sábado, 5 de junio de 2010

Rada, agustino

El hecho de que la organización del viaje de la Nueva España a Filipinas, en 1564, fuera encomendada por el Virrey Luis de Velasco al padre Andrés de Urdaneta, agustino, resultó determinante para escoger a los compañeros de viaje que se dedicarían a la predicación. Junto a Urdaneta, que era el cosmógrafo y piloto, se embarcaron Andrés de Aguirre, Martín de Rada, Diego de Herrera y Pedro de Gamboa. Todos ellos agustinos.

Urdaneta y Rada poseían habilidades extraordinarias muy parecidas, aunque personalidades muy diferentes. Conforme a descripciones de sus contemporáneos. Urdaneta había ingresado a la orden agustina después de una azarosa vida de marinero y sus conocimientos teológicos eran resultado de una experiencia vital excepcional en Europa, Asia y América, pues ya grande de edad ingresó en México a la orden agustina, a modo de retiro.

Matín de Rada era un consumado teólogo universitario, que reunía la formación religiosa con un talento especial para las matemáticas, la astronomía, la lingüistica y una vocación destacada para acercarse a los seres humanos. Urdaneta el marinero y Rada el misionero, vasco uno y navarro el otro, conjuntaron sus habilidades complementarias para la empresa española más importante en Asia en el siglo XVI.

En cierta forma, se confió en la posibilidad de que Martín de Rada sustituyera a Urdaneta en caso de ausencia. Se le consultó sobre la pertinencia de la expedición y sobre los cálculos de navegación.

A la llegada a las islas del Poniente, cuando se leyeron los pliegos de instrucciones para que Urdaneta buscara el camino de regreso a la Nueva España, Martín de Rada quedó encargado de la parte religiosa de ese primer asentamiento español en Filipinas. Como era de esperarse, el misionero no se limitó en su actividad y comenzó a recabar información sobre la vida y las costumbres locales, así como de los visitantes chinos y malayos que llegaban a las islas.


No se han preservado ejemplares de las obras escritas por Rada, pero sus cntemporáneos mencionan que preparó un Sermonario, un Arte y Gramática del idioma Cebuano, asi como una Doctrina en ese idioma, lo que confirma sus interés por acercarse a la visión de los pueblos recién descbiertos.
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Lucio Gutiérrez, Historia de la iglesia en Filipinas (1565-1900), Ed. Mapfre, Madrid, 1992, colección Iglesia Católica en el Nuevo Mundo, p.47.
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