lunes, 26 de marzo de 2018

Pestilencia y Conquista en Filipinas

El estudio contemporáneo de la historia no puede eludir el conocimiento de aspectos que antes se consideraban fuera del ámbito humano, como es el clima, las dinámica de los mares o la transmisión de gérmenes y enfermedades. De hecho, el gran avance que se ha logrado en estos campos alimenta el estudio de la historia y coloca al ser humano en un conjunto más estructurado de la vida del planeta. El ser humano ya no es la cúspide de la evolución sino un habitante más, quizás el más disruptivo, de la naturaleza planetaria.  El mérito de este enfoque parece tenerlo el libro Gérmenes, Armas y Acero, (1997) de Jared Diamond, simplemente porque ha logrado una enorme difusión, aunque existen varios otros que antes y después han revisado con más rigurosidad el fondo de estos temas.

En un nivel más específico, el efecto de las conquistas europeas, por ejemplo en América y África, también tiene una amplia cantidad de estudios que revelan los efectos sobre la naturaleza. Varios negativos desde la transmisión de enfermedades desconocidas y el trabajo forzado, y otros positivos, como la difusión de especies a nivel planetario, de lo cual hemos hablado en este blog. Con relación a Filipinas se han publicado varios estudios que reflejan el impacto de la conquista sobre la naturaleza de las islas, sobre todo la excesiva explotación de madera, el trabajo forzado y la alienación de las poblaciones dispersas en el archipiélago. 



Hererría tradicional en el norte de Luzón
Ilustración de Fay-Cooper Cole, 
The Tinguian; social, religious, and economic life of a Philippine tribe
Chicago: University of Illinois, 1922.


Esta nota es simplemente un apunte para desarrollar en lo subsecuente el tema del impacto de la conquista en el ámbito económico, social y cultural sobre la población filipina. En entradas futuras de este blog trataremos de abordar con más profundidad este tema, utilizando fuentes diversas. Es también una invitación para que los lectores ofrezcan sugerencias de lecturas y comentarios fundamentados. Por lo pronto, me limito a un ensayo publicado por Linda Newson, del Departamento de Geografía del King's College, en Londres. El estudio resume las lineas principales del libro que la autora publicó en 2009 sobre el tema de la pestilencia, el colapso demográfico y la conquista en Filipinas. Insisto, en una próxima oportunidad intentaré comentar otro libro escrito por un autor filipino sobre este tema.  Luis Cámara Dery. Pestilence in the Philippines: a social history of the Filipino people, 1571-1800. Quezon City : New Day Publishers, 2006.

Las cifras que ofrece la Dra. Newson son muy reveladoras y contrastan con las estimaciones hechas por varios demógrafos, entre otras, las ofrecidas hace medio siglo por el historiador estadounidense John Leddy Phelan, The Hispanization of the Philippines. Spanish Aims and Filipino Responses, 1565-1700. Madison: The University of Wisconsin Press, 1959. También en este blog hemos abordados las opiniones de este autor.  

Las estadísticas reconstruidas se referían sobre todo al siglo XVII, es decir tres décadas después de la llegada de los españoles y fluctuaban entre 580,000 y 1 millón 250 mil habitantes. La propuesta de la Dra. Newson es revisar dichas cifras, con base en material de archivo, informes y todo tipo de evidencias para encontrar el cuadro real correspondiente a 1565, cuando Legazpi llegó a Filipinas. El resultado es una estimación de 1.5 millones de habitantes en la primera fase de la conquista. De ahí se deriva que la caída de la población fue mucho más radical de lo que se pensaba. Si a alguien le anima, la mortandad causada por las enfermedades y las guerras de pacificación fueron menos graves que en América.

Se dice que la caída demográfica en Filipinas fue limitada. Las razones que se aducen son varias: el hecho que la población asiática, incluída buena parte de la que habitaba el archipiélago filipino, ya estaba inmunizada ante enfermedades como la viruela, la influenza, el sarampión, que devastaron a las poblaciones americanas. Se señala que por un lado el número de conquistadores era muy pequeño y los filipinos estaban dispersos en las múltiples islas. 

El análisis socio-demográfico también revisa los cambios en las expectativas de los conquistadores, que vieron en principio menos alicientes de explotación de recursos, en particular oro, de los que habían encontrado en Perú o México. Sumado al hecho de que la corona española había decretado como política un trato más beningo hacia los indígenas parece ser que los administradores coloniales se mostraron más precavidos. El número de colonos españoles y americanos en las islas fue relativamente bajo, y en su mayoría eran misioneros.  De esta forma, la “presión colonial” en Filipinas fue menor que en otras partes de la monarquía hispana, por lo menos cuantitativamente: en 1588 había 700 españoles en el archipiélago, de los cuales 150 pertenecían al clero. 

Complejo mosaico demográfico
Poco después de la fundación de Manila en 1571, la jurisdicción de Tondo tenía unas 43,000 personas. La llegada de españoles, de japoneses y de chinos cambió profundamente la realidad, favoreció el desarrollo demográfico, a diferencia de lo que pasó en las Bisayas, con fluctuaciones conforme las poblaciones japonesas y sobre todo chinas llegaban o se iban, o se producían las terribles masacres. Otras partes de Luzón que estaban más alejadas del encuentro con los conquistadores muestran tendencias distintas. La península de Bikol, al sur de la isla y con un flujo migratorio marcado hacia Manila, se enfrentó con un fuerte descenso a lo largo del siglo XVII, aunque logró recuperarse en el XVIII. Llegó al año 1800 con una población comparable o superior a la de 1570 aunque perdurasen las expediciones de moros a lo largo del XVIII. Las mismas conclusiones son válidas para la región de Pampanga y Bulacán, al oeste de Manila. Entre 1565 y 1600, Luzón perdió 35% de sus habitantes, las Bisayas 42%. En 1800, el conjunto había logrado volver al mismo nivel: 1.4 millones en 1565, 1.5 cerca de 240 años más tarde. Es mucho más satisfactorio que el recorrido de la población americana en el mismo tiempo, aunque la curva de evolución tenga algún parecido: marcado descenso hasta la mitad del siglo XVII, recuperación después. Pero nunca se alcanzaron cifras de despoblamiento de 90% como en algunos lugares de la Nueva España.




La estimaciones de la Dra. Newson son muy relevantes y permiten considerar nuevos enfoques sobre la expansión castellana en el Sudeste de Asia, pues en los hechos Filipinas fue la última frontera de la conquista iniciada en América.
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 Linda A. Newson Conquest and Pestilence in the Early Spanish Philippines. University of Hawaii Press, 2009.







Diseños y pipas.

Ilustraciones del libro de Fay-Cooper Cole, 1922.

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