



Antonio de Mendoza, primer virrey de México de 1535 a 1550, y  al final de su administración se trasladó al Perú en 1551, donde murió diez meses más tarde, en julio de 1552.

Pasarían varias décadas antes de que se repitiera el movimiento, cuando Martín Enríquez de Almanza dejó el Virreinato de México en el que duró doce años (1568-1580) y gobernó Perú de 1581 a 1583.

Luis de Velasco y Castilla es un caso especial, ya que estuvo en México de 1590 a 1595, gobernó Perú de 1596 a 1604 y regresó a México de 1607 a 1611.

Gaspar de Zúñiga y Acevedo, 1595-1603 (México) y 1604-1606 (Perú),

Juan de Mendoza y Luna, 1603-1607 (México) 1607-1615 (Perú).

Diego Fernández de Córdoba, Marqués de Guadalcázar, 1612-1621 (México), 1622-1629 (Perú).

García Sarmiento de Sotomayor, Conde de Salvatierra 1642-1648  (México) 1648-1655 (Perú).

La lista puede continuar, pero es mejor hacer un corte temporal hasta la primera mitad del siglo XVII, para destacar que se trata del periodo formativo de las sociedades americanas, con la pacificación o aniquilamiento de la resistencia indígena; la etapa en que se fundaron las grandes ciudades; se descubrieron los fabulosos minerales del Potosí, Guanajuato, Zacatecas; la época en que se extendió el imperio español hacia el Pacífico y alguna vez se soñó con conquistar China.

Desde los puertos del Callao, Huatulco, Acapulco y Manzanillo se forjaron lazos comerciales muy estrechos con Asia, principalmente Manila, en los que la plata americana jugó un papel esencial. La reacción de España ante este ímpetu comercial fue tratar de mantener la uniformidad en la administración de los virreinatos americanos, cruzados por enormes dificultades y contradicciones, como lo atestiguan las infinitas normas legales que fueron impuestas a los dominios de ultramar. En próximas entradas trataré de mostrar la vinculación profunda entre Perú y Nueva España frente al sueño de Asia.

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Eduardo Torres Arancivia, Corte de Virreyes, El entorno del poder en el Perú del siglo XVII. Pontificia Universidad Católica del Perú, Fondo Editorial, Lima, 2006.
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