martes, 25 de enero de 2011

Consumo

Descanse en paz Don Samuel Ruiz

La ecuación central del consumo está relacionada con la capacidad de producir bienes conforme a las condiciones técnicas disponibles y los medios para distribuirlos. La América hispana y Filipinas comparten una historia cambiante e intensa de cambios en los patrones de consumo, que corresponden a su inserción temprana en la economía mundial, bajo el imperio español. El cambio más importante, porque modificó de raíz las formas de producción, distribución y consumo en tierras de América y Asia, fue la imposición de un modelo mediterráneo que incluía sus propios productos naturales y manufacturas, desde el trigo, la vid, los aperos de labranza, los medios de transporte, pesos y medidas.

Hemos abordado el tema de la transformación del consumo anteriormente, señalando el cambio radical de la producción agrícola en América, que llevó a los pueblos originarios a sobrevivir simultáneamente en dos economías: la de autoconsumo, con los productos de la tierra, como el maíz, y la europea en América, que privilegiaba el trigo.

En un plano más amplio, el consumo en América fluctuaba conforme a los cambios que ocurían en la metrópoli. La exacción, demanda usurera sobre los recursos de los pueblos indígenas, fue el método privilegiado, condenando a esas poblaciones a la marginalidad y el autoconsumo. Más tarde, en el apogeo del período virreinal desde Nueva España a Perú y aún en Filipinas, la búsqueda del control sobre el consumo de esos mismos pueblos llevó a los comerciantes peninsulares y criollos a imponer productos que la población indigena debía adquirir. Ya en el siglo XVIII era obligado que los pueblos indígenas consumieran las nuevas manufacturas que vomitaba la naciente industria europea. Fue la aplicación de un modelo mercantil que causó estragos en la economía indígena.

"El consumo forzado también demostró de manera precisa la amplia brecha industrial y cultural entre los centros florecientes del capitalismo atlàntico y los escasos medios adquisitivos y valores campesinos de un mundo distinto y alejado. Mientras que una revolución del consumo constituida por miles de ansiosos consumidores en Gran Bretaña inspiró inversiones cada vez más grandes en los molinos de Lancastershire, sus productos tenían que ser administrados forzadamente por la garganta de los reticentes consumidores en el altiplano de Perú" señala Arnold J. Bauer.
En las próximas entradas de este blog intentaré describir un aspecto fundamental de esta transformación del consumo: el tránsito de obras suntuarias en el medio virreinal, que por lo general se analiza desde la apreciación meramente estética y rara vez desde la perspectiva del dominio colonial.


Textos previos sobre este tema: marzo y mayo de 2009.
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Arnold J. Bauer, Somos lo que compramos. Historia de la cultura material en América Latina. Ed. Taurus, México, 2002, p. 160.
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