martes, 1 de mayo de 2012

Relaciones tempranas sobre Filipinas

No es casual que los españoles fueran los primeros en describir Filipinas, por medio de sus narraciones de viaje, o de las relaciones geográficas que los misioneros acostumbraban escribir como parte de sus deberes hacia la administración colonial española. Una vez consolidada la presencia española en las islas, a partir del siglo XVII, el trabajo de evangelización incluyó la creación de diccionarios de las lenguas locales al español, lo que representa también una rica fuente de interpretación de las culturas.  

Una de las narraciones más notables que nos acercan al archipiélago filipino a principios del siglo XVI es El Primer viaje alrededor del mundo de Antonio Pigafetta, 1521. Sin duda es una descripción invaluable y aguda que todavía transmite el asombro ante paisajes y escenas completamente desconocidas en Europa.
Santo Niño de Cebú, siglo XVI

Los historiadores y antropólogos contemporáneos siguen encontrando en estos textos observaciones que permiten descorrer el velo que cubre la historia prehispánica de Filipinas. Las descripciones realizadas por los administradores y misioneros incluía una lista de preguntas esenciales sobre la geografía, el clima, los recursos naturales, el comercio, la población, su organización política y sus costumbres.


López de Legaspi Relación de las Islas Filipinas, 1570.

Miguel de Loarca Relación de las Islas Filipinas, 1582.

Juan de Plascencia Las costumbre de los indios tagalos de Filipinas, 1589 e Instrucción de las costumbre que antiguamente tenían los naturales de Pampanga en sus pleitos, 1589.

Anónimo, Codice Boxer, 1590.

Pedro Chirino Relación de las Islas Filipinas, 1604.

Antonio de Morga, Sucesos de las Islas Filipinas, 1609.

Francisco Colin, Labor evangélica, ministerios apostólicos de los obreros de la compañía de  Jesús, fundación y progresssos de su provincia en las Islas Filipinas, 1660.

Francisco Alcina Historia de las Islas e Indios de las Bisayas, 1688.

Adicionalmente, existen decenas de cartas de administradores y misioneros sobre todo franciscanos, dominicos y jesuitas, la mayoria recuperados por Blair y Robertson en su monumental obra de 55 tomos.

Es evidente que el propósito principal de estas descripciones era identificar elementos aprovechables para la colonización y dominio de las islas. La percepción de los europeos descubre rápidamente la existencia de recursos materiales de gran interés para el apetito colonial y -más sorprendente aún- la posibilidad de intercalar estructuras políticas afines al régimen de dominio europeo, sin destruir totalmente la red social y política existente. 

Una vez más, la experiencia previa de los ibéricos en América había mostrado la necesidad de actuar con prudencia ante la variedad de pueblos insulares en Asia. La existencia de mecanismos de trabajo forzado por deudas, tributos y sacrificios fue rápidamente adoptado para el objetivo del dominio hispano. En este terreno, las experiencias desarrolladas en México y Perú, las cortes criollas, brindaron también una impronta americana a la estructura social y política filipina.

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Mario D. Zamora (Coord.) Los indìgenas de las islas filipinas. Ed Mapfre Madrid, 1992. 

Laura Lee Junker. Raiding, trading and feasting: the political economy of Philippine chiefdoms. University of Hawai´i Press, 1999.
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