Una invitación para conocer la historia del Galeón de Manila, su cultura y su impacto en Filipinas y en América.

viernes, 18 de septiembre de 2015

Nueva España y el Pacífico

Interesante hecho que el Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad Nacional Autónoma de México ha planeado para octubre varias actividades en torno a la relación de la Nueva España y el Pacífico.  En la entrada anterior de este blog informamos del curso-taller sobre la expansión portuguesa en el Pacífico, que tendrá lugar el 15 de octubre. Pues ahora damos cuenta de un ciclo de cinco mesas redondas, los días 13 y 14, en torno a la conexión de Nueva España y el Pacífico Asiático.





Es un programa realmente variado y atractivo, con ponentes de primera línea, españoles, japoneses, mexicanos y portugueses. Para que se animen, estas son las ponencias que se darán en los dos días del seminario:

Martes 13 de octubre.

Mesa 1. La expansión ibérica. Modera: Carlos Martínez Shaw.
  • Salvador Bernabéu Albert. Descubrimientos y desventuras del primer galeón del Pacífico: "San Jerónimo (1566)."

  • Francisco Roque de Oliveira. Metageografías de Asia en las descripciones geográficas y la cartografía portuguesa del siglo XVI.


Mesa 2.  Propuestas y descripciones comerciales. Modera: Carmen Yuste.
  • Marina Alfonso Mola. El Comercio entre China, México y España. El memorial de Horacio Levanto (1620-1622).

  • Guadalupe Pinzón.  La expedición neerlandesa de 1747: un intento inglés y holandés por comerciar con Nueva España.


Mesa 3. Intercambios culturales. Modera: Guadalupe Pinzón.
  • Rie Arimura. Arte de las órdenes mendicantes: interacciones entre el imperio español y Japón.

  • Iván Escamilla. Nueva España como puente transoceánico del imperio español en el discurso criollo del siglo XVIII.


Miércoles 14 de octubre

Mesa 4. Redes y contactos externos al Galeón. Modera: Marina Alonso.
  • Rui Manuel Loureiro. El impacto de la transición Ming-Qing en el mundo ibérico utlramarino.
  • Etsuko Miyata. Estructura y red comercial entre Asia y América durante los siglos XVI y XVII: Intervención portuguesa en el Galeón de Manila.
  • Alberto Baena Zapatero. El comercio de mercancías en los barcos de la Armada que hicieron la ruta directa entre Manila y Cádez a través del Cabo de Buena Esperanza (1765-1784).

Mesa 5. Manila como eje articulador del comercio asiático y americano. 
              Modera: Salvador Bernabeu.
  • Carmen Yuste. Las correspondencias de riesgo en las ordenanzas de la Casa de la Misericordia de Manila, siglo XVIII.
  • Carlos Martínez Shaw. El informe del Consulado de Manila sobre la situación económica de Filipinas en 1788. 

Para mayor información, consultar la página del Instituto aquí.


martes, 8 de septiembre de 2015

Expansión Portuguesa




El galeón que viajaba de Manila a Acapulco formó parte de una red mucho más amplia, mundial, que tenía su contraparte por el lado de la India. Cuando asumimos esta complejidad comprendemos mejor la riqueza del intercambio con Asia, no meramente comercial, sino cultural, que le dio forma a nuestro mundo contemporáneo.

La expansión de Portugal, a partir del siglo XV, y el establecimiento de la Carrera de la India, dió un impulso notable al comercio entre Asia y Europa. Así, cuando los españoles ocuparon Filipinas, a partir de 1565 (Cebú) y con la fundación de Manila en 1571, se "cerró el círculo" en el cual el comercio quedaba en manos de dos reinos ibéricos: España y Portugal. 


En 1580, Felipe II de España obtuvo también la corona de Portugal, por lo que durante 60 años, los destinos de aquel comercio con Asia quedaron a merced prácticamente de un sólo poder unificado. 

Todo este preámbulo es para invitar a las personas interesadas en el tema "Expansión portuguesa e intercambios comerciales y culturales ibéricos por el Pacífico (siglos XVi-XVIII)" a que participen en un seminario impartido en el Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM. La jornada académica se realizará el jueves 15 de octubre y contará con investigadores de primer nivel, españoles, portugueses y mexicanos.

Para mayor información, consultar la página:

http://www.historicas.unam.mx/eventos/2015/curso_expansion_portuguesa.html
 

sábado, 15 de agosto de 2015

Una historia regional

Hace pocas semanas me trasladé nuevamente dentro de Asia, y ahora desde Singapur seguiré escribiendo esta bitácora.  Continuaré tecleando notas sobre las distintas facetas de la relación histórica de los pueblos a través del Pacífico, ahora en búsqueda de más información sobre la mecánica del comercio en el Sudeste de Asia, su historia y la riquísima cultura de sus pueblos. Todo ello, sobra decir, tuvo influencia también en la formación cultural en América hispana, a raíz de los intercambios del Galeón de Manila.


La estratégica isla de Singapur está situada en la punta sur de la peninsula malaya, en el centro de lo que se conoce como Sudeste de Asia.  En términos históricos la región al sur de China y al este de la India ha tenido varias denominaciones y muchas interpretaciones. Los chinos llamaron Nan Hai (Mar del Sur) a la zona. Los europeos anglosajones se ahorraron términos y la llamaron "Más allá de la India" (Further India). A una parte en tierra firme que incluye Vietnam, Camboya y Laos (no Tailandia, por cierto), los franceses la denominaron "Indochina" (Indochine). Sin embargo, debido a la dinámica de las corrientes marítimas y las temporadas de monzones, también es ampliamente conocida como "La tierra detrás de los vientos". Este término, tan impreciso como todos los que desean abarcar mucho espacio, me gusta y además por su evocación de aventuras suena más romántico.

Para introducirse en la zona, el trabajo de Anthony Reid es de gran interés. En múltiples estudios, el historiador australiano ha pintado un gran mural de la región, escapando de la tradición de las historias locales. Para subrayar la importancia de este esfuerzo, cabe recordar que portugueses y españoles comenzaron a escribir sus impresiones sobre la región desde el siglo XVI. Un siglo después vinieron holandeses e ingleses, y más tarde los franceses. En cada enfoque hay matices, grados diferentes del interés colonialista, y el cúmulo de información que proporcionan decenas de autores europeos tiene la intención de describir lugares, recoger leyendas, conocer las riquezas locales, para apropiarse de ellas. Al final, lo que se tiene son capítulos parciales ("nacionales") en diferentes idiomas, pero hasta la segunda guerra mundial no había una historia regional.

En su obra magna, Southeast Asia in the Age of Commerce (1988), Anthony Reid escribe:

El propósito de este estudio es sugerir de qué manera la historia total puede ofrecer importantes asuntos para ser analizados en los dos siglos previos al establecimiento de la hegemonía comercial holandesa en el Sudeste de Asia. En tanto que lo permitan las fuentes, me concentraré en aquellos elementos distintivos y en los cambios que más afectaron a la población en general, más que a los dirigentes y extranjeros que jugaron tan importante papel en las crónicas públicas. Frecuentemente, estos son cambios de larga duración discernibles sólo si se observa el gran fresco que es amplio en tiempo y en espacio, con un ojo siempre pendiente para localizar desarrollos comparables en otras partes del mundo. Estas prioridades determinan que debemos comenzar con las estructuras y las limitaciones que hicieron del Sudeste de Asia una región, y posteriormente movernos a los cambios que hicieron lo que he llamado "la era del comercio", un período tan crítico para los pueblos detrás de los vientos, como para la mayor parte del mundo.



Por la precisión del texto, continúo en extenso la cita de Reid:


En el período en que el Capitalismo y el Renacimiento transformaban a Europa, fuerzas extraordinarias también actuaban en el Sudeste de Asia. La expansión del tempo del comercio magnificó el tamaño y el papel de las ciudades cosmopolitas. Se formaron estados y se fortalecieron en las ciudades, y formas seculares de pensamiento y cultura florecieron dentro de éstos.
Eventualmente, en el siglo XVII, la penetración comercial europea estableció un monopolio eficiente, cuyo efecto no fue el fortalecimiento sino la supresión de la vida urbana y comercial indígena, de tal forma que muchos de estos procesos fueron revertidos abruptamente. Se pide al lector que se despoje de estereotipos como el del Oriente inconmovible o un espacio decadente. La edad del comercio generó tantos cambios en el Sudeste de Asia como en Europa, aunque de ninguna manera en direcciones iguales.

A esta definición de objetivos habría que agregar el impacto que tuvo la relación con América. Tal como hemos venido ilustrando en este blog, tagalos, malayos, indios, siameses, camboyanos, mindanaos, llegaron a Nueva España y Perú principalmente. Muchos de ellos simplemente fueron clasificados como chinos. Productos de la región y técnicas indígenas se fundieron en nuestras culturas, desde la comida hasta el vestido. Espero que los lectores sigan la ruta de La Nao Va, ahora en las aguas del sudeste de Asia.
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Anthony Reid. Southeast Asia in the Age of Commerce, 1405 -1680. Silkworm Books, Bangkok, 1988.

viernes, 10 de julio de 2015

El Galeón de Manila y los flujos de plata

Siempre es útil hacer una recapitulación del trabajo que hacemos. En esta bitácora reviso la miscelánea de temas que salen del enorme arcón del Galeón de Manila, conforme a donde nos conduce la información. No obstante, Francisco Moreno nos propone esta vez una revisión más amplia de la temática del comercio en una perspectiva de tres siglos. Para ello ha preparado un texto que resume mucha información que estoy seguro será del agrado de los lectores.


Imágen de Aquapolque, o Acapulco, por Theodor de Bry



 El Galeón de Manila y los flujos de la plata, por Francisco Moreno, disponible aquí

lunes, 6 de julio de 2015

Juan Grau y Montfalcón

Hemos venido hablando de las propuestas formuladas por diversos personajes para mejorar la situación económica del sistema imperial español. Iniciando con los arbitristas, que hacían públicas sus propuestas con la intención de hacerlas llegar a los administradores más elevados en Madrid, hasta funcionarios encargados de regiones específicas, en este caso Filipinas, quienes también ofrecían sus ideas para resolver problemas de tipo económico. En esta ocasión hablaremos de una propuesta que tuvo importante acogida en el Consejo de Indias hacia 1640. El promotor de las ideas de cambio fue el Procurador General de las Filipinas en 1635, Juan Grau y Montfalcón, en un documento de 136 páginas, con 85 propuestas (1). 

El documento fue resumido por el autor, cinco años después de su propuesta original, en una versión para el Consejo de India que contiene cuatro puntos:

1. "(...) en qué cantidad y en qué forma ha de correr de aquí adelante el Comercio de aquellas islas." 
2. "(...) sí será conveniente, que la permission de que hoy gozan, a sí en la traída de las mercaderías como en el retorno de la plata, se les crezca y aumente." 
3. (...) sí han de comprender en la cantidad del permiso de las mercaderías, las que son propias de las Islas o se han de entender en solas las de la China." 
4. (...) sí se ha de abrir el comercio del Perú a Nueva España, como solía hacerle, por el da;o que suspenderse resulta a las Philipinas y Nueva España."

En lo que podría considerarse una pieza valiosa de análisis geopolítico, Juan Grau y Monfalcón aduce sobre estos temas:
"Las Islas Philipinas son precisamente necesarias. Lo primero, para aumentar la predicación evangélica. Lo segundo, para conservar la autoridad, grandeza y reputación de esta Corona. Lo tercero, para defender las Islas del Moluco y su contratación. Lo cuarto, para sustentar la India Oriental. Lo quinto, para aliviar de enemigos las Occidentales. Lo sexto, para quebrantar la fuerza de los holandeses, ayudar la de las dos coronas de Castilla y Portugal. Lo séptimo, para amparar el comercio de la China para ambas."
Este memorial fue presentado al obispo Juan de Palafox a su llegada a México, para comenzar una acción exhaustiva de revisión del comercio con Filipinas. El prelado estuvo en América de 1640 a 1649 con la doble función de obispo y visitador, por lo que tomó muy en serio entre sus tareas favorecer la relación con el Oriente, como hemos intentado mostrar en un ensayo publicado recientemente en la revista de Historia Novohispana No. 52, de la UNAM. 



Regresemos atrás en el tiempo, para explicar la importancia de estas propuestas.

Desde el inicio del comercio a través del Pacífico, 1565, se siguió una línea práctica, dedicada a responder a las necesidades de comerciantes, viajeros y funcionarios. Podría calificarse de política errática, que abrió oportunidades para muchos atrevidos que cruzaron gratis el océano y comenzaron a hacer fortuna en Filipinas. También permitió abusos, especialmente contra los filipinos, a quienes se obligaba a prestar sus servicios a los recién llegados (españoles, criollos mexicanos y varios más) bajo dos criterios: que los indígenas recibían educación religiosa y que la prioridad de la colonia giraba en torno a las necesidades del galeón. Al final del siglo XVI la corona intentó corregir esta anarquía y comenzó una ciclo continuo de ajustes por medio de cédulas reales que tenían poco efecto real en la mecánica comercial. En 1593 se decidieron nuevas regulaciones para el comercio conocidas como Permission (así, en español antiguo).  Eran los años iniciales y todo obedecía a un espiritu de exploración y prueba.  


El sentido general las regulaciones de 1593  atendían  cuatro aspectos:

        -periodicidad anual de las navegaciones, dos galeones cada año.

         -carga máxima de 300 toneladas

         -navíos, aparejos vituallas y salarios correrían por cuenta del erario real

         -implantación de la permissión, lo que de manera práctica eran licencias de comercio.

La historiadora Carmen Yuste explica en su Introducción al libro publicado en 1736 por Antonio Álvarez de Abreu (2) que el comercio con Oriente se concentró entre Filipinas y Nueva España. "(...) ante la imposibilidad de administrar directamente Las Filipinas debido a la lejanía, la metrópoli cedió a la Nueva España esta función, y si bien le impuso el envío del situado anual a las Islas, permitió por otro lado el establecimiento de un comercio intercolonial que habría de dar grandes beneficios a la Nueva España. Los productos que por este comercio se introducían eran básicamente telas -de algodón y sobre todo sedas-, especias -canela, clavo y pimienta- y productos de loza y marquetería que encontraron en el mercado novohispano una gran demanda. El comerciante filipino, por su parte, compraba productos propios de la Nueva España, mercancía europeas llegadas por Veracruz y extraía cantidades considerables de plata".

Prosigue la doctora Yuste: "Estas características del tráfico comercial entre Las Filipinas y Nueva España provocaron la oposición continua de los monopolistas andaluces, ya que los colocaba en una situación desfavorable. En primer lugar, porque los beneficios de este tráfico muy pocas veces lllegaban a ellos. En segundo, porque el galeón era un fuerte competidor de la flota española, que cargada de mercancías europeas entraba por Veracruz. Y por último, porque si en un principio los comerciantes novohispanos mantuvieron intereses comunes con los comerciantes andaluces, lograron mediante el comercio directo con Las Filipinas un poder económico que les permitió imponer condiciones a los flotistas. Además, no debemos olvidar la importancia de Manila como centro del comercio oriental, a la cual llegaban todos o casi todos los mercaderes asiáticos a realizar sus transacciones. Estas transacciones se hacían, la mayoría de la veces, por el intermedio de la plata que recibían los filipinos de Nueva España. Ello provocó también la oposición del comercio andaluz, que si bien veía en Las Filipinas un gran mercado, encontraba por otra parte en ellas un punto de escape de la plata americana que por mediación de los chinos y otros grupos orientales llegaba a ingleses y holandeses, potencias comerciales interesada en el mundo asiático."

En suma, los intereses religiosos, económicos y políticos que movilizaban al imperio, así como la amenaza de las potencias del norte de Europa en aguas asiáticas, motivaron al Consejo de Indias a tomar en consideración la propuesta formulada por Grau y Montfalcón. Otro asunto es que hayan logrado sus propósitos.
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(1) Memorial dado al Rey en su Real Consejo de las Indias por D. Juan Grau y Montfalcón, procurador general de las islas Filipinas, sobre las pretensiones de la ciudad de Manila y demás islas del Archipiélago en su comercio con las Nueva-España. Afortunadamente el documento está en línea. También una traducción al inglés. 

(2) Alvarez de, Abreu. Extracto Historial del Comercio entre China, Filipinas y Nueva España, Vol.  1 de 2 tomos. México: Instituto Mexicano de Comercio Exterior, 1977. Introducción, notas y arreglo del texto por Carmen Yuste. pp. 9-13. En este libro se compendian los primeros 150 años de legislación del comercio del Pacífico. El libro de Alvarez fue traducido al inglés por Emma Blair en The Philippine Islands, Vol XXX

Creo importante resaltar que ya es muy difícil encontrar la colección del IMCE, dirigida por el doctor Enrique Florescano, en la que aparecieron publicados muchos e interesantes textos para el conocimiento del comercio desde la época prehispánica, la Nueva España y la etapa independiente. Sería muy útil que en el ámbito universitario y gubernamental se hiciera el esfuerzo para editar una nueva colección para beneficio de las nuevas generaciones de investigadores de la historia y de la economía de México.

jueves, 2 de julio de 2015

Duarte Gomez Solís, comerciante portugués

En las entradas anteriores hemos tocado el tema de las propuestas de reforma económica que proliferaron en España en el siglo de XVII, algunas de ellas relacionadas con Filipinas. En esta ocasión mencionaremos a uno de los arbitristas más conocidos y por cierto más citados en los trabajos históricos sobre el tema: Duarte Gómez Solís. Se trata de un personaje especial pues, además de ser portugués de origen, fue cristiano nuevo, es decir, que él o sus padres habían abandonado el judaísmo. No deja de resultar un tanto extraño pues en el contexto de persecución religiosa y de celosa búsqueda de la pureza de sangre, Duarte Gómez lograra incrustarse plenamente en la sociedad no sólo portuguesa sino en los principales círculos de la corte española. 

Nos informa Natan Wachtel, uno de sus biógrafos modernos, que Duarte Gómes (o Gómez) Solís nació en Lisboa en 1561, en una familia rica de comerciantes y banqueros. Sus padres salieron de Portugal y Duarte pasó su infancia en Medina del Campo, España, ciudad famosa por sus ferias comerciales. Tal vez sus padres emigraron a causa de algunos problemas con la Inquisición. ¿Habrá practicado del judaísmo en secreto, como muchos de sus contemporáneos? es dificil saberlo, pero ciertamente tuvo la capacidad de ocultarlo y presentarse como un convencido católico.

Comenzó su carrera en 1585 como comerciante en la costa oeste de la India. Navegando hacia Goa, al bordear la costa de África, la nave naufragó en la costa de Mozambique, y fue capturado por pobladores locales. Sin embargo, pudo llegar al puerto de Goa, que era un punto muy importante de la red comercial portuguesa en Asia. Ahí logró el cargo de administrador general del comercio de la pimienta, uno de los productos más preciados de todo el tráfico comercial de Asia en aquel momento. Llegó a ser un estrecho colaborador del gobernador, Manuel de Sousa Coutinho, pero cuando el virrey Matías de Albuquerque ocupó el cargo en 1592, Gómez Solís fue detenido y enviado de vuelta a Lisboa, acusado de irregularidades financieras. En Portugal fue absuelto y regresó a Goa en 1593, donde continuó su carrera hasta 1601. Regresó a Europa y ahí vivió hasta su muerte en 1632, a la edad de 71 años. En total, Duarte Gomes Solís navegó cuatro veces alrededor del Cabo de Buena Esperanza. Cabe mencionar que las condiciones de los viajes eran tan inciertas en aquel momento que sufrió dos naufragios, fue capturado por africanos y fue víctima de piratas ingleses.


Comerciantes portugueses de la época

Al regresar a la península en 1604 casó en Lisboa con la hija de uno de los banqueros más ricos de Portugal, Heitor Mendes Brito. Seguramente, el fruto económico y las experiencia acumuladas en India rinderon suficiente para instalarse en la península como un hombre con recursos y respetado. Vivió en Madrid hasta 1610 cerca de la corte del rey, donde emprendió la carrera de arbitrista. Como hemos mencionado,  la palabra arbitrio combina los diversos significados de asesoramiento o quien ofrece una opinión, medidas o  acciones convenientes. A principios del siglo XVII, cientos de estos proyectores pululaban en la corte con propuestas para las curar todos los males sociales y económicos de España.  Duarte Gómez Solís escribió dos obras importantes sobre política y economía, además de otras piezas cortas:

  • 1622, Discursos Sobre los Comercios de las dos Indias (dedicado al rey Felipe IV).

  • En 1628 publica Alegación en favor de la Compañía de la India Oriental, y Comercios ultramarinos (dedicado al Conde-Duque de Olivares).

La segunda obra es sorprendente, pues propone la creación de una entidad comercial similar a la Compañía Holandesa de de las Indias Orientales, que ha sido calificada como la primera corporación moderna por acciones. El modelo de negocios de la VOC (Vereenidge Oostindische Compagnie) significaba toda una novedad para la época, en oposición al monopolio del Estado español, que controlaba las rutas comerciales en Asia, en particular la ruta del galeón de Manila. Para un observador con tanta experiencia como Gómez Solís, la idea habrá resultado especialmente atractiva, aunque en la corte española fue desechada. Al paso del tiempo también aquel modelo del norte de Europa declinó por muchas razones, pero algunos historiadores han querido ver en la política comercial ibérica de aquel momento, contrapuesta a la eficiencia holandesa e inglesa, la razón de la temprana decadencia del imperio español. 

Los razonamientos expresados por Gómez Solís ofrecen muchos elementos de estudio sobre la mecánica del comercio en Asia y sobre la operación del galeón de Manila, para la historia de las ideas económicas ibéricas y la estructura política del imperio. La propuesta de que el comercio quedara en manos de expertos y no de aristócratas resultaba muy atrevida, pero no tanto como la de que debería darse una especie de amnistía a los ricos comerciantes cristianos nuevos para ayudaran a fortalecer los lazos económicos del imperio en todos los dominios ibéricos (que en aquella época,  se extendía prácticamente a todo el planeta). Desde su perspectiva, el comercio libre era un mecanismo para ventilar la economía, lo cual se contrapone al pensamiento bullionista, que recomienda la acumulación de metales preciosos. ¿Adelantado a su tiempo o más bien el imperio no estaba preparado para escuchar sus osadas propuestas?

Wachtel comenta que ninguno de los dos libros menciona el lugar en el que fueron impresos.Además, "entre el primer libro y el segundo, el autor se ha convertido en Caballero Noble de la Casa del Rey". Estos detalles sugieren que las obras fueron publicadas por el autor y quizás sin el permiso requerido de la Inquisición. El título de "Caballero Noble de la Casa del Rey significa que incluso si el consejo de Duarte Gomes Solís no siempre fue tan influyente, su personalidad era bien vista", añade Wachtel. 


Con frecuencia  Duarte Gómez Solís se disculpa por su torpeza, insistiendo que es comerciante y no erudito. Sin embargo, sus razonamientos dan evidencia de que era un hombre cultivado: con frecuencia se cita a los historiadores de las conquistas portuguesas, João de Barros y Damião de Gois; muestra un gran conocimiento geográfico y menciona los autores de la antigüedad griega y romana. Algo notable es que ambos libros están dirigidos al rey Felipe IV en Madrid (quien gobernó de 1621 a 1640). Era una circunstancia especial el hecho de que Gómez Solís escribiera en español y en la capital del imperio; lo que se explica porque desde 1580 y hasta 1640 las coronas de España y Portugal estaban en poder de los Habsburgo.

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Wachtel, Nathan. The Faith of Remembrance: Marrano Labyrinths. Philadelphia: University of Pennsylvania Press, 2013.

lunes, 29 de junio de 2015

Formosa

Un mapa poco conocido de la isla Hermosa, o Formosa para los portugueses, hoy Taiwán, trazado por Hernando de los Ríos Coronel, en 1597. Tamaño 42.6 por 41.6 cms. Escala en leguas 90 = 14 cm. 



El mapa fue incluído en una carta enviada por el Procurador de las Filipinas al Rey de España, con fecha en Manila a 27 de junio de 1597. Archivo General de Indias, Descripción elaborada por Ma. Antonia Colomar Albajar, 5 de marzo de 2003.

"Con la carta de Hernando de los Ríos Coronel al Rey en la que da cuenta de un libro que estaba escribiendo sobre el uso del astrolabio que había inventado y sobre el arte de navegar, imenciona lo importante que sería conquistar Siam, Camboya, Champa y Cochinchina; de la importancia de ocupar isla Hermosa, con descripción detallada y mapa de la misma; de dos nuevos caminos de comunicación con estas islas, uno por un estrecho que llaman de Anian (Bering), que comunica Nueva España con China, a 80 leguas al oeste de la Punta de Bacalaos (Terranova), y el otro por Nuevo México, en altura de 45 grados".

Se publica sin fines de lucro.

Fuente: Portal de Archivos Españoles, consultado el 29 de junio de 2015.
Código de Referencia:  ES.41091.AGI/27.11/IMP-Filipinas.6

Propuestas económicas para Filipinas


La doctora Vilches (citada en la entrada anterior de este blog) divide a los autores que se refieren a los problemas de la monarquía española del siglo XVII en dos grupos: los razonamientos de los pensadores mercantiles y los "escritos de imaginación".  El primer grupo es el de los arbitristas, personajes que asumieron el papel de argumentar soluciones a los problemas, en ocasiones con propuestas descabelladas o imposibles, pero que también ofrecieron interpretaciones interesantes y avanzaron conceptos que hoy podrían ser considerados pioneros en el ámbito de la política económica y de las finanzas.

En el segundo grupo se encuentran las grandes obras literarias de Miguel de Cervantes, Francisco de Quevedo, o filosófico morales de Saavedra Fajardo o Baltasar Gracián, así como de historiadores cortesanos de la época, como Antonio Pacheco, que trataron de construir un origen y un pasado glorioso del imperio español. La imaginación política de los artístas de pluma barroca ha sido ampliamente estudiada porque atestigua las angustias de su época y la esperanza de cambios positivos. Sus obras constituyen una fuente fundamental para comprender el momento crucial de la monarquía española y el ethos barroco. La separación que ahora se hace del mundo del arte y del pensamiento económico por ejemplo es artificial y reduce a simples clichés la compleja realidad.

Velazquez, Las Hilanderas, 1657 
en un mismo espacio conviven el trabajo y lo divino.

En el Siglo de Oro el pensamiento dominante en el ámbito económico era el bulionismo, o posesión de metales preciosos (preferentemente oro) como garantía de riqueza y estabilidad económica. Se convirtió en una verdadera obsesión de funcionarios y empresarios. La contraparte, por así decirlo, era el mercantilismo, que en términos generales explica la suma de medidas de protección de una economía nacional frente al mercado externo. Ambos conceptos son simplificaciones de un sinfín de acciones que fueron tomando los poderes europeos a partir de la globalización temprana, como respuesta a los cambios súbitos que se sucitaron en la economía mundial y que afectaron a la vida cotidiana en todos los rincones del planeta. 

Sin embargo, en esta entrada tomaré únicamente ejemplos de distintos de pensadores económicos que abordaron específicamente el tema de Filipinas, desde una perspectiva preocupada por resolver los asuntos de la lejana colonia, sea como funcionarios o como comerciantes con intereses directos en el comercio del Pacífico.  En sus escritos se incluye por supuesto el caso de las islas Molucas, de China y Japón, de la presencia de competidores europeos en Asia como los ingleses y los holandeses. 

Las opinones expresadas por los arbitristas acerca de la conducción de los asuntos de Filipinas se suman a los primeros debates estratégicos de la monarquía española acerca de Asia, alejados ya de la idea de simple conquista e instalados en la conciencia de la colonización y administración de las posesiones en el otro lado del mundo. Es una visión geoestratégica, como ahora gusta decirse, que consideraba los equilibrios posibles con las potencias europeas en la zona y comienza por tratar de entender la complejidad de la situación en los poderes locales en el Sudeste de Asia, que transitan por las líneas de la cultura y la religión: chinos, malayos, siameses  indios; budistas, cristianos. Destacan en la lista tres personajes que escribieron proyectos concretos para tratar de resolver los problemas de la presencia española en Filipinas: Hernando de Los Ríos Coronel, Duarte Gómez Solís y Juan Grau y Monfalcón. Es interesante señalar cómo tomaron prestado un lenguaje proveniente de la filosofía y la moral cristiana. Los teólogos colocaron el caso y fracaso de América como piedra de toque de sus reflexiones sobre el desarrollo del crédito, la holgazanería de la clase acomodada, las afectaciones del cuerpo social ibérico y la competencia de otros poderes europeos herederos del protestantismo.

De los Ríos Coronel, hombre de ciencia y procurador de Filipinas

Toda la información sobre la vida de Hernando de los Ríos Coronel es producto de deducciones.  Un biógrafo moderno señala que nació en 1559 como se infiere de un informe en Manila del 15 de abril de 1594, en que dice tener 34 años. Su segundo apellido no indica que tuviera el rango de coronel. Tampoco es claro su lugar de nacimiento pero probablemente era andalúz y no provenía de familia noble. Tuvo dos hermanos: Gaspar, quien viajó a Manila y murió en batalla contra los holandeses en diciembre de 1600.  El segundo hermano se llamaba Francisco y era alférez, también viviendo en Manila al iniciar el siglo XVII. Este hermano fue magistrado en las islas Cataduanes en 1628. Hernándo de los Ríos habría sido piloto de barco y se destacó como geógrafo, diseñador de mapas, que construyó una especie de astrolabio que podía servir en momentos de oscuridad. Usaba el título de licenciado, por lo que probablemente había estudiado en la Casa de Contratación Sevilla, que desde 1552 era el lugar de capacitación de pilotos. 

En sus textos menciona que tiene una fórmula para el cálculo de la longitud geográfica, lo que sería especialmente notable porque se reconoce que John Harrison estableció 200 años más tarde (1714) un reloj que podía usarse en el mar para determinar el uso horario y la corrrecta orientación de las naves. El tema de la longitud era altamente sensible pues influía sobre la determinación de línea imaginaria que separaba a portugueses y españoles en Asia, según el Tratado de Zaragoza.

Hernando de los Ríos Coronel habría llegado a Filipinas en 1588. En los primeros años en las islas fue capitán de infantería, por lo que participó en la llamada invasión, fallida, al reino de Camboya en 1595-1596. Dos años más tarde, en 1598, también fue enviado en misión a la zona de Cantón, donde los españoles esperaban establecer un puesto de comercio similar al de los portugueses en Macao.  A su regreso de aquella expedición escribió una carta que fue publicada por Antonio de Morga en su famoso libro Sucesos de las Islas Filipinas y en la que explica varios detalles del comercio de los chinos que llegaban periódicamente a Manila. Proponía un mecanismo para que los españoles se adentraran en este sistema y arrebataran a chinos y portugueses el monopolio del mismo. El proyecto de un puerto en la provincia de Cantón (Guanzhou) denominado El Pinal, o Piñal o Pinhal, no prosperó, en parte por la resistencia de los portugueses, por el temor de que suplantara a Filipinas como puerto de arribo de la plata mexicana, y por dificultades en el trato con los chinos.

En 1605 fue elegido Procurador General de las Filipinas, que lo convertía en representante de los intereses de los manileños ante la corte de España. Era comun que ese puesto estuviera en manos de un ciudadano laico, es decir, no miembro de la iglesia, pero en un segundo período que comenzó en 1617, aparece que llevaba algunos años ordenado como sacerdote. En esa condición, buena parte de sus gestiones rebasaron el ámbito del comercio y expresó en diversos momentos su preocupación sobre la situación de los indios filipinos.

Entre los temas que abordó en España, cabe subrayar que se observa ya un propósito de revisión integral de la problemática de la colonia. Problemas administrativos, sobre todo abuso de autoridad, pues había desaparecido la Audiencia. Aspectos de defensa de las islas, pocos soldados mal armados, por lo que se requerían fondos de Nueva España y de Perú. Problemas con los extranjeros residentes, especialmente los chinos sangleyes. Proponía un sistema de permisos de residencia, pero simultáneamente el establecimiento de un regidor para garantizar la limpieza en el procedimiento. El trato de los indígenas, donde no se limita criticar a los colonos españoles y mexicanos residentes en las islas, sino también a las órdenes religiosas y los frailes en lugares alejados. Aspectos de la navegación, en los que aprovechó sus conocimientos para proponer mejorías. En este blog mencionamos ya su apasionada defensa de los marinos filipinos en el trayecto del galeón. Detengámonos un momento en este tema:

La navegación a través del Pacífico tuvo pocas transformaciones técnicas durante los años que operó. Las razones de ese estancamiento son simples: los intereses comerciales privados que preferían llevar la mayor mercancía posible, a riesgo de sobrecargar los barcos; reducir los costos de operación al mínimo, a costa muchas veces de la dignidad y salud de los pasajeros y operarios y finalmente la burocracia que permitía que muchas decisiones sobre el galeón fueran tomadas por personas !que no sabían de navegación!  Hernando de los Ríos Coronel intervino con propuestas técnicas, aparentemente fabricó, quizás a escala, un modelo perfeccionado de galeón, que  no fue utlizado. También ofreció un método para desalinizar agua de mar.   La doctora Dolores Folch menciona lo anterior "la tripulación de los galeones estaba formada por unos ciento cincuenta hombres, mayoritariamente filipinos, en una proporción de cinco a uno respecto a los españoles" y cita el Memorial de1608 de Hernando de los Ríos, "mal alimentados y sumamente pobres subían al barco con lo puesto, a los pocos meses llevaban la ropa hecha jirones y unos cuantos golpes de mar los dejaban completamente desnudos, con lo que en las latitudes altas morían de frío y cada mañana había tres o cuatro muertos."

El fiel administrador español ofreció siempre alternativas para mejorar las condiciones del comercio, fortalecer la presencia de la corona española en Asia y ayudar un poco también a los desamparados, sobre todo a los filipinos. Hombre de ciencia de su época, dejó una biblioteca con títulos científicos y filosóficos que pasó a formar parte del fondo de la Universidad de Santo Tomás.
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Crossley, John Newsome Crossley. Hernando de Los Ríos Coronel and the Spanish Philippines in the Golden Age. Ashgate Publishing, Ltd., 2013.

Sobel, Dava “Longitude: The True Story of a Lone Genius Who Solved the Greatest Scientific Problem of His Time.” Barnes & Noble. 1995.

Folch, Dolores. “El Galeón de Manila.” In Los Orígenes de La Globalización: El Galeón de Manila, Varles Brasó Broggi (coord.) Dai Juan (Trad). Shanghai: Instituto Cervantes Shanghai, 2013.

Crossley,  John Newsome. “Una Biblioteca En Las Filipinas En 1611.” Cuadernos Para Investigación de La Literatura Hispánica, no. 35 (n.d.). Disponible en línea: http://www.fuesp.com/pdfs_revistas/cilh/35/cilh-35-6.pdf.



sábado, 20 de junio de 2015

Auri sacra fames*

*Maldita sed de oro

Este lamento viene de muy lejos, quizás antes del mundo latino, para designar la avaricia y el deseo de poseer bienes materiales. La frase Auri Sacra Fames alertaba ya en la época cristiana sobre la presencia de un demonio del hombre que aparece ante la acumulación de riqueza. Siglos después, vivimos nuevamente una etapa de enorme desigualdad social, tanta como la que sucedió durante la primera etapa de globalización en el siglo XVI, producto de la acumulación desenfrenada.  En aquellos años de turbulencia hubo una respuesta cultural muy interesante, reflejada en la pintura y la literatura, que intentaba ilustrar la inquietud prevaleciente.

Tanto como ahora, en aquellas épocas existió también la idea de resolver los problemas derivados de la acumulación y de los excesos que la alimentan y sostienen. En esta y en siguientes entradas del blog hablaremos de algunas de las propuestas formuladas por diversos pensadores de la época barroca en España para atender los problemas de la economía de la monarquía, pero me concentraré en los comentarios que se formularon para tratar de reformar el sistema que ligaba al imperio español con las lejanas islas Filipinas.


Para el mundo hispano el metal al que se referían los filósofos era también la plata, localizada en los ricos yacimientos de América, el Potosí, Guanajuato o Zacatecas. Esa inconformidad se expresa claramente en la literatura clásica española, como lo puede ilustrar un famoso poema de Francisco Quevedo sobre el dinero:

Nace en las Indias honrado
donde el mundo le acompaña;
viene a morir en España,
y es en Génova enterrado.
Y pues quien le trae al lado
es hermoso, aunque sea fiero,
Poderoso caballero
es Don Dinero.

Hay dinero, pero las cosas andan mal en el imperio español. Se recoge dinero de América, pero es sepultado por las deudas que la monarquía acumula con banqueros alemanes y genoveses. El verso no requiere más explicación, porque ilustra claramente el sentimiento que prevalecía en aquella época, el Siglo de Oro, de la que ya hemos hablado en este blog. También se ha señalado el interés de autores como Cervantes o Lópe de Vega por los cambios que se sucedían y que en gran medida venían de Asia.




A diferencia del momento actual, que se distingue por la arrogancia del pensamiento económico; que supone saber cómo funciona el sistema globalizado y dispara recetas aplicables para toda ocasión y país, el pensamiento proto-económico, anterior a David Ricardo o Adam Smith, expresaba cautelosamente sus interpretaciones. Veía al sistema como un cuerpo, al que le aquejaban enfermedades y por medio de la auscultación podría recibir remedios o transfusiones. Efectivamente, era un pensamiento ligado a la idea medieval y también observaba la transición hacia un ámbito complejo. Las redes comerciales que ligaban a Europa con América eran las arterias que daban vida a ese cuerpo social. La variedad de instrumentos financieros y de crédito que aparecieron en la época eran vistos con recelo, pues estaban por encima de la realidad, eran imaginarios (¿o lo son?) y poco confiables.

Son sus padres Principales,
y es de nobles descendiente,
porque en las venas de Oriente
todas las sangres son Reales.
Y pues es quien hace iguales
al rico y al pordiosero,
poderoso caballero
es don Dinero.
Estos temas forman parte de la historia económica que se estudia en las universidades (¿o ya quitaron estos programas?), sin embargo, un libro escrito por la doctora Elvira Vilches, Oro de Nuevo Mundo, en la Universidad de Chicago, ofrece un análisis diferente porque lo liga precisamente al impacto cultural de esa nueva realidad económica. Una reseña de David Ringrose destaca que el libro de Vilches ha hecho una detallada investigación de la propaganda y la literatura generada por, y escrita sobre, el impacto de América en España, que principalmente se refiere a Castilla. La autora ha indagado obras de teatro y cuentos de la época para encontrar las impresiones populares del impacto de América y de metales preciosos americanos; también ha examinado los escritos de protoeconomistas de la época y por una serie de arbitristas que propusieron diversas políticas para restaurar la industria, el comercio, y, sobre todo, la salud moral. Algunos, como Tomás Mercado, adelantaron varios conceptos, como la teoría cuantitativa, que serían utilizados por los pensadores clásicos franceses e ingleses siglos más tarde.

Volviendo a la reseña hecha por Ringrose: resumiendo argumentos acerca del déficit público, los préstamos de los financieros extranjeros, el egoísmo y la malversación en los más altos niveles de actividad económica, Vilches analiza la creciente distancia entre una concepción cristiana, católica, moral de la economía Ibérica y un mundo cada vez más saturado de dinero imaginario. Este último tomó la forma de crédito, los bonos del gobierno (los juros, es decir, promesas de pago), compra y venta a futuro, de compra y venta de rentas vitalicias, y hábitos de gasto parasitario por parte de las elites adineradas. Esta avalancha de papel, o "dinero cercano", combinado con la gran afluencia de oro y plata, desencadenó la inflación. La mayor parte del metálico fue plata, pero Vilches prefiere una alusión literaria al oro como símbolo de valor fijo en dinero. Esta inflación socavó la relación estable entre bienes y oro sobre la que se basó la moral economica (si no imaginaria) tan apreciada.

La premisa subyacente de Vilches es que el descubrimiento de las Américas -y su lingotes de plata- era central para expandir el mundo de las exóticas finanzas, lo que provocó la inquietud cultural al que el título se refiere. Esta ansiedad cultural fue, en parte, una reacción a la reorientación de la aristocracia, que ya no se distinguía por su experiencia militar y liderazgo, sino por su consumo conspicuo y costumbres sociales decadentes. La creciente dependencia de la aristocracia en sus mayorazgos; la hipoteca de sus propiedades sin invertir productivamente; y la compra de los bonos anuales de la Corona, de los monasterios y conventos, marcó a la élite como un parásito social improductivo. Al mismo tiempo, en las redes comerciales el creciente uso del crédito; la mezcla peligrosa de los préstamos y créditos públicos y reales; y el efecto multiplicador de crédito del gobierno, gracias a la plata de América, creó un obscuro mundo de las finanzas y el dinero imaginario que fue entendido por pocos, o mal entendido y temido por muchos. El siglo XVII en la España imperial se caracterizó por guerras inacabables, epidemias, escasez de alimentos, declive de las industrias locales y el poder avasallador de los Habsburgo. 

Colón y la economía de lo maravilloso. Vilches explica cómo durante la primera generación de la exploración, cuando las ganancias de los inversionistas eran escasas, los conquistadores vendían la novedad de los nuevos pájaros, plantas nuevas, nuevas formas de arte, nuevos minerales, y la masa indígena como una forma de riqueza. Bien haríamos en reflexionar ahora cuánto hemos perdido en el análisis económico, al no darnos cuenta de los aspectos culturales y sociales tangibles que afectan a las personas, más allá de las sesuda prescripciones de los organismos financieros internacionales, los ministerios de hacienda y sus fabulosas gráficas. 

Varios instrumentos financieros existían desde la edad media, y probablemente la afluencia de la plata precipitó una bancarrota anunciada del imperio español, que dependía de recursos externos. El papel parasitario de la monarquía también fue imporante en el proceso de crisis y larga decadencia.



La autora dedica un capítulo a los arbitristas, como Luis Ortíz, Martín Gonzalez de Cellorigo, Luis Valle de la Cerda, Sancho de Moncada o Juan de Mariana. No abordaré en esta ocasión sus elaborados discursos, pero dejaré para una próxima entrada los comentarios de dos personajes que trataron directamente el tema de Filipinas, como es el caso de Duarte Gómez Solís y Juan Grau y Monfalcón. 
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Vilches, Elvira. New World Gold: Cultural Anxiety and Monetary Disorder in Early Modern Spain. Chicago ; London: University Of Chicago Press, 2010.

Ringrose, David, Book Review Journal of Interdisciplinary History, Vol. 41, No. 4, Chicago: MIT Press, 2011

miércoles, 27 de mayo de 2015

Viajes por el Pacífico

Es muy grato encontrar compañeros de viaje por la historia de los intercambios culturales, humanos, comerciales, que se dieron en el Pacífico. Hace tiempo he entrado en contacto con Francisco Moreno del Collado, quien desde España estimula el trabajo de La Nao Va con comentarios y materiales que también va encontrando por el camino. Paco Moreno es Licenciado en Ciencias Físicas por la Universidad de Cantabria y tiene un MBA por el Instituto de Directivos de Empresa IDE CESEM. Ha dado varias charlas para divulgar sus conocimientos sobre el tema, con un giro interesante: las consideraciones económicas y empresariales que dieron vida a la ruta del famoso Galeón.


Valga la breve presentación, porque en esta oportunidad quiero ceder el espacio de este blog para un resumen de las peripecias del Galeón, que Francisco elaboró con motivo del 450 Aniversario del viaje de la Tornavuelta, comandada por Andrés de Urdaneta.

Para ver el documento, hacer "click" en el título:



por Francisco Moreno





viernes, 1 de mayo de 2015

La conquista musical de Filipinas

¿Podríamos imaginar a la gran escritora novohispana Sor Juana Inés de la Cruz (1651-1695) en el ámbito tropical asiático? No es fácil llegar a esta representación y sin embargo eso fue lo que sucedió con sus villancicos, cantados en las fiestas religiosas filipinas casi inmediatamente después de ser publicados (1). Existe información de que se presentaron en Manila las obras dramáticas Amor es más laberinto y Los empeños de una casa, incluyendo intermezzo musical.

Para los investigadores de la música este es uno de los signos claros y sonoros de la comunicación cultural global que dió inicio con el vínculo Filipinas-Nueva España a partir del siglo XVI. El villancico resultó ser un vehículo muy adecuado para transmitir mensajes religiosos a las poblaciones en América, pero en el caso de Filipinas fue adoptado también por la población conforme a sus propias tradiciones musicales.


El villancico, en forma de diálogo de voces y versos, tiene parecido a los cantos tradicionales prehispánicos de Filipinas, y fue rápidamente utilizado para festividades incluso no religiosas (lo cual habrá causado cierta alarma a los misioneros). Los cantores filipinos eran reconvenidos para que cantaran su música dentro de las normas musicales y el decoro, sin cambiar el sentido del texto. Se prohibió en varias épocas que se cantaran villancicos burlescos e inapropiados en las iglesias, lo cual indica que la práctica era recurrente. El arzobispo Felipe Pardo se quejaba finales del siglo XVII que en las misas de aguinaldo, en Navidad, los asistentes reían con las letras preparadas por los propios cantores.

El rasgo más interesante para los investigadores es la permanencia del género a lo largo de cuatro siglos, incluídos villancicos filipinos en el siglo XIX y principios del XX.

Fuera de las catedrales y otros recintos religiosos, la música fluía entre la población filipina que hoy en día se distingue por sus cualidades musicales excepcionales.  Otro investigador, Nicanor G. Tiongson, argumenta acerca de la transmisión y adaptación de tradiciones hispano-mexicanas en Filipinas, como son las posadas, muy parecidas al panunuluyan (que significa entradas), que cuenta con procesión, paseo de karos (carros adornados) y andas con las imágenes de los santos. Todo acompañado con música de banda y marcha. Las pastorelas, representaciones vivas de pasajes religiosos, son también muy populares en el país asiático. Es tradicional que en las fiestas navideñas se cante para encontrar lugar a los peregrinos (María y José), donde son rechazados hasta encontrar albergue y finalmente cantar un Gloria (2).

Tiongson coloca un punto de duda en las afirmaciones más socorridas de que estas tradiciones simplemente fueron transferidas desde México. En cambio, señala que la investigación debe profundizar sobre influencias mutuas, donde también los filipinos llevaron a México sus tradiciones (menciona los azulejos y cierta ropa). El centro de su argumento es la obligación de los investigadores de romper con fórmulas que señalan la influencia en un sólo sentido colonial, cuando es evidente que se produjeron muy variados procesos de adaptación local, creación, renovación de la cultura.

Un análisis más amplio y detallado es el que realiza David Irving en su libro sobre la música en Manila, entendida como un contrapunto constante, de influencias variadas sobre la base cultural de las islas, con influencia malaya y china. A través de la confrontación cultural, el interés de imponer la religión y la cultura europeas, se dió un proceso opuesto de resistencia, adaptación y acomodo. El pueblo filipino fue capaz de asimilar las formas y recrearlas en su propio interés, como fue el caso de su lucha por la independencia en el siglo XIX (3).

El libro analiza cuidadosamente la manera en que la música fue empleada como herramienta de conquista cultural y conversión religiosa, ofreciendo abundante información sobre músicos (la mayoría sacerdotes) que se trasladaron a Filipinas; la publicación de piezas musicales importadas y producidas localmente desde el siglo XVI, así como la creación de escuelas y clases para enseñar música. Jesuitas y franciscanos fueron sin duda los más interesados en usar métodos musicales para la evangelización, incluyendo música vernácula de diversas regiones filipinas. 
 
Los europeos instalados en Filipinas llevaron a cabo una suerte de levantamiento etnográfico sobre la cultura de los habitantes de las islas. El propósito explícito era identificar los elementos comunes con la ortodoxia cultural y religiosa de tipo cristiano y un objetivo de conquista que no ocultaba la necesidad de eliminar aquellas expresiones que pudieran ser contrarias a esa religión o diabólicas. En el espíritu de la Contrareforma, los misioneros sistematizaron su trabajo para incidir en la vida cotidiana de la población.

En un principio se emplearon las herramientas descriptivas de la observación natural y ya en el siglo XVIII y XIX los instrumentos de una concepción cultural que separaba lo moderno de lo antiguo o bárbaro, muy en la corriente del enciclopedismo francés.

Con la llegada de los europeos, el aire de Manila se llenó de nuevos sonidos, la campana, el órgano, el cañón, que acompasaban el nuevo ritmo de la vida. La población filipina se habrá adaptado a este contrapunto sonoro con la gracia que suele hacerlo. El interés de esta breve nota es mostrar interpretaciones históricas que permiten comprender la atmósfera cultural que prevalece en Filipinas, más resistente que cualquier otro elemento económico o político.  Los textos de Irving, de Tiongson y otros, sirven para profundizar en un camino que no concluye y son contraparte de aquel gran pequeño libro de Lourdes Turrent sobre la conquista musical de México.
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(1) David Irving, "Historical and literary vestiges of the villancico in the early modern Philippines", Chapter 14 of Tess Knighton & Alvaro Torrente (Eds.) Devotional Music in the Iberian World, 1450-1800, The Villancico and Related Genres, Ashgate pp. 363-398

(2) Nicanor G. Tiongson, "Mexican-Philippine Relations in Traditional Folk Theater", Philippine Studies vol. 46, no. 2 (1998): 135-150, Ateneo de Manila.

(3) D.R.M. Irving, Colonial Counterpoint: Music in Early Modern Manila, New York: Oxford University Press, 2010.

(4) Lourdes Turrent, La Conquista musical de México, México: Fondo de Cultura Económica, 1993,  segunda reimpresión 2006.