jueves, 31 de diciembre de 2009

Cédula real

Fechada en Granada el 20 de junio de 1526, el secretario real de Carlos V emitió la Cédula del Emperador a Hernán Cortés para que despache desde los puertos de la costa occidental de Nueva España alguna embarcaciones al Maluco para saber del paradero de las que fueron con Magallanes y Loaisa.
Esta era la respuesta del Rey a las propuestas hechas desde México por Hernán Cortés, interesado en participar en la campaña española en el Pacífico. El documento oficial relata al conquistador de México que se habían mandado tres expediciones a las Molucas, la de Magallanes, la de Loaisa y la de Sebastián Caboto. Ordena entonces a Cortés preparar naves para llegar a esas islas y localizar a los tripulantes de la expedición de Loaisa, ordenar la situación en las Molucas y completar la misión de asentar el control español en esas islas.
El documento dice lo siguiente:
El Rey: Don Hernando Cortés, nuestro Gobernador y Capitán general de la Nueva España: bien debeis saber, como el año de quinientos y diez y nueve envié una armada de cinco naos a las nuestras islas del Maluco e otras partes donde hay especiería, que caen dentro de los límites de nuestra demarcación, para les contratar, de que fue por nuestro Capitán general Hernando de Magallanes, de la cual algunos navíos llegaron a las dichas islas del Maluco, y rescataron y cargaron en ellas, e la nao capitana llamada la Trinidad quedó allá, porque hizo agua, con hasta cincuenta y siete hombres; y después el año pasado de quinientos veinte y cinco mandé enviar otra armada a las dichas islas e contratación de especiaría con ocho naos, en las cuales fue por Capitán general el Comendador Fr. García de Loaisa, caballero de la orden de San Juan, hasta llegar allá, porque después de cargadas las naos más gruesas que lleva él, con las demás e con cierta gente que de acá lleva, ordene las que han de quedar en las dichas islas, asentando su trato en ellas y gobernándolas; y asimismo este presente año de quinientos veinte y seis ha partido Sebastián Caboto con otra armada de tres naos e una carabela, el cual también ha de ir a las dichas islas de Maluco, y porque ansi para saber qué se hizo de la dicha nao capitana, llamada la Trinidad.
Para llegar a las Molucas, el Emperador ordena que "con diligencia se enviase por esas partes una carabela o dos a traer la relación de ello". Con más detalle se refiere a las cartas de relación de Cortés: "he visto que por vuestras cartas, relaciones que habeis enviado, haceis memoria de las cuatro carabelas o bergantines que teniades hechos y echados al agua, en la costa del mar del Sur: y como decías que las teníades echas para el propósito del descubrimiento de la especería, por la gran confianza que Yo tengo a vuestra voluntad para en las cosas de nuestro servicio y acrecentamiento de nuestra Corona Real, he acordado de encomendaros a vos este negocio.
Con esta carta, Hernán Cortés recibió el anhelado respaldo del Emperador para organizar la expedición, abastecerla debidamente y nombrar a la persona de su confianza para dirigirla "con la diligencia e gran cuidado que en el caso se requiere, e vos soleis poner en las otras cosas que son a vuestro cargo"
Previendo que no hubiera sobrevivientes de las anteriores expediciones se instruye a Cortés que aproveche el viaje para realizar el comercio necesario con las islas de la especiería.
Y será bien que proveais como en las dichas carabelas o bergantin se lleven algunas cosas de rescate, para que a falta de no hallar las dichas nuestras armadas, o por si toparen alguna isla o tierra rica, puedan contratar e rescatar en ella, e proveais como lleven el mejor piloto que se pueda hallar, y todas las demás personas espertas en aquella navegación que sea posible, sobre lo cual escribo a Luis Ponce de León y nuestros oficiales, que provean lo que fuere menester para ello, y que vos ayude y solicite.
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Martín Fernández de Navarrete. Colección de los viages y descubrimientos que hicieron por mar los españoles desde fines del siglo XV.Tomo V.Documentos de Saavedra. Madrid en la Imprenta Nacional, 1837. pp.440-441.
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