domingo, 31 de enero de 2010

Rumbo al Oeste


¿Ambición, osadía o terquedad? Es muy dificil medir la fuerza que animaba las acciones de Hernán Cortés, siempre insatisfecho con lo que tenía. En 1536, siete años después de la cesión del rey Carlos V en el Tratado de Zaragoza de las improbables posesiones en las islas de la especiería, el conquistador Cortés preparó una nueva expedición, ésta vez a cargo de Hernando de Grijalva. El pretexto era respaldar a Francisco Pizarro en su expedición para la conquista del oceáno Pacífico.
Cortés mando dos barcos que zarparon del puerto de Acapulco rumbo al Perú: el Trinidad, al mando de Fernando de Alvarado, y el Santiago, capitaneado por Hernando de Grijalva. El primero retornó muy pronto a México y se cree que dio vista a las islas de los Galápagos.
Grijalva, en cambio, aceptó gustoso el encargo que Pizarro le dio, y en abril de 1537 salió del puerto peruano de Paita con su barco el Santiago rumbo al Oeste. Después de un recorrido de más de 2,700 millas, siguiendo siempre la línea equinoccial, llegó la expedición a una isla que se supone sea hoy la llamada Christmas, en el 2°N. y 158° O. Continuando al poniente, pasaron por otra isla, que llamaron los Pescadores, mil millas más al Oeste, que se identifica como una de las islas Gilbert.
El capitán decidió seguir adelante, siempre hacia el Poniente, pero la tripulación, hambrienta y desalentada por la poca importancia de los descubrimientos, y con el navío en muy malas condiciones, se amotinó y dio muerte a si capitán. Sin embargo, el barco continuó con el mismo rumbo que había traído desde la salida y llegó a una isla de la Nueva Guinea, donde todos los marineros fueron capturados por los nativos.
Dos años después el gobernador portugués de las islas Molucas, Antonio de Galvao, rescató siete de los supervivientes, según refiere él mismo en su Tratado dos Descobrimentos.
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Carlos Prieto, op.cit., pp.75-76.

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