viernes, 18 de diciembre de 2009

Nuevos intentos 3

En la expedición de Loaisa viajaba un joven marinero, Andrés Urdaneta, que tres décadas más tarde habría de convertirse en un navegante muy valioso para la corona española, si no es que el mayor cosmógrafo de su época. Como muchas partes de su biografía, apenas se conoce algo más que su reclutamiento en esta importante expedición, donde cumplió un papel de marino con preparación suficiente en matemáticas y latín para estar cerca de los comandantes de ese viaje, como lo demuestra el hecho de que su firma consta como testigo en el testamento de Sebastián Elcano. Se ha asumido que fue incluido en la expedición por sus origenes vascos y habría estado atraído por el espíritu aventurero de los marineros que llegaron a sus pueblos de origen, al regreso de la fantástica expedición de Magallanes.

Existen tres fuentes directas de este viaje: la bitácora del piloto mayor, Hernando de la Torre, y dos relaciones hechas por Andrés de Urdaneta. La primera de ellas fue confiscada por los portugueses y la segunda, reescrita probablemente en 1535, tenía el propósito de informar a los expertos reales acerca de las posibilidades de un viaje de regreso desde el Oriente por el Pacífico. En ellas se consigna desde una perspectiva material lo que fue un verdadero fracaso marítimo, pero que significó un cúmulo de experiencias y observaciones para relanzar la empresa de conquistar el océano Pacífico.

Conforme al informe del joven Urdaneta, la flota tenía como propósito alcanzar el Estrecho de Magallanes, para ello se dirigieron rumbo al actual Brasil y en el trayecto tocaron primero la isla de Gomera, perteneciente al grupo de las Canarias. Salieron de ella el 14 de agosto, y mes y medio después, poco más o menos, avistaron una isla, que se llama San Mateo, en la banda sur, a los 3º de la equinoccial; las siete naves, juntas, llegaron a la costa de Brasil, y costearon la tierra hasta depués de pasar el estuario del Rio de la Plata, y alcanzaron el Cabo de las Once Mil Vírgenes, que está en la boca del Estrecho, el 25 de enero de 1526.

La navegación, que se había desarrollado sin incidente importantes hasta ese punto, comenzó a sufrir las dificultades y los infortunios que habría de marcar en adelante el destino de esta expedición. En efecto, temporales, separación de las naves, destrozos de algunas de ellas, averías y otras calamidades hicieron que no saliesen de dicho Estrecho al Pacífico sino cuatro meses después, el 26 de mayo de 1526.

Sólo dieron vista al Oceáno cuatro de las siete naves que habían zarpado de España. La Sancti Spiritus fue destrozada por efecto de una tempestad en los acantilados del Cabo de las Mil Vírgenes, sobreviviendo de este naufragio sólo nueve hombres. La Anunciada y la San Gabriel se separaron de las demás en los incidentes acaecidos en el Estrecho. La primera desapareció para siempre, y la San Gabriel, después de muchas desgraciadas peripecias en Brasil con barcos franceses, llegó a tierra española en el puerto gallego de Bayona, el 28 de mayo de 1527.

Las cuatro naves que desembocaron al Pacífico fueron: la nave capitana Santa María de la Victoria, dos naos, Santa María del Parral y San Lesme y un patache, el Santiago.

De todas ellas, solamente la capitana llegó a las Molucas, al puerto de Tidore, el 1 de enero de 1527, con ciento veintisiete hombres. Durante la travesía sufrieron todo tipo de calamidades, hambre, averías, pérdidas de material, dispersión de las naves, enfermedades y muchas muertes. La carabela Santa María del Parral llegó por si misma a Mindanao, al sur de las Filipinas.

Entre las pérdidas humanas se cuentan la del Capitán General Jofre de Loaisa, el 30 de julio de 1526; la del piloto Juan Sebastián Elcano, quien falleció el 4 de agosto, cinco días después de haber sido nombrado Capitán de la expedición. Unas semanas más tarde murió también el nuevo capitán sustituto Toribio Alonso de Salazar. En su lugar se nombró a Martín Íñiguez de Garquizano, que fue el que llegó a las Molucas como Capitán General de la Santa María de la Victoria. Cuarenta hombres se habían perdido tan sólo en ese barco desde la salida del Estrecho.
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Martín Fernández de Navarrete, Colección de los viages y descubrimientos que hicieron por mar los españoles desde fines del siglo XV : con varios documentos inéditos concernientes á la historia de la marina castellana y de los establecimientos españoles en Indias. Madrid, Imprenta Real, 1825. Disponible en: http://www.archive.org/details/coleccindelosv05nava

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