sábado, 9 de febrero de 2013

Catedral de Pekín

Hoy se festeja en China el Año Nuevo Lunar. Millones celebran en familia comiendo ravioles y lanzando bengalas y petardos. La noche se llena de luces y un ruido ensordecedor revive una tradición milenaria. 

En esta fría mañana de febrero he visitado la Catedral del Sur, fundada en 1605 pot Matteo Ricci y Diego de Pantoja, misioneros jesuitas que lograron penetrar el infranqueable imperio chino durante los últimos años de la dinastía Ming (1368-1644).


La construcción que ahora se erige al suroeste de la Plaza fue construida en 1904. Dos edificios anteriores fueron demolidos por su decadencia o por las campañas contra los extranjeros. 



La increíble historia de la primera misión jesuíta está llena de misterio y controversia, por la capacidad de aquellos pioneros en el aprendizaje del idioma y la cultura china y, bajo el concepto de la adaptación, la habilidad para establecer un diálogo entre el cristianismo y el confucianismo. En pocos años lograron grandes avances en su obra misionera y también el rechazo de sectores de la élite imperial. En este blog he hablado del asunto de la controversia de los ritos.



¿ Qué vieron, cuánto pudieron comprender de una cultura tan ajena a su propio mundo? Eso es motivo de estudio contemporáneo. Quizás sólo fueron atisbos, vislumbre o postales, como ha apuntado Manel Ollé. 


Matteo Ricci murió el 11 de mayo de 1610 en Beijing (Pekín), por exceso de trabajo. El emperador Wan Li concedió de manera excepcional que un extranjero fuera enterrado en suelo chino y su tumba se encuentra aún en esta ciudad. 



Una reflexión general nos obliga a pensar en la enorme capacidad de aquellos personajes que se desplazaron al otro lado del mundo y crearon una empresa humana formidable, con gran visión y con las habilidades terrenales del comercio.


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