domingo, 20 de septiembre de 2009

Islas Molucas


El archipiélago de las especias visto al revés
El norte está a la derecha y el sur a la izquierda

La expansión portuguesa en Asia en el siglo XVI fue el factor detonante para la inserción de esa región en la compleja red mundial de poderes europeos. Debemos detenernos en un espacio pequeño, situado en el extremo oriental del sudeste de Asia, en el límite con el sur del oceano Pacífico o Micronesia. Tres islas son distintivas por la producción de especias: Tidore por la nuez moscada, Ternate, famoso por el clavo de olor y Amboina también por la nuez moscada y el macis.

De hecho, la región era conocida por los europeos desde antes del siglo XV como la fuente mítica de las especias, llevadas al otro lado del mundo por una cadena de comerciantes que incluía entre otros a chinos, índios, árabes y venecianos.

En 1511 llegaron los portugueses, como parte de aquella fulminante expansión portuguesa que habían iniciado dos décadas antes en África e India. En junio de ese mismo año tomaron por la fuerza el centro comercial de Malaca, en la península malaya, y de inmediato Albuquerque envió una misión encabezada por su comandante Antonio de Abreu en busca de las míticas islas de las especias, el famoso Moluco en el archipiélago de la actual Indonesia.

No confundir los dos lugares. El primero era un puerto gobernado por un sultán en tierra firme y el segundo es un conjunto de islas al sur de Filipinas que, por lo intrincado de su localización, los portugueses dieron en llamar el lugar loco o maluco. También era gobernado por un sultán, pero la población era micronesa, no malaya.

La tradición ha mantenido el misterio acerca de la participación de Magallanes en aquella expedición, ya que según el biógrafo español Antonio de Arguensola, el portugués que habría de circunavegar el planeta pocos años depués, en 1519, habría estado en las islas. Lo más probable es que no haya sido así, sino que obtuvo la valiosa información sobre la ruta hacia la especiería y la llevó consigo hasta España, que le financió el viaje para llegar a ellas por la larga ruta del Pacífico (1).

Los otros dos comandantes de la expedición portuguesa fueron Francisco Serrao y Afonso Bisigudo. El primero era sobrino de Magallanes y se quedó a vivir en Ternate donde sirvió como mercenario del sultán Bayan Sirruleh, hasta que murió en condiciones misteriosas en 1521, justo cuando Magallanes era asesinado en Filipinas.

Un hecho conocido es que Francisco Serrao o Serrano escribió a Magallanes cartas que llegaron por la vía portuguesa describiendo la riqueza de las islas, como una especie de El Dorado para cualquier conquistador osado. Aparentemente, Serrao vivió sus últimos años al estilo de un pequeño rey local, una imagen que siguió rondando la imaginación europea en los años posteriores.

Con todo, la presencia portuguesa en la zona concentró de inmediato el recelo de españoles, holandeses e ingleses, que codiciaban el control de la fuente misma de la especiería. Habrían de pasar algunas décadas para poder desplazar a los lusitanos de esa posición privilegiada.

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Charles Corn. The Scents of Eden. Ed. Kodansha America Inc., Nueva York, 1998, pp. 37-55.

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