sábado, 8 de mayo de 2010

Entre América y Asia

De la misma manera en que exploradores y comerciantes buscaron por décadas la ruta asiática desde la Nueva España -y la manera de regresar-, los religiosos de varias órdenes católicas en América mantenían la esperanza de alcanzar China en aras de la predicación.

La influencia de Martín de Valencia, muerto en 1533, había dejado una huella muy importante entre aquellos primeros misioneros que fueron testigos del terrible período de la conquista española en México, muchos de ellos, por cierto, acérrimos críticos de los métodos empleados por los conquistadores.

A sus 70 años, el primer obispo del nuevo reino, el franciscano Juan de Zumárraga, se vió atraído también por la idea de viajar a China y expuso sus planes al príncipe Felipe II. Eran los años en que daba inicio la veneración de la Virgen de Guadalupe en México, bajo el impulso de este singular misionero. El obispo propuso elevadas razones para propagar la fe católica por medio de un proyecto misionero que incursionaría en China.

En una carta escrita el 21 de febrero de 1545 y firmada junto con fray Domingo de Betanzos, fundador en México de la Provincia Dominica de Santiago, el obispo Zumárraga expresa el agradecimiento a Felipe II por la autorización para embarcarse hacia China. Reitera ante todo el interés religioso de esta expedición:
Plega a la divina Clemencia del Salvador, que desea la salvación de todas las almas, que en la buena dicha de nuestro padre nuestro Rey Cristianísimo que Dios sobre todo guarde, nosotros acertemos en aquellas gentes de tanta razón y policía, á quien el santo varón Fray Martín de Valencia intentó de ir, en quien empleemos nuestros deseos en los pocos años que nos quedan de vida.
"Gentes de razón y policía", es la frase más empleada para hablar indistintamente de chinos y japoneses, como pueblos cultos y de buen gobierno. El obispo ofrece también beneficios tangibles para la conquista espiritual de aquellas naciones:
(...) y su Magestad y Vuestra Alteza por muchos gocen de su conversión y riquezas, en aumento de la fé católica y de la corona real.
No obstante, aún con el permiso del principe, la posibilidad de que se llevara a cabo aquella empresa a cargo de gente muy mayor se antojaba humanamente imposible. Además, razones de tipo político y el peligro de descuidar las responsabilidades en México fueron diluyendo la expedición.


(...) Y cuando en buen hora sea á nos venida la licencia de Su Santidad yo el Obispo me vea descargado (...) no tendremos mas que esperar sino irnos á embarcar (...) deseando ser nosotros menos cargosos, le habemos dicho que con solo un navío nos contentaremos.
Se aludió en ese momento a la inminente realización de una reunión del capítulo provincial y a fin de cuentas el Papa Paulo III se opuso a la iniciativa, probablemente por razones geopolíticas, ya que los jesuítas tenían también sus ojos puestos en Japón y China.

Formaba parte de este grupo otro misionero utópico y soñador, fray Bartolomé de las Casas quien, estando en España, se había comprometido a ir a Roma, como procurador de Zumárraga, con el propósito de conseguir la licencia del papa Paulo III para dimitir de su cargo de obispo. Zumárraga mandó a Las Casas 500 ducados para el viaje a Roma, pero el dominico ni viajó a Roma ni se unió al grupo misionero, pues ese mismo año aceptó el obispado de Chiapas.
Sin el permiso del Papa, Zumárraga tuvo que suspender su misión a China.
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Francisco Morales. De la utopía a la locura. El Asia en la mente de los franciscanos de Nueva España: del siglo XVI al XIX, en Órdenes religiosas entre América y Asia. Ideas para una historia misionera de los espacios coloniales Elisabetta Corsi, coordinadora. El Colegio de México, 2008, p.69.

Estanislao J.de Labayru y Goicoechea. Vida del ilustrísimo y venerable bizcaino D.Fr. Juan de Zumárraga. Natural de Durango. Primer Obispo y Arzobispo de Méjico, Bilbao, Imprenta y Encuadernación La Propaganda. 1896. p. 298-304.
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