sábado, 3 de octubre de 2009

El mundo en una nuez 1

A fin de contrarrestar el avance portugués en Asia, la corona española intentó de muchas maneras penetrar en la región, primero desde Europa (por medio del intrépido viaje de Magallanes) y después desde tierras americanas, principalmente desde la Nueva España.

La fiebre producida por el interés de conquistar la fuente misma de las especierías había dominado a toda una generación desde la época de Cristobal Colón y estaba en el espírtu de los monarcas españoles, de sus científicos y eruditos, y de aquellos generales y misioneros que en las tres primeras décadas del siglo XVI habían conquistado América. No satisfechos con lo que tenían, su interés inocultable era llegar y dominar las míticas islas de las especias.

En las próximas entregas navegaremos por aquellos planes y expediciones, tal como quedaron plasmados en diarios de viaje, ordenanzas reales emitidas desde España, cartas de relación y tratados suscritos por los poderes europeos para recomponer a su favor el tablero internacional. Lo curioso de todo ello es que la lejanía y el desconocimiento de la fuente de las preciadas especias fue parte fundamental del enfrentamiento entre potencias europeas, muy al estilo de lo que ahora vivimos con el caso del petróleo y otras materias primas en nuestra época.

El mundo se simplifica en la mente de los poderosos, como si fuera una nuez, y así fue vista esa región al inicio del seiscientos. Ambición e incertidumbre como factores principales del diseño estratégico del control mundial.

En ese período, el emperador Carlos V, heredero del enorme Sacro Imperio Romano, aprendió y logró dominar las reglas del juego, atacando desde distintos flancos a los portugueses y después tratando de controlar a holandeses e ingleses. Prevaleció en él su responsabilidad como soberano europeo incluso por encima de su papel de rey de España, por lo que realizó repliegues tácticos para consolidar su poder global, como la firma en 1529 de los Tratados de Zaragoza, que concedieron el control de las islas Molucas a la corona portuguesa, tal como veremos más adelante.

El intenso choque entre Portugal y España en las antípodas de Europa

Será muy util para el propósito que nos ocupa, recoger un resumen elaborado por Carlos Prieto, padre del gran músico y escritor mexicano del mismo nombre, quien escribió un breve y suculento libro con este tipo de reflexiones, y en el que se puede observar el empuje pertinaz de los españoles por alcanzar el continente asiático (1).

1513. Vasco Núñez de Balboa, con sesenta y siete compañeros -entre ellos Francisco Pizarro-, contempla por primera vez el Pacífico, el 25 de septiembre de 1513, al que denomina la Mar del Sur.

1519-1522. Primera vuelta al mundo por la expedición de Magallanes, consumada por Juan Sebastián de Elcano. La expedición zarpó de Sanlúcar de Barrameda el 20 de septiembre de 1519, con doscientos sesenta y cinco hombre y cinco naves, para que llegase a las Molucas. Salieron del Pacífico a través del estrecho que lleva su nombre (52° latitud Sur y 70° longitud Oeste), habiendo llegado cien días después a la rimera isla habitada, la Isla de Guam (12° latitud Norte y 145° lngitud Este) hasta tocar con las islas Filipinas.

Magallanes fue muerto en las Filipinas por los naturales, pero la expedición continuó, llegando a la meta que se proponía: las Islas Molucas. Reducida la flota a dos naves, la Trinidad y la Victoria, se quedó la primera en las Molucas, y la Victoria , al mando del vascongado Juan Sebastián Elcano, el 6 de septiembre de 1522, con dieciocho hombres, lográndose así por primera vez la vuelta al mundo.
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Carlos Prieto. El Océano Pacífico: Navegantes españoles del siglo XVI. Alianza Editorial, Madrid. Segunda edición en "El libro de Bolsillo", 1984. pp 152-157.

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