jueves, 11 de marzo de 2010

Travesía 3

El pragmatismo distinguió en todo momento a la acción de los jesuitas en su búsqueda en el Oriente.

A fines de 1545, después de los esfuerzos misioneros en el sur de la India, Francisco Javier fue a Malaca. De ahí se dirigió a Amboina en las Molucas en busca de nuevos conversos. El poder militar portugués se reducía a algunos fuertes que protegían el comercio de especias, todavía en aquel momento un monopolio lusitano. Los españoles tenían prohibido acercarse a las islas, como resultado del Tratado de Zaragoza de 1529.

Sin embargo fue en ese espacio donde se encontraron los españoles que venían de América y los jesuitas que se amparaban en la potencia portuguesa. En marzo de 1546, los miembros de la expedición de Villalobos, que habían salido dos años antes de la Nueva España, se encontraban inesperadamente en la isla de Amboina. Entre ellos se encontraba Cosme Torres, quien quedó fuertemente impresionado por Francisco Javier. Así lo afirma:
(...) en la primera vista que lo vi, sentí en mí una decha de amor que me atravesó el corazón que de ahí en adelante siempre me pareció que era imposible a mi poder vivir apartado de su santa conversación. Y con todo eso aquella hora resistí al Espíritu Santo que me llamaba.
En mayo de 1546, desde Amboina, Francisco Javier escribió al rey de Portugual que hacia falta instaurar la Santa Inquisición en sus posesiones en Oriente. Al año siguiente, después de una breve estancia en Terrenate, regresó a Malaca. Aquí, en diciembre, un comerciante portugués, Jorge Álvarez, escribió un informe extenso sobre el recién descubierto Japón.

El 10 de enero de 1548, Francisco Javier escribió desde Cochín, en el sur de la India, acerca de su viaje a las islas de la Especiería y reveló sus planes de ir a Japón, mismos que tomarían forma un año más tarde.

Después de su experiencia en la India, consideraba la misión japonesa como una posibilidad para escapar del control de la burocracia portuguesa que impedía poner en práctica las máximas cristianas al estilo jesuita.

La nueva orden religiosa aprendía con rapidez de los errores cometidos por sus hermanos frailes. En la mente de los misioneros jesuitas comenzaba a madurar la idea de que la transmisión del mensaje cristiano en Oriente quizás debería ser distinto al empleado hasta entonces, debido a la complejidad de las culturas de aquel continente.
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