domingo, 9 de octubre de 2016

Un viaje a Manila, 1584

Los documentos preservados en los archivos ofrecen una oportunidad para sumergirse en el ambiente que dominaba el viaje por mar entre Acapulco y Manila. Los museos nos ofrecen con mayor frecuencia la posibilidad de tocar, oir y ver copias de viejos documentos, mapas, imágenes que permitan saber lo que fueron aquellos azarosos viajes. En esta ocasión quiero compartir con los lectores parte de uno aquellos documentos, que se encuentra en el Archivo General de la Nación en la Ciudad de México. Se trata de una carta escrita por el licenciado Fernando Melchor Dávalos (o de Avalos), quien eran comisionado para la Inquisición en Filipinas.  La lectura del texto, transcrito por Eugenio Reyes, puede servir para "escuchar" las asuntos, las angustias y las esperanzas de un viajero de hace 400 años.

Melchor Dávalos ofrece una descripción suculenta. El viaje fue uno de los más cortos, apenas dos meses y medio, pero como sucedía con frecuencia, la llegada a Filipinas tenía contratiempos para la navegación (los barcos hacían agua). Hace referencia al cambio de calendario en 1582, por órdenes de Gregorio XIII, en substitución del calendario Juliano. Menciona la muerte del Gobernador Gonzalo o Gonçalo Ronquillo de Peñaloza, que hemos narrado en este blog, así como los problemas en Ternate, una de las islas de las especias. El resto de la carta es para explicar los problemas burocráticos que enfrenta con las autoridades civiles de Filipinas, por lo que no lo incluyo esta vez. Sin embargo resalto que, para despedir su carta, Melchor Dávalos hace todas las galanterías de la época, pero pone una frase que dice mucho sobre la vida de Manila en aquella época.

Sugiero al lector revisar las entradas de este blog sobre Gonzalo Ronquillo y sobre la vida de los marineros.

Museo Naval de Madrid, Batalla naval contra los holandeses

RAMO: Inquisición 
Vol. 139 Exp- 9. (5  Fojas)

(Al margen superior) .
Recibida en México en veinte de diciembre de 1584
Del licenciado Avalos.
Muy Ilustrísimos y reverendísimos Señores.

Yo con toda la familia bendito Nuestro Señor llegamos a Manila en este cabo del mundo sin contraste in viam pazis  con salud, partimos del puerto de Acapulco a nueve de marzo de este año de 84 según la  nueva computación de los años y llegamos al puerto de Ybalon (sic) a guarecernos de poca ocasión adonde estuvimos doce o trece días, setenta u ochenta leguas de manila. En efecto duró la navegación desde Acapulco aquí como dos meses y medio sin tomar las Islas de Los Ladrones que las desconocieron algunos pilotos que habiendo amanecido las proas con la isla de Guahan (sic) dijeron que era Sarpan (sic) y que habíamos de correr hacia el Sur a buscar agua sana  y habiéndonos salido  a recibir los indios con más de 200 navechuelos y dándonos pescado y trocado cosillas por hierros viejos diciéndonos por señas que adonde íbamos que volviésemos a su tierra, cegonos dios a los pilotos o se hicieron desentendidos y como a medio día poco más anduvimos por unos bajos no conocidos en cinco y seis y ocho brazas viendo los abismos día de Santa Cruz de mayo conforme a la dicha nueva cuenta libronos la misma Cruz en virtud del crucificado muy por su infinita bondad que por merecimientos de los navegantes, conforme al buen tiempo que tuvimos hasta ybalon pudiéramos llegar en sesenta días a Manila y el mal piloto mayor nos trajo  en contemplaciones por respeto y regalos arando la mar y cruzando y quitando velas algunas de noche habiendo como digo tiempo siempre gracioso y bonancible y porque escribí al presidente en el puerto de Ybalon que no saliese en tierra sino  que saliésemos de allí atriando (sic) o como quiera y que la mar nos proveería saliendo a ella y que de los grandes cuidados que su Majestad tenía debía ser no el menor saber de nosotros y que se requería brevedad ansi para darle aviso, como para tener lugar de despachar las naos, y más que nos decían allí como don Gerónimo Ronquillo (sic: Gonzalo Ronquillo de Peñaloza) era muerto un año había y que el día de sus honras en su sepultura se comenzó un fuego que había quemado la ciudad toda y que estaba la tierra en tan extrema necesidad y desconsuelo, y muy sola de Christianos y llena de cuatro o cinco mil chinos y que la Nao San Martín en que yo venía hacia agua y que como quiera que nos saliésemos de allí vino en un batel desde su capitanía y al bordo me dijo que él se iba a tierra a recrear y que si quería me fuese a la capitanía que todos cabíamos en ella si yo tenía temor de el agua que haría minas y que no le atase yo los pies ni las manos ni le hiciese requerimientos yo le respondí que no  recibiese pesadumbre  y que fuese en buena hora si le parecían de poca importancia mis cartas. Otro día bien de mañana volvió con su chalupa a la Nao, y me dijo que me pedía llevase a los pilotos porque quería hacer junta y consultar la partida de allí fuimos y hice que tomásemos resolución de salir remolcando y como quiera, así  nos partimos y lléganos sin zozobras  a Cavite dos legua de aquí, y como Diego Ronquillo (hijo del Gonzalo Ronquillo y gobernador interino) no quisiera  huéspedes tardabase en enviar fragatas para llegar y habiendo yo salido a  misa un día que acá era de la Concepción conforme a la computación vieja hice que enviara [una] fragatilla dejando en Cavite nuestras casas en las naos [y] viniésemos presidentes y oidores y el Fiscal y dimos un Santiago y juntamos la ciudad y al gobernador Diego Ronquillo y presentamos nuestras providencias y tomamos las varas y gobierno en conformidad de todos los no interesados y luego procuramos fragatas en que traer  nuestras casas y tuvimos mejor despacho mandando que rogando nos las prestasen … muy apaciblemente negocia conmigo el presidente y me consulta las cosas graves, con los demás es como fue siempre mi suerte de domar potros, la gente que allá va de los que veníamos dirá su razón, yo pienso vivir y juzgar mediante Dios sin reprehensión y no pienso escudarme contra detractores porque mis obras tendrán siempre consigo testimonio de mi trato y cristiandad. 

Ofrecese la jornada del Maluco por que el Rey de Ternate a tomado la fortaleza de Sant Juan y está en ella fortificado y ha hecho renegar muchos moros que ya eran cristianos y tiene consigo algunos turcos y javos; emviose de aquí el socorro los días pasados al capitán portugués que está en otra fuerza retirado y esperando agravio me hará el presidente si me deniega la empresa a la cual me ofrecí [el] día de San Juan, y está resolviéndose y el fiscal me contradice por la necesidad de esta Real Audiencia porque la jornada será de meses y no de años y tendrá buen suceso y de tal calidad que el Duque de Medina si acá estuviera la podía emprender que le importa a su Majestad uno o dos millones de renta y escribe el portugués que allí está por capitán mayor que había facilidad en la guerra y habida se podrán dar sin tocar  a la Real Hacienda a dos mil soldados cada dos mil moros indios de repartimiento. Encomiendase mucho a dios este negocio yo lo tengo en lo que es razón y me tendré por dichoso en recobrar a mi Rey su  hacienda y reputación y a dios la honra.
(...)

Muy Ilustrísimos y Reverendísimos Señores
Besa pies y manos de Vuestra Señoría.
Su siervo Fernando Melchor Dávalos  (Rúbrica)



Solo el obispo y un herrero hacen casas de cantería y van buenas (sic) 






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