domingo, 1 de marzo de 2009

Un enfoque diferente

Las maravillas orientales que se acumularon en México a lo largo de tantos años pueden servir tanto para el deleite estético contemporáneo como para corroborar el grado de opulencia y derroche que tenían las élites coloniales en la Nueva España.  Para los novohispanos, la producción y envío de plata en el galeón, a fin de adquirir las riquezas y lujos de Oriente, se consideraba  en sí mismo un fin productivo. Para la inmutable mentalidad colonial, no era necesaria la producción local de manufacturas, sino el comercio de productos a cambio de la plata que se sacaba en México. La experiencia del galeón refleja fielmente la mentalidad española del siglo XVI, que en un primer momento fue útil para hacer frente a la inmensa vastedad del Pacífico y a la diversidad de los pueblos que lo habitan, todos de pronto bajo la corona de España. No obstante, fue una mentalidad que no se atrevió al cambio. 





Es muy curioso constatar que en la actualidad el tema del galeón de Manila provoca sueños de grandeza en muchos historiadores mexicanos, que prefieren hablar de las riquezas antes descritas, y se olvidan con alarmante frecuencia de que en las bodegas de los galeones, junto con la seda y los marfiles, se trasladó una gran corriente de mano de obra forzada hacia ambos lados del Pacífico.  En mi opinión, los historiadores de México y de otros lugares de América Latina deben asumir su responsabilidad, dar un nuevo enfoque a sus investigaciones y  tratar de rebasar el simple placer estético del Galeón de la Plata. Ello enriquecerá sin duda la comprensión de las otras vinculaciones que han dejado huella tanto en Asia como en México.
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