martes, 17 de marzo de 2009

Migrantes filipinos

El singular mosaico cultural de México en los siglos de la colonia, en el que se incluían muchas naciones indígenas, con culturas y lenguajes propios, aunque todos vistos por los españoles como El Pueblo Indio, permite suponer que había una gran receptibilidad a otros “indios” provenientes de Asia. Siendo filipino, malayo o chino era posible entremezclarse con los pueblos indios, donde mal se hablaba el idioma español. Tómese en cuenta que la variedad de sociedades provenientes del sudeste de Asia eran transportadas con un prejuicio racial similar, donde Magindanaos, Bruneianos, Malabares, entre muchos otros, eran clasificados como negros en Manila y al llegar a México se le consideraba chinos. El tronco racial común a todos ellos, incluyendo a los de la isla de Luzón, era el malayo, pero se hacía la distinción por razones administrativas y por la oportunidad que los corruptos administradores podían tener para apresar a los que no eran cristianos.

La proporción de emigrantes asiáticos en el periodo colonial es notablemente menor a la de negros de Africa o de esclavos blancos en esa época, pero es también significativa y tuvo un impacto regular en las regiones donde se aclimataron. También se distinguían de la mano de obra forzada proveniente del Atlántico por ser empleada en artes y oficios que requerían mayor detalle y paciencia que fuerza. Los chinos como fueron genéricamente conocidos, se incorporaron al trabajo del puerto, a las artesanías y a la agricultura, principalmente.

¿Cuántos de estos “chinos” entraron a México a lo largo de tantos años?, es muy dificil precisarlo. En primer lugar, el flujo cambió conforme a las variaciones de la legislación y al celo administrativo que cada representante de la Corona en América pudiera tener en cumplirla. El flujo estuvo determinado por la demanda de mano de obra, para complementar la fuerza de trabajo indígena en la Nueva España: negros para las minas y el trabajo rudo; chinos como sirvientes y artesanos. Es posible rastrear en los archivos mexicanos a través de los ramos de gremios las proporciones de extranjeros asimilados en las comunidades trabajadoras de la Nueva España.

El historiador Jonathan Israel señala: “Una cédula real dirigida en 1626 al virrey marqués de Cerralvo quizá proporcione cierta idea sobre el número de esclavos filipinos importados a Nueva España. Ese año la corona calculó una pérdida anual de 5 mil pesos por concepto de derechos de importación no cobrados sobre esclavos filipinos, siendo el impuesto por cabeza de 50 pesos; esto indica que anualmente se introducía de contrabando a la colonia algo así como 300 asiáticos, además de un número tal vez similar de los importados”.

No es descabellado calcular que alrededor de seis mil filipinos o asiáticos se asentaron cada decenio en la Nueva España. ¿Qué fue de ellos, cómo se fundieron en la sociedad novohispana, qué influencia dejaron en nuestra cultura? Es importante considerar, como lo hizo Aguirre Beltrán en su estudio sobre la migración negra a América, que lo importante no sólo fue el número absoluto de migrantes, sino también la proporción en una sociedad en ciernes y poco poblada. Un enfoque demográfico podría ayudar a encontrar esa proporción, distinguiendo como cuarto ingrediente racial de México a la población de origen asiático.


Israel Jonathan. Razas, clases sociales y vida política en México colonial, 1610 – 1670, Fondo de Cultura Económica, México, 1997, p.53.

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