sábado, 26 de diciembre de 2009

Hernán Cortés 3


Se disponía Cortés a escribir su quinta carta de relación al emperador Carlos V, la fechada el 3 de septiembre de 1526 en Tenochtitlán, cuando llegó un mensajero de las costas del Mar del Sur; de Tehuantepec, Oaxaca, para ser más precisos.
Ya hemos dado noticia de ese encuentro, en el que Cortés se enteró de la desventura de la expedición de Loaisa por voz de un clérigo, Juan de Aréizaga, que formaba parte de la tripulación del patache Santiago, que se había desprendido de la expedición de Loaisa y llegó a las costas de la Nueva España.
Cortés había regresado de la trágica expedición a las Hibueras, en la actual Honduras, donde llevó como prisioneros a Cuauhtémoc y Tetlepanquetzal, para después ahorcarlos, en una de las más controvertidas decisiones de su vida.
El conquistador aprovechó la información de Aréizaga para remitirla a la corona española y sumar argumentos en favor de su propia expedición a las Molucas.
Mis navíos de la Mar del Sur están, como a Vuestra Majestad he dicho, muy a punto para hacer su camino, porque luego como llegué a esta ciudad comencé a dar priesa en su despacho. Y ya fueran partidos sino por esperar a ciertas armas y artillería y munición que me trujeron desos reinos para lo poner en los dichos navíos, porque vayan a mejor recaudo. Y yo espero en Nuestro Señor que en ventura de Vuestra Majestad tengo de hacer en este viaje un muy gran servicio, porque, ya que no se descubra estrecho, yo pienso dar por aquí camino para la Especería, que en cada un año Vuestra Majestad sepa lo que en toda aquella tierra se hiciere.
Y si Vuestra Majestad fuere servido de me mandar conceder las mercedes que en cierta capitulación envié a suplicar se me hiciesen cerca deste descubrimiento, yo me ofrezco descubrir por aquí toda la Especería y otras islas si hobiere cerca de Maluco y Melaca y la China, y aun de dar tal orden que Vuestra Majestad no haya la Especiería por vía de rescate, como la ha el rey de Portugal, sino que la tenga por cosa propia y los naturales de aquellas islas le reconoscan y sirvan como a su rey y señor natural.
Porque yo me ofrezco con el dicho aditamento de enviar a ellas tal armada o ir yo por mi persona por manera que las sojuzgue y pueble y haga en ellas fortalezas y las bastezca de pertrechos y artillería de tal manera que a todos los príncipes de aquellas partes y aun a otros se puedan defender. Y si Vuestra Majestad fuere servido que yo entienda en esta negociación concediéndome lo que digo, crea será dello muy servido. Y ofrézcome que si como lo he dicho no fuere, Vuestra Majestad me mande castigar como a quien su rey no dice verdad.
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Rubio Mañé, op.cit. p.250.
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