domingo, 10 de octubre de 2010

Imperios asiáticos

Una clave para comprender el conflicto que al inicio del siglo XVII generaba la presencia de misioneros católicos en China y Japón es que en esa etapa se consolidaban los poderes imperiales asiáticos, que habrían de dominar el espacio regional en los siguientes dos siglos. Había concluido el período de gracia que había permitido un siglo antes a los europeos, sobre todo a los portugueses en el siglo XVI, asentarse en el mar de China y en el control del comercio de especias.

Quien mejor retrata esa transición de época es, a mi manera de ver, O.K. Spate cuando señala que los europeos del siglo XVI habían llegado a un amplio espacio donde existía "un vacío de poder, ocupado sólo por pequeñas ciudades-estado comerciantes y por piratas." 1

"Había, claro está, muchos mercaderes chinos en los puertos de los mares del Sur, algunos de ellos bien afincados, pero sus actividades eran extraoficiales, como si dijéramos extralegales, y a veces, desde el punto de vista imperial, simplemente ilícitas. Sin embargo, un concepto análogo al de factoría, la comunidad mercantil extraterritorial en lo que respecta a la administración y (hasta cierto límite) la ley, pero no a la soberanía, era tan propio de Asia como lo era de la Europa hanseática y de las colonias venecianas y genovesas de Levante.

Esto facilitó enormemente la penetración comercial inicial, pero un siglo después el trato de los europeos con las grandes potencias, la India mogol, China, Japón cambió de signo y enfrentó el poder imperial algo que la historia eurocéntrica generalmente no observa, pues se limita a señalar la audacia de los comerciantes, exploradores y misioneros. En las historias misioneras se señala insistentemente la ceguera de los tiranos asiáticos, incapaces de entender la importancia del mensaje que los padres llevaban. Algo que resuena curiosamente en las quejas contemporáneas de empresarios y políticos ante la cerrazón de China.

O.K.Spate señala que en una primera etapa la presencia europea "se infiltraba bajo los términos asiáticos y muchas veces bajo fuertes restricciones. No así, a menudo, en los pequeños estados del sudeste asiático, zona de fractura geopolítica". El caso de Filipinas ilustra esa situación excepcional, pues malayos, chinos y japoneses venían utilizando tal espacio para comerciar libremente, sin necesidad de apoderarse del territorio, aún antes de la llegada de los europeos.

"Este escenario condicionó en gran medida los mecanismos del comercio europeo, y hace falta narrarlo para situar el drama que en Occidente se sigue viendo con demasiada frecuencia simplemente como la actividad enérgica y pintoresca de sus protagonistas europeos. En verdad era enérgica y pintoresca, pero la acción estaba moldeada por el escenario y por las reacciones muy enérgicas, a veces, de otros actores."

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O.K. Spate. The Spanish Lake, pp 205-206
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