viernes, 25 de diciembre de 2009

Hernán Cortés 2

Carlos V recibió con satisfacción la carta de Cortés, pero preocupado de que las múltiples expediciones pudieran distraerle del objetivo de encontrar un estrecho para cruzar hacia el Mar del Sur, le ordena desde Valladolid el 6 de junio de 1523 que se empeñe en ese propósito. Cabe recordar que el emperador había ordenado en 1522 la salida desde España de la expedición de Loaisa (que partió en 1525), pero tenía el interés de avanzar en diversos frentes.

A fines de 1524 Hernán Cortés vuelve sobre el tema de la conquista de las Molucas, con una actitud aún más resuelta, amparado en las noticias que se tenían de la difícil circunavegación realizada por Magallanes. En su cuarta carta de relación al emperador, firmada en la gran ciudad de Tenuxtitlan, el 15 de octubre de 1524, Cortés informa que cuenta ya con un astillero en el puerto de Zacatula y que allí se construirían los "cuatro navíos para descubrir por aquella mar todo lo que a mi fuere posible y Dios nuestro Señor fuere servido"

Con una dificil prosa, Cortés describe a Carlos V los preparativos para enviar embarcaciones desde México a las Molucas

... por la relación pasada como por ésta he hecho a vuestra alteza mención de cuatro navíos que tengo comenzados a hacer en la Mar del Sur, y porque por haber mucho tiempo que se comenzaron, le parecerá a vuestra real alteza que yo he tenido algún descuido en no se haber acabado hasta ahora, doy a vuestra sacra majestad cuenta de la causa: y es que, como la Mar del Sur, a lo menos aquella parte donde aquellos navíos hago (Zacatula, en Michoacán), está de los puertos de la Mar del Norte (se refiere principalmente a Veracruz), donde todas las cosas que a esta Nueva España vienen se descargan, doscientas leguas y aún más, y en parte de muy fragosos puertos de sierras, y en otros muy grandes y caudalosos ríos; y como todas las cosas que para los dichos navíos son necesarios se hayan de llevar de alló, por no haber de otra parte donde se provean, hase llevado y llévase con mucha dificultad.

Informa de un incendio que acabó con los materiales para la navegación:

...y aun sobrevino para esto, que ya que yo tenía en una casa en el puerto donde los dichos navíos se hacen todo el aderezo que para ellos era menester, de velas, cables, jarcia, clavazón, áncoras, pez, sebo, estopa, betumen, aceite y otras cosas, una noche se puso fuego y se quemó todo, sin aprovechar más que las áncoras, que no pudieron quemarse; y ahora de nuevo lo he tornado a proveer, porque habrá cuatro meses que me llegó una nao de Castilla, en que me trujeron todas las cosas necesarias para los dichos navíos, porque temiendo yo lo que me vino, lo tenía proveído y enviado a pedir; y certifico a vestra cesárea majestad que me cuestan hoy los navíos, sin
haberlos echado al agua, más de ocho mil pesos de oro, sin otras cosas extrardinarias; pero ya, loado nuestro señor, están en tal estado que para la Pascua del Espiritu Santo primera, o para el día de San Juan de junio, podrán navegar si botamen (tubería de la nave) no me falta, porque como se quemó lo que tenía no he tenido e donde proveerme; más yo espero que para este tiempo me lo traerán de esos reinos (España).
En ese tiempo se realizaban intensas exploraciones para descubrir un mítico camino entre el norte del Golfo de México, con salida al mar en lo que hoy conocemos como California. Cortés muestra inquietud por conocer ese pasaje, imaginando que puede encontrarse entre la Florida y el rio Pánuco
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José Ignacio Rubio Mañé. El Virreinato II. Expansión y defensa, primera parte. Ed. Fondo de Cultura Económica, Instituto de Investigaciones históricas, UNAM (1959), primera reimpresión 1992., p. 248-249
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