miércoles, 8 de julio de 2009

El barco perdido (2)

El comandante Alonso de Arellano señala en su defensa que buscó por todos los medios reencontrarse con Legazpi y Urdaneta en las inmediaciones de Filipinas. En la versión modernizada por Mariano Cuevas se cuenta:
El día de Reyes, 6 de Enero de 1565, por la mañana, nos allegamos a una isla para parar en ella los diez días que nos eran mandados y vimos que eran 36 islitas puestas en triángulo; corren las aguas mucho por de luengo de ellas, que con llegar viento fresco, no podíamos romper la corriente. Tomó el sol este día el piloto en diez grados y un cuarto.
El domingo 7 se descubrieron otras islas; vimos una vela que venía (un barco) y llegándose muy cerca del navío vimos que venían en ella dos hombres y un muchacho. No había en estas islas más hombres que estos dos, que eran pescadores. Púsosele por nombre, Isla de Dos Vecinos.

El lunes 8 de Enero, vimos una isla; su gente es de buena disposición, altos de cuerpo, barbudos que les llega la barba a la cintura. Es gente codiciosa y gente del diablo, porque no puede ser menos, según la parte que ellos viven, apartada de tierra firme, más de mil leguas; son caribe y entiendo que comen carne humana(*). Son muy grandes nadadores: púsosele por nombre, Isla de Nadadores, porque se vinieron a nadar a bordo y estábamos más de una legua apartados de la isla.

De ahí partimos al día siguiente, en demanda de las Islas Filipinas, mal apercibidos, tanto que ni un escaupil ni una rodela, ni una munición para los arcabuces de los soldados me dieron, que todo lo guardaron (los de la Armada de Legaspi) para dármelo en la mar. Demás de esto que por todos éramos veinte personas con hombres y muchachos y otros (tan amedrentados) que de un indio pequeño, se les hacía un gigante, y de una mata, una floresta, y de una casa, mil. Lo uno por la poca experiencia que tenían y lo otro por la grande determinación que estos indios tienen porque no tienen miedo ni vergüenza.

El día 15 sobrevino otra tremenda borrasca de que nos libró nuestra Señora de la Consolacion y de Guadalupe, las cuales tríamos siempre por nuestras abogadas.

(*) El autor llama Caribes a aborígenes al otro lado del planeta.

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