martes, 1 de octubre de 2013

Biblioteca Digital Mexicana

Un grato encuentro en internet. Así es la presencia de la Biblioteca Digital Mexicana que forma parte de CONACULTA o Consejo Nacional de la Cultura y las Artes. Un repositorio electrónico creado a fines de 2010 en común acuerdo por el Archivo General de la Nación, la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia, el Centro de Estudios de Historia de México CEHM-Carso y el mencionado Consejo.

"Hoy en día muchos archivos y bibliotecas están digitalizando sus fondos y abriendo páginas de internet donde muestran una selección" se indica en la presentación de la página. "La novedad de esta iniciativa es que es interinstitucional en su dirección y en su convocatoria", así que el acervo podrá mostrar documentos depositados en diversos archivos y con ello la riqueza documental del país dentro y fuera de él.

La doctora Andrea Martínez Baracs preside este modesto gran proyecto.

La Biblioteca cuenta ya con importantes documentos en línea, como los códices Chavero de Huexotzingo,  Colombino,  Huamantla, Sigüenza. También figura un Catecismo Testeriano (1524), el Códice Totomixtlahuaca (c. 1570) y el libro en náhuatl Huey Tlamahizoltica (1649), documento clave para la historia guadalupana. El códice Techialoyan de Cuajimalpa y la serie de Códices del Marquesado del Valle, ambos reconocidos como Memoria del Mundo por la UNESCO.




Para los lectores interesados en el Pacífico también hay prometedores encuentros:

El testamento de don Rodrigo de Vivero, Gobernador y Capitán General de la Ciudad de Manila y sus Yslas, sin fecha, que forma parte del Patrimonio cultural del Tecnológico de Monterrey.

La Mapoteca Manuel Orozco y Berra aporta dos planos y un mapa de 1780 con las costas occidentales de la Nueva España, California, Japón, Mindanao y Célebes, así como un plano de la Bahía de Manila y otro del puerto de Acapulco.

José María Montes de Oca, Vida de San Felipe de Jesús. Protomártir del Japón y Patrón de su Patria, editado en México en 1801 y que constituye un magnífico ejemplo de la iconografía del siglo XIX que educó a varias generaciones acerca de los acontecimientos en Japón. Una especie de fotonovela que reboza de imaginación.

Felicidades a la doctora Martínez y por supuesto a los lectores por este tipo de nuevas instituciones digitales.


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