jueves, 31 de enero de 2013

Los negocios del Marqués de Cañete, 1590

A la distancia del tiempo, según la sabiduría popular, se olvidan las penas y las dificultades, pero también se ocultan muchas de las incómodas verdades que han dominado al mundo. De hombres ambiciosos y corruptos se han forjado próceres de bronce o se les ha convertido en respetados ancestros. El comercio transpacífico, que como hemos visto incluía al triángulo entre Filipinas, México y Perú, tuvo alguno de aquellos personajes que aparecen en las páginas de la historia como destacados hombres de empresa. Es el caso del Marqués de Cañete.



Las notas siguientes son tomadas del libro del historiador peruano Fernando Iwasaki Cauti sobre  el comercio entre extremo oriente y Perú en el siglo XVI. Su prosa es magnífica y dejo a los lectores ese recuento.




Las reales cédulas que prohibieron el comercio privado entre las Indias orientales y occidentales durante el siglo XVI, merecen un lugar de privilegio en los anales de la ineptitud y el desacato, ya que nunca interrumpieron el lucrativo tráfico de plata americana y géneros asiáticos. ¿Cómo pudieron desafiar a la Corona un puñado de negociantes particulares?

La respuesta no hay que buscarla en la biografía de algún audaz contrabandista, sino en las conexiones transoceánicas de los burócratas coloniales. A menudo los investigadores han considerado a las gobernaciones estudiadas como unidades autónomas, olvidando que formaban parte de un imperio del que sus funcionarios y súbditos eran plenamente conscientes.

Así, la mayoría de las expediciones particulares dirigidas hacia China y Filipinas en el siglo XVI, contaron con el respaldo de una o varias autoridades civiles y eclesiásticas de los virreinatos, quienes proporcionaron navíos, contactos, licencias, información privilegiada y hasta fuertes sumas de dineros, a cambio de participar en los beneficios del negocio.

Dentro de estas coordenadas hay que entender la aciaga aventura comercial de García de Mendoza -octavo virrey del Perú- quien en 1590 despachó una nao a la China con más de trescientos mil ducados. La maniobra del marqués de Cañete bien podría ser considerada como el modelo de operación mercantil del funcionario corrupto del XVI, pues involucró a un heterogéneo conjunto de burócratas, comerciantes, aristócratas, estafadores y sacerdotes. La operación fue un sonado fracaso, pero demostró que algunas órdenes religiosas eran tan competentes en los negocios terrenales como en los espirituales.

Volveremos sobre el tema.

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Fernando Iwasaki Cauti, Extremo Oriente y Perú en el siglo XVI, Mapfre, Madrid, 1992, Capítulo V, pp 181-214.

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