sábado, 24 de agosto de 2013

Un gobernador de Tlaxcala a Filipinas

En esta ocasión invito a los lectores a conocer un pasaje de la administración española al inicio del siglo XVIII, época de activo movimiento de administradores bajo el dominio Borbónico, que recorrieron Europa, América y Filipinas, casi siempre en un contexto de crisis y de fallida reforma. Este es el caso de un gobernador español que sobrevivió a un motín popular en Tlaxcala, México; participó luego en la Guerra de Sucesión en Europa, y en premio fue enviado a Manila, donde encontró dramática muerte. Personajes como el que nos ocupa, más que virtuosos, son ejemplo de una maquinaria imperial en crisis que mostraba sus fallas estructurales y dificultades políticas a lo ancho del planeta.

El historiador español Florentino Rodao ofrece el siguiente contexto histórico: ¨Para España, la Guerra de Sucesión y la subida de los Borbones al trono hispano supuso una revitalización de la presencia ibérica en Manila, que se puede percibir desde la llegada del primer gobernador producto del nuevo régimen: Fernando Manuel de Bustamante y Bustillo (1717-1719). Los Borbones portaron una nueva mentalidad dentro del Imperio Español que intentaría aprovechar sus posibilidades comerciales; en el caso de las Filipinas se puede percibir con la fundación de la Real Compañía de las Filipinas y con la apertura del puerto de Manila, ambas en 1785".

Es difícil trazar un corte exacto en cualquier proceso histórico, aunque en este caso se advierte la presencia de una nueva mentalidad administrativa de la metrópoli. Más comercio y menos colonización, parecía el lema de la época, sin embargo, las inercias generadas por el control anterior, basado en prebendas hacia los colonizadores y el intento de ocupar físicamente los territorios, parecían prevalecer en todo el sistema imperial. La breve estancia de Bustamante en los diversos puestos ofrece la oportunidad de hacer una revisión de estas contradicciones. En un ensayo escrito por un historiador filipino contemporáneo, Ferdinand C. Llanes, se discute en detalle sobre el significado para Filipinas de la transición en la administración desde la llegada de los Borbones al poder y coloca nuevas interrogantes en la interpretación histórica de este pasaje.




Tlaxcala-Manila-Ayuthaya-Manila

Don Fernando Manuel Bustamante Bustillo y Rueda nació en el valle de Toranzo, Santander, en 1663. Era señor y pariente de las casas solariegas e infanzonas de Bustillo de la Herrán, por lo que gustaba firmar cambiando sus dos primeros apellidos, de ahí que se genere confusión en las fuentes históricas. No hablaremos aquí de su infancia, pero podemos decir que a los 27 años se le encuentra ya en un cargo de importancia en América.

Llegó a México el 10 de octubre de 1690 como Gentilhombre del Virrey Conde de Galve, "que lo nombró Alcalde Mayor de Tlaxcala, dándole al mismo tiempo el grado de Teniente de Capitán General, que antes se concedía a todos los alcaldes de aquella provincia".  Llegó en un momento de turbulencia en el gran reino americano y le tocó vivir la insurrección popular contra las medidas dictadas por el Virrey para controlar el abasto de grano en la ciudad, el famoso Gran Tumulto del 8 de junio de 1692, del que ya hemos hablado en otra ocasión.

Apenas unos días más tarde, el 14 de junio de 1692, y también por la furia popular causada por la carestía de maíz, la pacífica Tlaxcala también se levantó en tropel contra el palacio de gobierno. La respuesta de Bustillo Bustamante fue tratar de dominar con su reducida guardia a la muchedumbre, compuesta esencialmente de población indígena, pero sus asistentes lo disuadieron ante la evidencia de que tenían poca capacidad para resistir a una gran multitud. La historiadora Concepción Pajarón Parody, en un estudio clásico escrito hace medio siglo, cuenta de esta manera aquel momento, basada en las crónicas del Ayuntamiento de Tlaxcala:

"Ordenó a su teniente general, don Amador de Mirafuertes, que guardara las bocacalles de la plaza. Al mismo tiempo manda al Cabildo de la ciudad y a la nobleza de los naturales que traten de apaciguar los ánimos, valiéndose de cuanto medios fuese necesarios. (...) El Ayuntamiento de Tlaxcala escribe al Rey en 13 de julio de aquel mismo año para informarle sobre el suceso y dice que a eso de las tres de la tarde algunos naturales, privados de sus sentidos, prendieron fuego al Palacio, que han habitado en todos los tiempos los gobernadores que han sido de esta provincia y al presente habitaba don Fernando Manuel de Bustamante, como gobernador actual y teniente de Capitán General"
"De nada le valieron los esfuerzos realizados para contenerlos. A una señal que uno de ellos hizo, embistieron con tanta furia y arrojo que atropellaron a los españoles que guarnecían el Palacio y le pegaron fuego durando la lucha unas tres horas. El Alcalde Mayor, entretanto, sólo tenía para defenderse veinte arcabuceros, que actuaron con valentía. Pero como los indios eran tantos, y el fuego crecía velozmente los más abandonaron el palacio para salvarse. Quedó Bustamante con sólo seis hombres, defendiéndose con valentía hasta que viéndose acosados por los indios, y por el fuego, sin más recursos que el del cielo y su valor, resolvió salir por una puerta falsa y acompañado de los seis hombres que le quedaban llegó a la Plaza a pie, armado de rodela y alfanje. El teniente general, con doce hombres, acudió a socorrerlos, logrando con tan poca gente que los indios se retiraran y abandonaran la ciudad"
"Hecha la calma, el primer cuidado de Bustamante fue salvar el Palacio que estaba ardiendo. Sólo se quemó la antesala, otra pieza inmediata al cuarto del Alcalde y el Archivo (...) De la refriega salió Bustamante lastimado en una pierna. Perdió sólo tres de sus hombres mientras los indios tuvieron más de doscientos muertos".
"El desvelo que sentía por sus vasallos se hizo patente en los días que siguieron al motín. Animó a los vecinos asustados por la superioridad numérica del enemigo y los organizó en milicias para contener a los indios que amenazaban con bajar de nuevo a pegar fuego a todas las casas de los españoles" (...) Esta enérgica actitud desanimó a los sublevados y cuando los esperábamos  que volviesen crueles a la venganza vinieron humildes y rendidos a dar obediencia y disculparse unos con otros, ciento veintisiete pueblos que tiene la provincia"
Desde la Ciudad de Veracruz se enviaron fuerzas militares para controlar a la provincia y Bustamante fue llamado a la Ciudad de México para dar cuenta de sus acciones. En un memorial dirigido al Rey intentó explicar que el motín fue causado por los indígenas y propuso que se les aleccionara con la destrucción de dos pueblos, San Bernardo y Santa Cruz, donde habían saqueado los graneros. Afortunadamente no se tomó tan drástica medida. Fue exculpado y repuesto en su cargo donde se mantuvo hasta el fin de su mandato. Cabe señalar que algunos cronistas sospechan que el maíz y trigo tomado por la población pertenecía precisamente al Gobernador.

Regresó a Europa, donde tuvo un papel destacado en la Guerra de Sucesión, lo que le redituó ser nombrado como Gobernador en Filipinas en 1717. Entre tanto obtuvo reconocimientos como miembro de las órdenes religioso-militares, incluyendo la de Santiago. Fue partidario en todo momento de la casa de los Borbones y se tiene noticia de que estuvo en Cadiz "defendiendo la Bahía del ataque de ingleses y holandeses y tomó parte en otras campañas por tierras andaluzas".

Volveremos a ver a este personaje en la lejana Manila (alejada de la península y la corte por supuesto), pero no como un castigo, sino como un reto en su carrera.  Zarpó de Acapulco en el galeón Santo Cristo de Burgos y en los primeros días de julio de 1717 llegó al puerto de Bacón, donde tuvo que dejar a su mujer gravemente enferma pues en la travesía había dado a luz a dos mellizos. Concepción Pajarón comenta: "Difícil debía ser la situación del Archipiélago, pues Bustamante no duda en abandonar a su mujer en aquel estado, marchando por tierra para hacerse cargo del gobierno lo más pronto posible". Pocos días después  ella moriría.

El final de su recorrido

Al inicio del siglo XVIII, la vida en Filipinas había llegado a un estado de conflicto dominado por los diversos sectores que se aprovechaban del comercio del galeón, así como de la explotación de la población indígena. Comerciantes, burócratas llegados desde España y México, religiosos y aventureros medraban con esta situación. Un primer intento de colocar orden en el caos fue el nombramiento de Fernando Manuel de Bustillo Bustamante y Rueda, un representante de las ideas reformadoras en España que enfrentó una serie de problemas "con mejor voluntad que fortuna", como apunta Concepción Pajarón.

En el contexto concreto de los acontecimientos de Filipinas, Bustillo Bustamante heredaba una tremenda serie de conflictos en el que las órdenes religiosas se habían enfrentado con los administradores anteriores y entre ellas mismas. Estancamiento económico, corrupción y una plaga de langostas que había destruido la cosecha de arroz por esos años. Este estado de conflicto se percibía en otras latitudes, como lo pudo atestiguar el propio funcionario durante su etapa en México.

Una de sus primeras acciones fue tratar de recaudar ingresos que no habían sido pagados a las Cajas Reales. Para exigir el pago de impuestos a los funcionarios retuvo el situado, o subvención real en plata que traía consigo en el galeón, lo que generó la primera gran fricción con la clase política de las islas. También intentó resolver la caída del comercio con los países vecinos que abastecían el galeón, especialmente China y los reinos del sudeste de Asia. La presencia de holandeses e ingleses en la región había afectado gravemente al emporio manilense y el contrabando penetraba por todos los poros del comercio local.

En una entrada anterior habíamos hablado brevemente de los primeros intentos del gobierno colonial en Filipinas de acercarse a Siam, la actual Tailandia, para fortalecer el comercio y eventualmente construir galeones. El antecedente inmediato del que hablábamos es precisamente una embajada enviada en 1718 a cargo de su sobrino don Gregorio Alejandro de Bustamante y Bustillo, para fortalecer el comercio con Siam. En febrero de 1719 también autorizó una misión comercial a Tonquín, hoy Vietnam, probablemente en busca de sedas. Salieron también enviados a comerciar con Macao, Cantón y Madrás, así como a Batavia, bajo el dominio holandés.

En el caso de Siam, en papel obtuvo un excelente acuerdo con el Rey que gobernaba en la ciudad de Ayuthaya, con capitulaciones muy provechosas para la Corona española, como la autorización para la construcción  de barcos en suelo siamés, con la posibilidad de comprar y usar madera y hierro local a buenos precios. A excepción del salitre y el marfil, que eran estancos propiedad del Rey, se autorizó a los españoles a comprar libremente toda clase de productos para su venta en Manila o en la Nueva España.

"En compensación, explica Concepción Pajarón, los siameses gozarían de total exención de tributos en Manila. Los barcos y embarcaciones que llevaran salitre, hierro, plomo, arroz y otros artículos, tampoco pagarían derechos de entrada y salida y a los comerciantes se les permitiría llevar sus mercancías a Manila".

En suma, todas estas acciones comerciales, más el intento de hacer que los morosos pagaran sus impuestos fueron motivo de que muchos lo acusaran de utilizar el cargo para beneficio propio, como era usual en los funcionarios que llegaban por poco tiempo a tan lejanas tierras. Pero el asunto que descarriló su gobierno y acabó con su vida fue haber tocado los intereses de la iglesia.

Con el propósito de hacer valer una orden de arresto contra un contador que se había refugiado en la Catedral (ni más ni menos que en posesión de los archivos de gobierno) el Gobernador ordenó violar el principio de santuario que garantiza en recintos religiosos la protección de los perseguidos por la justicia civil. A pesar de que se solicitó la intervención del Arzobispo de Manila Francisco de la Cuesta, no se hizo entrega del contador, de tal modo que Bustamante y Bustillo envió a las fuerzas del orden y detuvo al propio Arzobispo. Ofendidos por la acción de fuerza, Franciscanos, Dominicos y Agustinos salieron de sus conventos y el 11 de octubre de 1719 se reunieron frente a la casa del Gobernador  La respuesta del experimentado militar fue lanzar la artillería contra la multitud, pero con tan malos resultados que el recinto fue ocupado por los manifestantes. No obtuvo respuesta de su propia guardia y blandiendo su sable, el Gobernador se enfrentó a los insurrectos que en poco tiempo dominaron la situación y le dieron muerte. Su hijo murió en el mismo hecho de sangre.





Su periodo de gobierno duró escasos 15 meses pero dejó una huella profunda en el imaginario popular filipino. A su muerte, cada acción realizada por el Gobernador fue utilizada por los perpetradores, especialmente por las órdenes religiosas, para acusarlo de abusos y mal gobierno. Otra versión es que su muerte se debió a una revuelta popular incitada por la escasez de arroz.

Paradojas de la historia, en México estuvo a punto de la muerte por el maíz y en Manila por el arroz.

El Arzobispo de Manila, Francisco de la Cuesta fue liberado de la prisión en donde estaba encerrado y asumió el cargo interino de Gobernador. Con todo, el Rey de España ordenó en julio de 1721 su destitución y fue enviado a Michoacán, México. Fue consagrado en el cargo como Obispo de Michoacán el 18 de abril de 1724, pero murió un mes más tarde, el 30 de mayo, a la edad de 63 años.


El legado económico de Bustamante y Bustillo tampoco fue de largo alcance. Apunta Florentino Rodao que "Las presiones de los mercaderes de Cadiz y de Sevilla limitaron el comercio del Galeón a aquellos productos que no se remitieran después, desde Nueva España, a la península y en enero de 1718 motivaron un decreto real prohibiendo a los galeones cargar seda de la China, elaborada o no. La falta de comercio con China, la imposibilidad del gobierno de pagar las tasas de Macao y Cantón y esa falta temporal de arroz -por la ya mencionada plaga de langostas y por los problemas de distribución- azuzaron la búsqueda de alternativas para que no decayese el comercio exterior".

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Ambeth Ocampo. Murder in 1719.  Inquirer, Manila, 15 octubre 2010.

Concepción Pajarón Parody, El Gobierno en Filipinas de Don Fernando Manuel de Bustamante y Bustillo (1717-1719), Escuela de Estudios Hispano-Americanos, Sevilla, 1964.

Florentino Rodao García. Españoles en Siam, 1540-1936: Una aportación al estudio de la presencia hispana en Asia. Biblioteca de Historia. Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Madrid, 1997.

Ferdinand C. Llanes. The trade mission to Siam in 1718 in the context of Filipinas-Siam relations and Southeast Asian history. Asian Studies, Volume 35, 1999.
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