domingo, 22 de agosto de 2010

San Felipe de Jesús (II)

El hecho más relevante de este primer santo criollo, Felipe de Jesús, es la utilización política que se hizo de su martirio, una suerte de "aparición" en el santoral mexicano. Habiendo sido un hermano lego, es decir un aprendiz de fraile, llegó a ser el primer Santo Patrono de la Ciudad de México en 1629 y desde aquellas fechas se encumbró como el beato más celebrado de México, con parroquia y fiesta propia, cada cinco de febrero. En 1638 un decreto del Rey de España determinó que Felipe de Jesús tendría una capilla en la Catedral de México y en 1689 la Real Audiencia extendió el privilegio para que la fecha de su muerte se convirtiera en día de Celebración Nacional, cívica y religiosa, rebasando el ámbito de la capital.


No es difícil adivinar el gran trabajo de cabildeo por parte de los padres franciscanos, entre otros, para obtener primero la beatificación en Roma en 1627 y luego para crear la devoción por el recién adquirido Santo en México a lo largo del siglo XVII. No obstante, las circunstancias que rodean su muerte, asi como las de los otros mártires, son de tanta importancia como su posterior trayectoria política en la Nueva España1.


A lo largo de los siguientes siglos la devoción por el santo Felipe se consolidó en la mente de los novohispanos, colocado apenas en un segundo escalón por debajo de la Virgen del Tepeyac y Juan Diego (este último llegó a ser santo hasta el año 2000), que tiene su fiesta el 12 de diciembre. La preeminencia de ella no requiere explicación debido a la profundidad de las raíces guadalupanas en el México prehispánico2, pero ello no impide reconocer la importancia social y política San Felipe en el México virreinal.



Un hecho demostrativo del interés político de convertir a Felipe en El Santo Mexicano se expresa en la capilla dedicada a él en la Catedral metropolitana, donde se guardan reliquias suyas y la pila donde se supone que fue bautizado. En ella reposan también desde 1838 las cenizas de Agustín de Iturbide, “primer emperador mexicano”. La canonización de Felipe de Jesús fue obtenida en 1862 al parecer por la intervención de la jerarquía católica mexicana interesada en coronar con ese símbolo la intervención francesa en México3.
Itrubide en la capilla dedicada a San Felipe de Jesús, en la catedral metropolitana de la ciudad de México.

Felipe de Jesús encarnó con su sacrificio el papel del nuevo criollismo de fines del siglo XVI, heredero del envalentonado criollo Martín Cortés (hijo del conquistador de México Hernán Cortés) que acabó con sus aspiraciones políticas en 1566 al enfrentarse contra el establecimiento centralizado y duro del virreinato. Es una etapa de transiciones, donde el horror de los primeros años de la conquista de México y la destrucción de la cultura indígena dejaban paso lentamente al mundo más o menos tranquilo y asentado de la Nueva España; ésta no era ni del todo española ni tan nueva, sino a los ojos de los criollos simplemente era la Otra España. Es también el período de la centralización virreinal que trajo consigo los elementos de estabilización gobernada por las horas de las misas y las ceremonias religiosas, por el control inquisitorial de la vida diaria.


1 Reiko Kawata, Ibidem., p 164-167.
2 El tema Guadalupano es inagotable, pero Robert Ricard (La Conquista Espiritual de México) y Jacques Lafaye (Quetzalcóatl y Guadalupe, la Formación de la Conciencia Nacional, 1531-1813) lo abordan minuciosamente.
3Lópe de Vega escribió una pieza teatral de cierta fama, El santo Felipe y el Triunfo de la Fee, que demuestra el interés del público por el tema del martir mexicano.
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