Una invitación para conocer la historia del Galeón de Manila, su cultura y su impacto en Filipinas y en América.

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viernes, 27 de marzo de 2009

La geografía espiritual de Filipinas


Una visión idealizada de la vida filipina. Daan sa Baryo, del pintor Rodolfo H. Herrera.
Un modo de vida en concordia con el medio ambiente.
La llamada hispanización de las islas Filipinas quedó en manos de los misioneros y frailes que ocuparon el territorio, fragmentado en miles de islas. Se ha calculado que en el siglo XVII el total de religiosos que habitaron el país llegaba a un máximo de 400 individuos, frente a una población cercana al medio millón de filipinos. Por ello se pensó siempre en utilizar la enorme cantidad de religiosos que sobrepoblaban los monasterios e iglesias en la Nueva España, pero debido a la desconfianza que la Corona tenía a los criollos se estableció que los misioneros con destino a Oriente fueran españoles. Tampoco era vista con buenos ojos la posibilidad de ordenar sacerdotes filipinos, de tal manera que el traslado de religiosos españoles hacia Filipinas, con su obligado paso por México, constituyó una corriente viajera de notable importancia a lo largo de los siglos.
 
En los hechos, muchos de aquellos misioneros en busca del Oriente quedaban anclados en México, debido a las dificultades inherentes a un viaje que, desde España, podría tardar cerca de dos años. Muchos de aquellos misioneros tenían en mente, como tantos otros dedicados al comercio o al ejército, llegar hasta China y Japón, sin tener paticular interés de quedarse en Filipinas.
 
Ante tal escasez de religiosos se intentó emplear el método de las congregaciones utilizado con éxito en México y en Perú; o lo que posteriormente, en el siglo XVII, fueron las reducciones en el Paraguay. No obstante, la diferencia sustancial radicaba en el monto de la población indígena y en su distribución geográfica en el archipiélago filipino. Para la mentalidad española, el concepto civilizatorio era precisamente el de vivir en ciudades (la polis romana), algo que vieron fructificar exitosamente en América, pero que encontró una resistencia feroz en las islas Filipinas.

El historiador americano John Leddy Phelan señala que a fines del seiscientos no se contaban más de veinte poblados en todo el archipiélgo con más de 2,000 habitantes. Hacia 1650 se calculaba que la gran concentración de Manila se dividia de la siguiente forma: la ciudad intramuros, donde vivían lo españoles, con 7,350 habitantes; el Parián, adyacente a Manila, de población china, con alrededor de 15,000 habitantes, y los suburbios con 20,124 filipinos.
 
La razón de los filipinos para rechazar la concentración forzada tenía su origen en su relación tradicional con el medio ambiente de la zona. La producción de arroz y la pesca en ríos y ensenadas les impedía concentrarse en poblaciones donde no podían producir lo que ellos necesitaban. La simple idea de vivir en aldeas significaba la destrucción de su modo de vida, que no podía ser reemplazado por otras tareas, como la minería, la artesanía o el comercio, tal como aconteció en América.
 
Luego de un primer intento, en el siglo XVI, de emplazar a las órdenes religiosas en todo el archipiélago filipino, a través de misioneros en los más intrincados lugares, fue necesaria una reconsideración estratégica que obligó a distribuir tanto a las órdenes religiosas como al clero seglar. Agustinos y Franciscanos fueron beneficiados con un amplio territorio misionero en la zona Tagala, en Luzón, la principal isla de Filipinas tanto por superficie como en población. Le seguían los Jesuítas en esa misma zona. los Dominicos asumieron la responsabilidad de la comunidad china, cuya mayoría habitaba el Parián en Manila, así como Pangasinan, Cagayan, Pampanga e Ilocos, esta última una de las más ricas y fértiles provincias del archipiélago. Los Franciscanos se ocupaban de la provincia de Camarines, donde se habla Bikol y Cagayan. “Las islas Bisayas fueron divididas –menciona Phelan- a lo largo de líneas linguísticas y geográficas entre Agustinos y Jesuítas".
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Phelan, John Leddy. The Hispanization of the Philippines. Spanish Aims and Filipino Responses, 1565 – 1700. The University of Wisconsin Press. Madison. 1959. Capítulo IV, pp. 41 -71.



domingo, 20 de noviembre de 2011

Bisayas

En el archipiélago filipino, la cantidad y diversidad de pueblos es francamente enorme. Sabemos que la geografía explica la historia, pero el conjunto de más de 7,000 islas que conforman a este país induce sobre todo a la descentralización política, administrativa e incluso religiosa. Es muy difícil la tarea de crear estructuras unificadas, si se toma en cuenta la diversidad geográfica, la densidad poblacional y  variantes notables en fertilidad del suelo y acceso (incluso con pequeñas islas montañosas). 




Ante esta variedad se estableció una distribución territorial específica de las órdenes religiosas en Filipinas, ya que no podían todas estar en todos los lugares. Los primeros en llegar, agustinos y franciscanos, fueron beneficiados con amplio territorio misionero en la zona tagala, en Luzón, la principal isla tanto por superficie como por población.  Los agustinos también obtuvieron además las provincias de Pampanga e Ilocos en tierras fértiles del archipiélago. Los franciscanos se ocuparon también de la provincia de Camarines, donde se habla Bikol o Bicolano.
  
También en Luzón, se instalaron los jesuitas, mientras que los dominicos se ocuparon de la comunidad china en las inmediaciones de Manila, así como en Pangasinan y Cagayan.

Más al sur...

... el grupo de las islas Bisayas fue dividido a lo largo de líneas lingüísticas y geográficas entre agustinos y jesuítas. Esta fue la zona de arribo de los españoles, con la capital en Cebú y por cierto tiempo se pensó en que sería el centro de control del archipiélago, pero varias décadas más tarde los europeos se trasladaron a Manila, en la isla de Luzón.

En un principio, se tuvo que echar mano de misioneros preparados en la Nueva España, pero pronto se observó un declive en la calidad del trabajo misionero, señala John Leddy Phelan, por lo que fue necesario reformar la estructura de las misiones a fin de lograr mayor control, sobre todo en espacios remotos, con poca población. Surgía así un problema constante en las islas: el poder de los frailes sobre las comunidades rurales.

Se establecieron cabeceras de región, a las que acudía la población en días de fiesta religiosa, como la Navidad y el Corpus Christi. Se intentó en un principio el método de las reducciones de pueblos, es decir, concentraciones de poblaciones dispersas, pero la geografía -nuevamente- hacia impracticable un sistema que tuvo relativo éxito en América desde el siglo de la conquista.



Las ilustraciones que aquí presentamos nos muestran una población bisaya en contacto con las corrientes comerciales y culturales de la región, profundamente influida por el islam.


La división de clases entre propietarios de la tierra y desposeídos alimentaba la práctica del trabajo servil por deuda, una especie de esclavitud ¨por contrato¨ que podía durar largos períodos. Los españoles continuaron con la costumbre, aunque frecuentemente la criticaban por razones ético-religiosas.


Los españoles quedaron impresionados con la costumbre de la población de Bisayas de tatuarse el cuerpo de manera integral. De inmediato fueron llamados ¨los pintados¨



John Leddy Phelan. The Hispanization of the Philippines. Spanish Aims and Filipino Responses, 1565-1700. The University of Wisconsin Press, Madison, 1959. p. 36.

martes, 15 de junio de 2010

La empresa de China

John Leddy Phelan establece en un libro publicado en 1959 que existieron tres objetivos centrales para la colonización española de Filipinas.

Afirma que del examen de la documentación generada en el archipielago filipino durante la primeras décadas del asentamiento colonizador español, tanto en ámbitos religiosos como seglares, se pueden detectar con claridad la presencia recurrente de tres objetivos paralelos (en ocasiones en simbiosis y en ocasiones en contradicción) que impulsaron en su primera fase la colonización castellana de las islas Filipinas:

a. (...) por un lado emerge el objetivo inicial estrictamente comercial de asegurarse una presencia en el tráfico de las especias, sedas y demás productos asiáticos hasta entonces monopolizado por los portugueses y que deriva como un rebrote del viejo litigio en la zona del Asia Oriental desde inicios de siglo.

b. (...) estaba el objetivo al mismo tiempo misional, comercial e imperial de establecer contactos diplomáticos, exploratorios y mercantiles directos con China.

c. En tercer lugar quedaba el objetivo estrictamente misional de cristianizar a los habitantes del archipiélago filipino y de las áreas colindantes.

A la larga, de estos tres objetivos planteados tan sólo el último se hizo realmente efectivo. Al inicio del siglo XVII, la decisiva intervención de los holandeses en la zona de Asia Oriental acabó cerrando a los españoles las posibilidades de expansión y de control del ámbito de la especiería, mientras la conquista espiritual de China, se acabó revelando como un espejismo inalcanzable en los términos planteados por los colonizadores españoles.

El investigador español Manel Ollé estima que debido a la dificultad de ingresar a China desde Filipinas, se produjo un fenómeno alternativo: la migración de chinos de la provincia de Fujián a Filipinas para impulsar un comercio que podría resultar, y así fue, muy lucrativo. La llave para este flujo humano y comercial resultó ser la plata mexicana.
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John Leddy Phelan, The Hispanization of the Philippines, Spanish Aims and Filipinos Responses, 1565-1700. The University of Wisconsin Press, Madison, 1959. p.7.

Manel Ollé, Estrategias filipinas respecto a China: Alonso Sánchez y Domingo Salazar en la empresa de China, Universitat Pompeu Fabra. Tesis doctoral dirigida por Dolors Folch Fornesa, Barcelona, 1998. p. 123.

viernes, 30 de diciembre de 2011

Importancia y debilidad de Manila

Los más entusiastas promotores de aventuras invasoras en Asia eran sobre todo los comerciantes y algunos frailes de Manila, quienes esgrimían largos argumentos para que la Corona Española enviara tropas a las tierras vecinas. Su sueño, al más puro estilo de una novela de caballería, era evangelizar a las poblaciones asiáticas; ampliar el comercio y la riqueza de Su Majestad y lograr la paz bajo el dominio español. Todo ello, dentro del sagrado propósito de crear un imperio universal regido desde la península ibérica.

Los apasionados argumentos expuestos por los manilenses, desde el gobernador y el capitán general hasta los miembros de la Audiencia; los priores de las congregaciones e incluso los comerciantes del galeón, se acumulaban en abultados testimonios, informes, rogativas y cartas secretas que la Nao de China llevaba y traía de Manila a Acapulco y de ahí a España. Meses y años más tarde, dichas propuestas languidecían en los escritorios de las autoridades de España y México, desde donde se respondía con frialdad, en notas hechas al margen de los folios y mapas fabulosos en pergaminos, donde se autorizaba o no tal asunto. Proceda, concédese, anúlese, pues, como bien se sabe, los asuntos en Palacio, van despacio...

Desde la metrópoli se impidió, una y otra vez, iniciar nuevas acciones militares en Asia. Un tanto por prudencia y otro tanto por la sencilla razón de que faltaban recursos materiales y humanos para emprender nuevas campañas de conquista. Este fue el motivo por el cual, en la práctica, el proyecto asiático español se mantuviera estancado por largo tiempo, circunscrito a la isla de Luzón, pues el resto de las islas del archipiélago filipino fue realmente ocupado hasta el siglo XVII. Las fuerzas españolas se concentraban casi exclusivamente en la ciudad de Manila -puesto privilegiado para la navegación y el comercio- y a que la enorme bahía gris ofrece un invaluable refugio marítimo.

La precariedad de la presencia española en las islas era tanta que, el 12 de julio de 1599, el gobernador de Filipinas, Francisco Tello, escribió un informe sobre la situación militar en la región, en el cual solicitaba el apoyo de España para el envío anual de tropas a Filipinas: primero, por la gran cantidad de enemigos; segundo, por la enorme distancia de las islas respecto de la Nueva España, y tercero por la debilidad de las fuerzas militares para controlar el archipiélago. El número de tropas declinaba en gran parte debido a la situación insalubre que afectaba a los soldados heridos, señala el gobernador, ello sumado a la gran cantidad de acciones realizadas con resultados muy variados, como la pacificación de Mindanao, la expedición de Cagayán, el mantenimiento del presidio (cuartel) en La Caldera y la nueva expedición a Camboya. Continúa el Gobernador:

Los hombres que quedan están completamente pobres, por lo que ruego a Su Majestad ordene al Virrey de la Nueva España atender este asunto con puntualidad. Este año (1599) sólo vinieron setenta hombres; no eran útiles y entre ellos había solamente tres arcabuceros. Se deben enviar mil arcabuceros, quinientos mosquetes con cuernos de pólvora, y quinientos sacos de balas y otros tantos morriones. Eso es lo que se necesita para ser distribuidos entre los hombres desarmados: y los que no se utilicen quedarán como reserva de la armería de Su Majestad.

El gobernador Tello expresaba de manera contundente el temor que agobiaba a los pocos habitantes de Manila -cuya población desde que fue fundada la ciudad ascendía a pocos centenares de almas-, quienes pasaban de ser colonos a la condición de ciudadanos-soldados.


Manila sobrevivía con precariedad 

La población de la capital experimentó en la década de 1590 a 1600 una ligera recuperación, gracias al auge comercial de las islas y por la inmigración de españoles que quedaban en las provincias. Se trataba de hombres viejos, de casi treinta y hasta cuarenta años de edad, con cicatrices de la guerra y de los amores: cojos, tuertos o sifilíticos. Las mujeres españolas, que desempeñarían un papel central en el comercio del galeón en los siglos siguientes, aparecerán décadas más tarde en el escenarios de la ciudad. En Madrid se dieron instrucciones para que el Virrey de la Nueva España enviara las armas y también las tropas y colonos solicitados por el Gobernador de Filipinas ¨tomando en cuenta los límites de gastos que tiene el factor de Su Majestad¨

El sentido práctico de los administradores coloniales de España y México les hacía comprender que era más redituable concentrar en la capital filipina el comercio de manufacturas y especias del sudeste de Asia para satisfacer la creciente demanda de tales productos en Europa y América.

Manila ofrecía la enorme ventaja de que en ella confluían las principales redes comerciales de Asia, con productos venidos desde la India, China, la actual Indonesia y la denominada Indochina. El comercio en la región fluía como los monzones que sacuden estos mares, y mantenía su propio ritmo tiempo antes de que llegaran los españoles a la región. Sin embargo, por importante que fuera el comercio aparecían dudas sobre mantener empresa tan colosal. De tanto en tanto, en la metrópoli, y sobre todo entre los comerciantes de la Península Ibérica -quienes veían con recelo las ganancias que se obtenían en la Nueva España- se expresaban opiniones en el sentido de que la distante colonia era una carga innecesaria para el erario.

El argumento contrario, que justificaba la acción colonial española en Asia, se centraba en dos propósitos políticos: contener la expansión islámica y propagar los principios del catolicismo militante (frente a la amenaza protestante representada por holandeses e ingleses). De esta forma, Filipinas se convirtió en una las de las fronteras entre las dos religiones que contendían con fuerza incontenible desde las costas de España hasta las puertas mismas de Viena.

En opinión de John. D. Phelan ¨frecuentemente se oscila entre el análisis cuantitativo del comercio, los fines políticos o los intereses religiosos para explicar la presencia española en las islas. La realidad es que la compleja administración colonial española tomó siempre en cuenta todos estos factores, con grave ponderación entre unos y otros¨.

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Emma Helen Blair y James Alexander Robertson, The Philippine Islands, 1493-1898, 55 vols. Cleveland,  vol. 1603-1609, pp 207-244. Military Affairs in the Islands, Informe del gobernador Francisco Tello.

Luis Merino. O.S.A. El Cabildo Secular: aspectos fundacionales y administrativos, vol. I, p.47. The intramuros Administration, Manila 1983.

John D. Phelan, Hispanization of the Philippines, Spanish aims and Filipinos responses 1565-1700, University of Wisconsin Press, 1959, capítulo primero. 

lunes, 30 de marzo de 2020

El Pacífico Español, 1521-1815

Me interesa en esta ocasión dar noticia de un nuevo libro colectivo, editado por Ricardo Padrón y Christina H. Lee. The Spanish Pacific, 1521-1815. A reader of Primary Sources. Amsterdam: Amsterdam University Press, 2019.

The Spanish Pacific es un compendio de textos traducidos al inglés, de fuentes consideradas fundamentales que sirven a interesados y académicos del mundo anglosajón para conocer mejor la historia del Pacífico español.

El libro es resultado de un encuentro de historiadores y filólogos en 2018 en la Universidad de Princeton.

Los editores identifican la necesidad de profundizar en el conocimiento de las fuentes fundamentales, que rebase la documentación misionera y oficial. Acertadamente identifican que los tres pilares del conocimiento en inglés de los temas del Pacífico han sido:

Primero, los 55 volúmenes de documentos traducidos y editados por Emma Blair y James Alexander Robertson, The Philippine Islands, 1493-1898, Cleveland, Ohio: Arthur H. Clark Company, 1903-1909. Esta obra es resultado del interés de las fuerzas de ocupación de Estados Unidos en Filipinas para dar a conocer la historia del archipiélago y tiene el sesgo de mostrar a la administración española como un poder anquilosado.

El segundo texto canónico que coloca al galeón de Manila como un actor protagónico es el famoso libro de William Lyte Schurz, The Manila Galleon, New York: Dutton & Company, 1939.

El tercer libro que dominó por mucho tiempo el conocimiento de Filipinas en inglés es el libro de John Leddy Phelan, The Hispanization of the Philippines. Spanish Aims and Filipino Responses, 1565 – 1700. Madison: The University of Wisconsin Press. 1959. 

Sin embargo, en el siglo XXI se ha dado un cambio y una profundización en el conocimiento del Pacífico que ha arrojado nuevos matices para comprender el comercio global, el intercambio cultural y humano, las influencias artísticas mutuas entre Asia, América y Europa, las peculiaridades del aparato imperial español, el papel de los centros culturales en la periferia, como Nueva España y Filipinas. Es por ello necesario y posible acceder a otro tipo de textos, traducidos al inglés, que auxilien al estudio de estos fenómenos. 

Se reconoce que el estudio del Pacífico (Pacífic Studies) en los medios académicos anglosajones es un tema emergente que ofrece una gran riqueza para abordar aspectos novedosos como el papel de Filipinas en la articulación con los poderes asiáticos, así como la variedad de pueblos de Oceanía.

Los editores dejaron a los participantes en libertad de proponer y estudiar un texto representativo de cada período, en lugar de regresar a los tópicos constantemente abordados. El resultado es un conjunto de documentos valiosos en su diversidad. La estructura del libro es cronológica a fin de ubicar las variadas voces de personajes que dieron su impresiones de viaje, de acontecimientos y hasta de anécdotas, que usualmente no caben en la historia imperial oficial o misionera.



Enhorabuena por la publicación de este nuevo libro


Introduction, Christina H. Lee and Ricardo Padrón

An Early Transpacific Account of the Spice Island by Andrés de Urdaneta (1536). Jorge Mojarro Romero.

Domingo de Salazar's Letter to the King of Spain in Defense of the Indians and the Chinese of the Philippine Islands (1682). Christina H. Lee

Juan Cobo`s Map of the Pacific World (1593). Ricardo Padrón, with translation by Timothy Brook

A Royal Decree of Philip III Regulating Trade between the Philippines and New Spain (1604). Natalie Cobo y Tatiana Seijas.

Manila's Sangleys and a Chinese Wedding (1625). Miguel Martínez.

Don Luis de Castilla Offers to Sell Land in Manila (1629). Regalado Trota José.

Idolatry and Apostasy in the 1633 Jesuit Annual Letter. John Blanco.

The Will of an Indian Oriental and her Chinese in Peru (1644). Leo J. Garofalo.

Francisco de Combés's History of Mindanao and Jolo (1667). Ana M. Rodriguez Rodriguez, with translation assisted by Cortney Benjamin.

Between Fiction and History in the Spanish Pacific. The Misfortunes of Alonso Ramirez (1690). Nicole D. Legnani.

A Moluccan Crypto-Muslim before the Transpacific Inquisition (1623-1645). Ryan Dominic Crew.

Constitutions and Rules of the Beatas Indias (1726). Kathryn Santner.

The Poetics of Praise and the Demands of Confession in the Early Spanish Philippines. Notes and Documents. Vicente L. Rafael.

A Prohibition on Digging Up the Bones of the Dead (1813). Ino Manalo.



jueves, 2 de abril de 2009

Cabeceras

En el proceso de evangelización de Flipinas, la resistencia de los habitantes de las islas para vivir forzadamente en poblaciones al estilo español obligó a los misioneros a generar opciones para acercarse a las comunidades locales. Una de éstas fue la celebración de las fiestas religiosas con gran despliegue, lo que atrajo a los remotos pobladores a las grandes ocasiones de Semana Santa o de orpus Christi. Las iglesias se asentaron en las denominadas Cabeceras, destinadas originalmente a ser la base de poblaciones permanentes. En efecto se construyeron habitaciones alrededor de las iglesias, llamadas casas dominicales, pero que no eran habitadas  de manera permante. Ante ello, los frailes tuvieron que construir capillas de visita en lugares apartados.

El sistema cabecera-visita, ya experimentado con anterioridad en la Nueva España, se convirtió gradualmente en la forma más utilizada de la evangelización en Filipinas. Cabe señalar que ante la insuficiencia de religiosos esta fue la manera más adecuada para propagar la religión, aunque siempre hubo quejas por el esfuerzo que se debía realizar en los traslados de una a otra.  En los siglos XVII y XVIII la presencia religiosa no rebasaba el perímetro de las capillas de visita, por lo que se contaba con  las llamadas misiones vivas, destinadas a atender a pobladores que aún no se integraban a la religión católica. Ello explica en parte el hecho de que en Filipinas, un país profundamente católico, persiste la población de origen musulmán y de otras religiones.

Una queja constante que recogen diversos estudios históricos es que el proceso de evangelización concedió un poder casi absoluto a los religiosos que se instalaron en las cabeceras y que controlaban amplias extensiones a través de las capillas de visita. La dispersión de estos frailes también condujo en muchas ocasiones a la transgresión de sus deberes como líderes religiosos de las comunidades.

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Phelan, John Leddy. The Hispanization of the Philippines. Spanish Arms and Filipino Responses, 1565 - 1700. . Pp. 51 -52



lunes, 26 de marzo de 2018

Pestilencia y Conquista en Filipinas

El estudio contemporáneo de la historia no puede eludir el conocimiento de aspectos que antes se consideraban fuera del ámbito humano, como es el clima, las dinámica de los mares o la transmisión de gérmenes y enfermedades. De hecho, el gran avance que se ha logrado en estos campos alimenta el estudio de la historia y coloca al ser humano en un conjunto más estructurado de la vida del planeta. El ser humano ya no es la cúspide de la evolución sino un habitante más, quizás el más disruptivo, de la naturaleza planetaria.  El mérito de este enfoque parece tenerlo el libro Gérmenes, Armas y Acero, (1997) de Jared Diamond, simplemente porque ha logrado una enorme difusión, aunque existen varios otros que antes y después han revisado con más rigurosidad el fondo de estos temas.

En un nivel más específico, el efecto de las conquistas europeas, por ejemplo en América y África, también tiene una amplia cantidad de estudios que revelan los efectos sobre la naturaleza. Varios negativos desde la transmisión de enfermedades desconocidas y el trabajo forzado, y otros positivos, como la difusión de especies a nivel planetario, de lo cual hemos hablado en este blog. Con relación a Filipinas se han publicado varios estudios que reflejan el impacto de la conquista sobre la naturaleza de las islas, sobre todo la excesiva explotación de madera, el trabajo forzado y la alienación de las poblaciones dispersas en el archipiélago. 



Hererría tradicional en el norte de Luzón
Ilustración de Fay-Cooper Cole, 
The Tinguian; social, religious, and economic life of a Philippine tribe
Chicago: University of Illinois, 1922.


Esta nota es simplemente un apunte para desarrollar en lo subsecuente el tema del impacto de la conquista en el ámbito económico, social y cultural sobre la población filipina. En entradas futuras de este blog trataremos de abordar con más profundidad este tema, utilizando fuentes diversas. Es también una invitación para que los lectores ofrezcan sugerencias de lecturas y comentarios fundamentados. Por lo pronto, me limito a un ensayo publicado por Linda Newson, del Departamento de Geografía del King's College, en Londres. El estudio resume las lineas principales del libro que la autora publicó en 2009 sobre el tema de la pestilencia, el colapso demográfico y la conquista en Filipinas. Insisto, en una próxima oportunidad intentaré comentar otro libro escrito por un autor filipino sobre este tema.  Luis Cámara Dery. Pestilence in the Philippines: a social history of the Filipino people, 1571-1800. Quezon City : New Day Publishers, 2006.

Las cifras que ofrece la Dra. Newson son muy reveladoras y contrastan con las estimaciones hechas por varios demógrafos, entre otras, las ofrecidas hace medio siglo por el historiador estadounidense John Leddy Phelan, The Hispanization of the Philippines. Spanish Aims and Filipino Responses, 1565-1700. Madison: The University of Wisconsin Press, 1959. También en este blog hemos abordados las opiniones de este autor.  

Las estadísticas reconstruidas se referían sobre todo al siglo XVII, es decir tres décadas después de la llegada de los españoles y fluctuaban entre 580,000 y 1 millón 250 mil habitantes. La propuesta de la Dra. Newson es revisar dichas cifras, con base en material de archivo, informes y todo tipo de evidencias para encontrar el cuadro real correspondiente a 1565, cuando Legazpi llegó a Filipinas. El resultado es una estimación de 1.5 millones de habitantes en la primera fase de la conquista. De ahí se deriva que la caída de la población fue mucho más radical de lo que se pensaba. Si a alguien le anima, la mortandad causada por las enfermedades y las guerras de pacificación fueron menos graves que en América.

Se dice que la caída demográfica en Filipinas fue limitada. Las razones que se aducen son varias: el hecho que la población asiática, incluída buena parte de la que habitaba el archipiélago filipino, ya estaba inmunizada ante enfermedades como la viruela, la influenza, el sarampión, que devastaron a las poblaciones americanas. Se señala que por un lado el número de conquistadores era muy pequeño y los filipinos estaban dispersos en las múltiples islas. 

El análisis socio-demográfico también revisa los cambios en las expectativas de los conquistadores, que vieron en principio menos alicientes de explotación de recursos, en particular oro, de los que habían encontrado en Perú o México. Sumado al hecho de que la corona española había decretado como política un trato más beningo hacia los indígenas parece ser que los administradores coloniales se mostraron más precavidos. El número de colonos españoles y americanos en las islas fue relativamente bajo, y en su mayoría eran misioneros.  De esta forma, la “presión colonial” en Filipinas fue menor que en otras partes de la monarquía hispana, por lo menos cuantitativamente: en 1588 había 700 españoles en el archipiélago, de los cuales 150 pertenecían al clero. 

Complejo mosaico demográfico
Poco después de la fundación de Manila en 1571, la jurisdicción de Tondo tenía unas 43,000 personas. La llegada de españoles, de japoneses y de chinos cambió profundamente la realidad, favoreció el desarrollo demográfico, a diferencia de lo que pasó en las Bisayas, con fluctuaciones conforme las poblaciones japonesas y sobre todo chinas llegaban o se iban, o se producían las terribles masacres. Otras partes de Luzón que estaban más alejadas del encuentro con los conquistadores muestran tendencias distintas. La península de Bikol, al sur de la isla y con un flujo migratorio marcado hacia Manila, se enfrentó con un fuerte descenso a lo largo del siglo XVII, aunque logró recuperarse en el XVIII. Llegó al año 1800 con una población comparable o superior a la de 1570 aunque perdurasen las expediciones de moros a lo largo del XVIII. Las mismas conclusiones son válidas para la región de Pampanga y Bulacán, al oeste de Manila. Entre 1565 y 1600, Luzón perdió 35% de sus habitantes, las Bisayas 42%. En 1800, el conjunto había logrado volver al mismo nivel: 1.4 millones en 1565, 1.5 cerca de 240 años más tarde. Es mucho más satisfactorio que el recorrido de la población americana en el mismo tiempo, aunque la curva de evolución tenga algún parecido: marcado descenso hasta la mitad del siglo XVII, recuperación después. Pero nunca se alcanzaron cifras de despoblamiento de 90% como en algunos lugares de la Nueva España.




La estimaciones de la Dra. Newson son muy relevantes y permiten considerar nuevos enfoques sobre la expansión castellana en el Sudeste de Asia, pues en los hechos Filipinas fue la última frontera de la conquista iniciada en América.
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 Linda A. Newson Conquest and Pestilence in the Early Spanish Philippines. University of Hawaii Press, 2009.







Diseños y pipas.

Ilustraciones del libro de Fay-Cooper Cole, 1922.

sábado, 25 de mayo de 2024

Límites de la expansión española en Filipinas

Esta vez daremos noticia de un nuevo libro cuyo título podría ser traducido como La Conquista Incompleta. Los límites del Imperio Español en el siglo XVII en Filipinas, editado por la Universidad de Cornell en el año 2023. La autora es la doctora Stephanie Joy Mawson, quien ya ha publicado algunos adelantos de su investigación, como se puede ver al final de esta nota.


 Incomplete Conquest. 

The limits of the Spanish Empire in the Seventeenth Century Philippines

El libro consta de siete capítulos que ofrecen una perspectiva del proceso, parcialmente fracasado, de conquista española en el archipiélago de filipinas a lo largo de los siglos XVI, XVII y XVIII.  Aunque este tema ha sido motivo de discusión por más de cincuenta años, el libro ofrece algunos elementos novedosos a partir de una perspectiva interdisciplinaria que incluye a la arqueología, la sociología y el estudio de la cultura. También "descentraliza" el estudio y se ubica en los espacios que por siglos estuvieron fuera del control español, como las sierras, en el mismo Luzón, o en provincias remotas que se convirtieron en zonas de refugio de poblaciones autóctonas. También reconoce el papel de migrantes que no se sometieron completamente al poder español, como es el caso de los comerciantes chinos.

Esta es la estructura del libro:

Introducción

1. Un momento de crisis, 1660-1663

2. Esclavitud, deuda y regímenes de trabajo colonial

3. Conversión bajo crítica

4. Cacería de esclavos y el repliegue imperial

5. Refugios en las montañas

6. Insurgencias en Cagayan, 1572-1745

7. Manila, ciudad China

Conclusiones

* * *

La autora propone: ¿qué sucede si, en lugar de centrarnos en los procesos que impulsaron la colonización (las formas en que se formó y consolidó el Estado colonial y los intereses asociados con este proyecto), nos centramos en las limitaciones del Estado colonial? ¿Cómo cambia esto nuestra comprensión de la historia de la colonización? 

 Esta es una propuesta interesante para dejar por un momento la narrativa de la colonización castellana y comenzar a ver la perspectiva local, a través de los innumerables obstáculos al proyecto de expansión colonial, como son la dispersión geográfica, la diversidad de pueblos y las limitaciones numéricas o de interpretación que traían los conquistadores. El libro se ubica en áreas "excéntricas", fuera de Manila, para evaluar e interpretar los alcances verdaderos de la conquista en Filipinas.
 
"... no se lograron controlar en su conjunto otros asentamientos importantes en Bisayas, Campor en Cebú, Negros, Calamianes y Cuyo, la gran isla de Mindanao, la pequeña isla de Joló, además de la conquista interna inacabada de Luzón en las regiones de Zambales, Ituy, los montes igorrotes, así como de los indígenas llamados aetas, nómadas que mantuvieron escasos contactos con los europeos. Incluso en la segunda mitad del siglo XVII se dejaron de lado los ideales expansivos con objeto de realizar una internación en el propio archipiélago." 
 
Otro ejemplo es Cagayán, en el norte de Luzón, frente a las costas de Taiwán y en el camino a Japón, que quedó prácticamente fuera de las historias de la colonización de FIlipinas. 
 
Los límites del control español se derivaron de factores internos del imperio, incluida la falta de personal, burocracias débiles y crisis financieras, corrupción local, extralimitaciones imperiales. La contraparte indígena mantuvo una gama de estrategias de resistencia, huida, evasión, conflicto y guerra en todos los rincones del archipiélago. A todo ello, la autora le nombra persistencia. Las herramientas a la mano de estas comunidades correspondían, por supuesto, a sus formas sociales de parentesco y jerarquización interna, también a los métodos de guerra autóctonos, en correspondencia con los factores geográficos y ambientales. Formas de guerra local, la captura de esclavos y la cacería de cabezas, forma parte de ese abanico de resistencias que no pudieron ser dominadas por el poder colonial.
 
"Lo que a veces se ha visto como la debilidad inherente de la sociedad precolonial filipina (una intensa fragmentación social y la falta de estructuras estatales establecidas) fue en realidad una fortaleza real al enfrentar la expansión colonial." 
 
La autora señala en el capítulo 2, que cuando los españoles llegaron a Filipinas a finales del siglo XVI, encontraron una sociedad caracterizada por la dispersión geográfica y la intensa fragmentación del poder. Las comunidades filipinas tendían a ser pequeñas unidades basadas en clanes llamadas barangays, que contaban con un promedio de alrededor de cien familias, aunque también existían algunas comunidades de hasta mil personas.
 
El capítulo 3 dedica particular atención a la interacción entre la realidad compleja y el proyecto colonial, que tenía como divisa la expansión de la religión católica. Como sabemos,  dicho proyecto quedó en manos de los misioneros y los padres diocesanos en las regiones más remotas. Muchas veces el trabajo religioso se disolvió debido a múltiples factores como fue la sobreexplotación de los trabajadores indígenas, los tributos, el abuso de los padres. Los intentos de crear reducciones de indios, como en los vireinatos americanos, tuvieron pocos resultados. Aquí recuerda la interesante discusión abierta hace más de medio siglo por John Leddy Phelan, sobre una geografía espiritual que no logró ocupar todo el espacio de Filipinas. Ver entrada de este blog sobre el tema.

La autora señala cómo una nueva generación de historiadores también ha tratado de abordar el tema de la expansión religiosa y sus limitaciones.  Para ello cita al antropólogo histórico Alfred McCoy quien escribió sobre la religión en Visayas orientales que “el animismo visayano no sólo había sobrevivido como una curiosidad atávica, sino que de hecho siguió siendo la fuerza espiritual dominante en las Visayas occidentales”. De hecho, sostiene que el “catolicismo popular” difícilmente explica los procesos que han tenido lugar en las Visayas, donde el catolicismo no suplantó al animismo sino que fue simplemente –y sólo muy parcialmente– incorporado a los sistemas de creencias preexistentes."

Es muy interesante la interpretación de que los misioneros se enfrentaron a un panorama espiritual de estas poblaciones que simplemente no comprendían. "Este paisaje era a la vez físico (grabado en el entorno natural) y metafísico, y las comunidades filipinas mantenían fuertes conexiones con él. La práctica religiosa estaba inscrita en este mundo social, influyendo en dónde vivía la gente, dónde cultivaba y cómo viajaba por el campo. Los misioneros necesitaban lidiar con esta realidad antes de lograr un éxito real en la conversión."

El libro es producto de una investigación doctoral basada en archivos históricos y en investigación de campo, principalmente en las partes alta de Igorot y en Cagayan. En mi opinión, el libro rinde homenaje a historiadores filipinos que en un principio rechazaron la historia colonial escrita en los conventos o en las oficinas de los colonizadores del siglo XX, pero que tenían a la mano pocos materiales para escribir y describir el período pre-hispánico. En ese camino, autores como William Henry Scott, quien en la década de los sesenta del siglo pasado buscó en la etno-historia y encontró las “grietas en la cortina de pergamino que permitieron a los historiadores recuperar voces e historias indígenas dentro de los archivos coloniales y rastrear continuidades culturales así como la agencia indígena. dentro de la era colonial." Ver aquí la entrada de este blog sobre la obra de Scott.
 
En el capítulo 5 se señala que de manera similar a lo que ocurrió en varias sociedades coloniales en el continente americano, las poblaciones indígenas buscaron refugio en las partes altas y una de las consecuencias más sorprendentes son las terrazas para el cultivo de arroz. 
 
"El arqueólogo Stephen Acabado sostiene que el cultivo de arroz húmedo se desarrolló como una estrategia que ayudó a las comunidades ifugao de las tierras altas a resistir la colonización, reemplazando el cultivo de taro como una mejor fuente de sustento para alimentar a poblaciones más grandes. Al mismo tiempo, el cultivo de arroz húmedo también se convirtió en una parte importante de la identidad cultural de estas comunidades. El legado más evidente de esta historia de resistencia son las famosas terrazas de arroz de Ifugao, ahora catalogadas como patrimonio mundial de la UNESCO. Se erigen como estructuras físicas emblemáticas de una cultura indígena que resistió efectivamente la colonización, aceptó a fugitivos de las tierras bajas que buscaban evadir los excesos del Estado colonial y adaptó su tecnología agrícola para permitirles reclamar soberanía del control estatal durante cientos de años." 
 
 

 Terrazas de arroz en el norte de Luzón
Foto: Prapass Pulsub / Getty Images
 
La autora incluye en el capítulo 7 las pecuiares formas de resistencia de los comerciantes sangleyes, chinos venidos mayoritariamente de la provincia de Fujián, que fueron continuamente víctimas de violencia de los administradores españoles. En diversos períodos esta fue una de las peores expresiones de conflicto en Filipinas, y en cierta forma muestra la dificultad del imperio para asentar su control en la capital misma del archipiélago. 

Una de las mejores aportaciones del libro son los cuadros y los mapas que muestran las expediciones militares de conquista, por año y por región; las regiones donde se desarrollaron las acciones misioneras en el siglo XVII, desglosadas por las órdenes religiosas; las rebeliones en la provincia de Cagayan, 1575-1639.

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Stephanie Mawson. Incomplete Conquests. The Limits of Spanish Empire In the Seventeenth Century Philippines. Ithaca. London: Cornell University Press, 2023. https://www.cornellpress.cornell.edu/book/9781501770272/incomplete-conquests/.
 
----. “Philippine Indios in the Service of Empire: Indigenous Soldiers and Contingent Loyalty, 1600–1700.” Ethnohistory 63, no. 2 (April 1, 2016): 381–413. https://doi.org/10.1215/00141801-3455363. 
 
----. “Convicts or Conquistadores? Spanish Soldiers in the Seventeenth-Century Pacific.” Past & Present 232, no. 1 (August 1, 2016): 87–125. https://doi.org/10.1093/pastj/gtw008. 
 
----. “Unruly Plebeians and the ‘Forzado System’; Convict Transportation between New Spain and the Philippines during the Seventeenth Century.” Revista de Indias 73, no. 259 (December 30, 2013): 693–730. https://doi.org/10.3989/revindias.2013.2