sábado, 20 de junio de 2015

Auri sacra fames*

*Maldita sed de oro

Este lamento viene de muy lejos, quizás antes del mundo latino, para designar la avaricia y el deseo de poseer bienes materiales. La frase Auri Sacra Fames alertaba ya en la época cristiana sobre la presencia de un demonio del hombre que aparece ante la acumulación de riqueza. Siglos después, vivimos nuevamente una etapa de enorme desigualdad social, tanta como la que sucedió durante la primera etapa de globalización en el siglo XVI, producto de la acumulación desenfrenada.  En aquellos años de turbulencia hubo una respuesta cultural muy interesante, reflejada en la pintura y la literatura, que intentaba ilustrar la inquietud prevaleciente.

Tanto como ahora, en aquellas épocas existió también la idea de resolver los problemas derivados de la acumulación y de los excesos que la alimentan y sostienen. En esta y en siguientes entradas del blog hablaremos de algunas de las propuestas formuladas por diversos pensadores de la época barroca en España para atender los problemas de la economía de la monarquía, pero me concentraré en los comentarios que se formularon para tratar de reformar el sistema que ligaba al imperio español con las lejanas islas Filipinas.


Para el mundo hispano el metal al que se referían los filósofos era también la plata, localizada en los ricos yacimientos de América, el Potosí, Guanajuato o Zacatecas. Esa inconformidad se expresa claramente en la literatura clásica española, como lo puede ilustrar un famoso poema de Francisco Quevedo sobre el dinero:

Nace en las Indias honrado
donde el mundo le acompaña;
viene a morir en España,
y es en Génova enterrado.
Y pues quien le trae al lado
es hermoso, aunque sea fiero,
Poderoso caballero
es Don Dinero.

Hay dinero, pero las cosas andan mal en el imperio español. Se recoge dinero de América, pero es sepultado por las deudas que la monarquía acumula con banqueros alemanes y genoveses. El verso no requiere más explicación, porque ilustra claramente el sentimiento que prevalecía en aquella época, el Siglo de Oro, de la que ya hemos hablado en este blog. También se ha señalado el interés de autores como Cervantes o Lópe de Vega por los cambios que se sucedían y que en gran medida venían de Asia.




A diferencia del momento actual, que se distingue por la arrogancia del pensamiento económico; que supone saber cómo funciona el sistema globalizado y dispara recetas aplicables para toda ocasión y país, el pensamiento proto-económico, anterior a David Ricardo o Adam Smith, expresaba cautelosamente sus interpretaciones. Veía al sistema como un cuerpo, al que le aquejaban enfermedades y por medio de la auscultación podría recibir remedios o transfusiones. Efectivamente, era un pensamiento ligado a la idea medieval y también observaba la transición hacia un ámbito complejo. Las redes comerciales que ligaban a Europa con América eran las arterias que daban vida a ese cuerpo social. La variedad de instrumentos financieros y de crédito que aparecieron en la época eran vistos con recelo, pues estaban por encima de la realidad, eran imaginarios (¿o lo son?) y poco confiables.
Son sus padres Principales,
y es de nobles descendiente,
porque en las venas de Oriente
todas las sangres son Reales.
Y pues es quien hace iguales
al rico y al pordiosero,
poderoso caballero
es don Dinero.

Estos temas forman parte de la historia económica que se estudia en as universidades (¿o ya quitaron estos programas?), sin embargo, un libro escrito por la doctora Elvira Vilches, Oro de Nuevo Mundo, en la Universidad de Chicago, ofrece un análisis diferente porque lo liga precisamente al impacto cultural de esa nueva realidad económica. Una reseña de David Ringrose destaca que el libro de Vilches ha hecho una detallada investigación de la propaganda y la literatura generada por, y escrita sobre, el impacto de América en España, que principalmente se refiere a Castilla. La autora ha indagado obras de teatro y cuentos de la época para encontrar las impresiones populares del impacto de América y de metales preciosos americanos; también ha examinado los escritos de protoeconomistas de la época y por una serie de arbitristas que propusieron diversas políticas para restaurar la industria, el comercio, y, sobre todo, la salud moral. Algunos, como Tomás Mercado, adelantaron varios conceptos, como la teoría cuantitativa, que serían utilizados por los pensadores clásicos franceses e ingleses siglos más tarde.

Volviendo a la reseña hecha por Ringrose: resumiendo argumentos acerca del déficit público, los préstamos de los financieros extranjeros, el egoísmo y la malversación en los más altos niveles de actividad económica, Vilches analiza la creciente distancia entre una concepción cristiana, católica, moral de la economía Ibérica y un mundo cada vez más saturado de dinero imaginario. Este último tomó la forma de crédito, los bonos del gobierno (los juros, es decir, promesas de pago), compra y venta a futuro, de compra y venta de rentas vitalicias, y hábitos de gasto parasitario por parte de las elites adineradas. Esta avalancha de papel, o "dinero cercano", combinado con la gran afluencia de oro y plata, desencadenó la inflación. La mayor parte del metálico fue plata, pero Vilches prefiere una alusión literaria al oro como símbolo de valor fijo en dinero. Esta inflación socavó la relación estable entre bienes y oro sobre la que se basó la moral economica (si no imaginaria) tan apreciada.

La premisa subyacente de Vilches es que el descubrimiento de las Américas- y su lingotes-era central para expandir el mundo de las exóticas finanzas, lo que provocó la inquietud cultural al que el título se refiere. Esta ansiedad cultural fue, en parte, una reacción a la reorientación de la aristocracia, que ya no se distinguía por su experiencia militar y liderazgo, sino por su consumo conspicuo y costumbres sociales decadentes. La creciente dependencia de la aristocracia en sus mayorazgos; la hipoteca de sus propiedades sin invertir productivamente; y la compra de los bonos anuales de la Corona, de los monasterios y conventos, marcó a la élite como un parásito social improductivo. Al mismo tiempo, en las redes comerciales el creciente uso del crédito; la mezcla peligrosa de los préstamos y créditos públicos y reales; y el efecto multiplicador de crédito del gobierno, gracias a la plata de América, creó un obscuro mundo de las finanzas y el dinero imaginario que fue entendido por pocos, o mal entendido y temido por muchos. El siglo XVII en la España imperial se caracterizó por guerras inacabables, epidemias, escasez de alimentos, declive de las industrias locales y el poder avasallador de los Habsburgo. 

Colón y la economía de lo maravilloso. Vilches explica cómo durante la primera generación de la exploración, cuando las ganancias de los inversionistas eran escasas, los conquistadores vendían la novedad de los nuevos pájaros, plantas nuevas, nuevas formas de arte, nuevos minerales, y la masa indígena como una forma de riqueza. Bien haríamos en reflexionar ahora cuánto hemos perdido en el análisis económico, al no darnos cuenta de los aspectos culturales y sociales tangibles que afectan a las personas, más allá de las sesuda prescripciones de los organismos financieros internacionales, los ministerios de hacienda y sus fabulosas gráficas. 

Varios instrumentos financieros existían desde la edad media, y probablemente la afluencia de la plata precipitó una bancarrota anunciada del imperio español, que dependía de recursos externos. El papel parasitario de la monarquía también fue imporante en el proceso de crisis y larga decadencia.



La autora dedica un capítulo a los arbitristas, como Luis Ortíz, Martín Gonzalez de Cellorigo, Luis Valle de la Cerda, Sancho de Moncada o Juan de Mariana. No abordaré en esta ocasión sus elaborados discursos, pero dejaré para una próxima entrada los comentarios de dos personajes que trataron directamente el tema de Filipinas, como es el caso de Duarte Gómez Solís y Juan Grau y Monfalcón. 
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Vilches, Elvira. New World Gold: Cultural Anxiety and Monetary Disorder in Early Modern Spain. Chicago ; London: University Of Chicago Press, 2010.
Ringrose, David, Book Review Journal of Interdisciplinary History, Vol. 41, No. 4, Chicago: MIT Press, 2011
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