domingo, 12 de julio de 2009

El barco perdido (6)


Con la proa a Nueva España

El 22 de abril de 1565 el patache San Lucas se hizo al mar en un camino incierto, casi 9,000 kilómetros al otro lado del Pacífico. Aunque es verificable en cuanto a su recorrido, la narración abunda en extrañas historias que, a los ojos de historiadores modernos arroja serias dudas sobre el propósito del comandante Arellano. La razón más plausible sería su interés de librarse de la acusación de traición, por lo que le da color a su propia narración.

Afirma que en su recorrido hacia el noreste lograron ver islas que forman parte de China, lo que parece poco creíble por la distancia que los separaba del continente era enorme. Ciertamente vieron fauna poco conocida para ellos: en una peña en medio del mar vieron alcatraces (especie de pelícanos) enormes; les siguieron unas pardelas (gaviotas) "dando muchos gritos de día y de noche y tan espantosos que ponían grima a quien las oía, por ser aves que jamás marineros las habían visto gritar".
Dentro de ocho días nos hallabamos en cuarenta y tres grados por causa de las corrientes con harto trabajo y estando ansí, vimos venir nadando a bordo un perrillo de la mar con sus pies y manos y cola y orejas, naturalmente un raposo (¿focas?), y después vimos otros y uno se vino a bordo y nos comenzó a ladrar, cosa de que todos nos admiramos, porque entiendo que no ha ninguno que los haya visto; también vimos por este golfo pajes puertos del tamaño de una vaca (probablemente marzopas o delfines).
La parte que resulta más insólita de la narración es que en esa latitud comenzaron a pasar un frío invernal, a pesar de ser el mes de mayo. "Hay grandes cerrazones (niebla), tanto que en treinta días no vimos sol ni estrella y ansí venía el piloto corriendo a tiento y por experiencia. Aquí via a once de Junio, día de San Bernabé, que es el mayor día de todo el año conforme a la altura que estábamos, nevada toda la cubierta. Teníamos una bota de aceite y se heló de tal manera que si no fué puesta al fuego no quería salir y aun ansí salía a pedazos, como manteca".

Se les acabó el mapa

¿qué explicación podría darse a este fenómeno, sino calificar al comandante Arellano de fantasioso? o quizás basta creerle que la neblina les impidió medir la latitud en que se hallaban:
Un día tomó el sol por que este día fué claro y el primero que vimos al cabo de un mes; hallámonos en cuarenta y tres grados y aunque quisiera enmendar el punto que en la carta (el mapa) traía para ponerla en los cuarenta y tres grados no había en la carta más mar y ansí mandó correr al este por no subir más altura y por llevar tiempos hechos y ansí iba el navío por los cuarenta y tres grados y el punto de la carta por los cuarenta por la falta dicha".
El hecho es que sus contemporáneos le creyeron. El conocimiento que se tenía de esas latitudes era muy escaso y así se mantuvo por al menos un siglo después.

El famoso mapa de Ortelius de 1570 sólo confirma la percepción prevaleciente en aquella época en los círculos más educados de Europa: había comunicación por tierra en algún punto muy al norte entre los contientes de Asia y América. Se conformaba la idea de que el Pacífico sería, como lo fue, el Lago Español.

Los tripulantes del patache San Lucas sabían que debían dirigirse a una isla llamada Pago mayor y así lo hicieron por varias semanas. Vieron aves que les indicaba la cercanía de tierra firme:
(...) creo que son de la tierra firme de la China, la cual viene a fenecer muy cerca de la Nueva España, por las señales que vimos en las dos tercias partes del camino y ansí viniendo por los cuarenta grados entendiéndose estar cerca la China de la costa de la Nueva España hasta quinientas y treinta leguas, poco más o menos, conforme a el punto que el piloto traía por la carta.
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Mariano Cuevas,Op. Cit. Pp. 230 -231.
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