martes, 13 de junio de 2017

Batallas en el mar 2

El Rey Felipe II (1527-1598) probó los sinsabores del poder a cada paso de su reinado (1556-1598). Una victoria militar como la obtenida contra los turcos (Batalla de Lepanto, 1571) iba acompañada con frecuencia por el abultamiento de las deudas para pagar a los soldados. Su coronación como Rey de Portugal en 1581 parecía indicar la cúspide de algo similar a un imperio universal, pero unos años más tarde, en 1588, la derrota naval en las costas de Inglaterra mostraban que todo poder imperial tiene límites. (1)

El regreso a Amsterdam en 1599
Andries van Eertvelt.

El apaciguamiento de un conflicto se veía interrumpido por una revuelta o por el acoso de los enemigos en Europa. Quizás una de las situaciones más complejas y novedosas fueron los ataques que se comenzaron a registrar en las posesiones españolas en América y Asia por parte de piratas ingleses como Francis Drake o Thomas Cavendish (captura del galeón Santa Ana frente a las costas de California en 1587). Felipe II falleció en 1598 sin haber podido resolver el gran problema de la revuelta de los Países Bajos. El conflicto europeo comenzaba a globalizarse y llegaba a varios rincones poco antes desconocidos del planeta.

Al finalizar el siglo XVI, la aparición de corsarios holandeses se volvió altamente preocupante tanto para los administradores portugueses en India, como para los españoles en Filipinas.  Los holandeses, por su parte, dieron gran prioridad en la última década de ese siglo al desarrollo de su marina y a la exploración de nuevos territorios. Lanzaron expediciones hacia Canadá, el noreste de Estados Unidos, el mar de Barents (nombrado en honor el expedicionario que lo encontró al buscar un camino, por el norte, hacia China).  El Sudeste de Asia se convirtió rápidamente en el espacio preferido de los holandeses para desplegar sus velas y arrebatar la carga de los galeones españoles y portugueses en la zona; justificando así su causa independentista con el daño económico producido al imperio Habsburgo.

La competencia naval

Afectar el comercio de España y Portugal en el Atlántico, en el Índico, o en el Pacífico, era una estrategia riesgosa. En contraste, en tiempos de paz o de guerra se abrió un frente económico que dio notables resultados: la competencia para construir barcos más baratos.

Los holandeses, escasos de madera, desarrollaron un barco de transporte especializado llamado fluyt, "que era ligero para su tamaño y tenía poco entablado en el interior. No era adecuado para la guerra, ni podía llevar muchos cañones, pero aquel buque de carga no fortificado era barato de construcción, muy económico en su uso y utilizable siempre que  las circunstancias fueran de paz." (2) Carla Rahn Phillips señala que los holandeses tenían más dificultades que los españoles para conseguir madera, lo que motivó el diseño de este nuevo tipo de embarcación. Los españoles continuaron desarrollando los grandes galeones, no únicamente en la península (usando los bosques alrededor de Bilbao), sino construyendo navíos en Nueva España y en Filipinas.

Contrario a la idea de que en España se descuidó la construcción naval en aquellas décadas, las cifras señalan que se invirtieron enormes sumas de dinero, pero no se hicieron grandes cambios en la tecnología debido a la presión que se tenía en dos terrenos: el comercio y la defensa. Los gastos de mantenimiento, carenado, de marineros especializados y defensa de puertos, se convirtieron en una carga enorme para el imperio español.  El acicate de los holandeses obligó a los españoles a invertir en su propia industria naval, pero la estructura administrativa del imperio reducía la eficacia de las medidas. En caso de necesidad se recurría a los embargos, es decir, a tomar embarcaciones particulares a cambio de una compensación. Los dueños de barcos no estaban conformes con esa política, a menos que se tratara de periodos de baja atividad o que el pago del sueldo (renta para compensar) fuera competitiva. (3)

El investigador Iván Valdez-Bubnov, quien ha estudiado la evolución de la industria naval española a lo largo de los siglos XVI y XVIII, explica de qué manera las estrategias imperiales de la época de los felipes se caracterizaron por una cierta descentralización en la construcción de barcos. Esa tendencia fue modificada en el siglo XVIII. Lo que cabe apuntar en este breve recuento es que, en el terreno económico y técnico,  la competencia naval de españoles, portugueses, holandeses e ingleses, inauguraba la época en que el dominio marítimo se volvió la clave del poder mundial.

La celebración de la técnica de la madera
(presiona para agrandar la imagen)

La historia de los holandeses es diferente porque siempre estuvieron a merced del mar. Metro a metro ganaron terreno al mar con los diques que penosamente construían. También enfrentaron al mar navegndo en las difíciles aguas del norte de Europa. Como se hizo mención, la construcción de barcos adecuados para la pesca y el tipo de navegación de los mares del Norte y Báltico, impulsó el desarrollo de técnicas específicas de armazón naviera. La producción orientada a la navegación se extendió por todo el pequeño territorio de la actual Holanda, dando pie a circuitos productivos que integraban la provincia y los puertos-ciudades. Entre los avances más destacados se hallan los barcos de arenque, que se convirtieron en verdaderas fábricas en el mar, y que llevaban a puerto el producto ya procesado. Otro avance técnico fue el desarrollo de aserraderos mecanizados. La escasez de madera obligaba a procesar la madera traída del exterior y satisfacer la demanda holandesa y de sus vecinos. La invención del aserradero mecánico atribuido a Cornelis Corneliszoon fue un gran avance para la economía de la región. Un desarrollo que formó parte de esta industria fue la producción masiva de velámenes para la navegación, con base en la tradicional producción de manta de lino, combinada con algodón y seda. Es paradójico que los holandeses hicieron buen negocio vendiendo en diferentes momentos velas de barco a sus enemigos, España, Portugal, Inglaterra y Francia. (4)

Ataque holandés contra embarcaciones españolas en Asia

Seguiremos mostrando el despliegue holandés en Asia en las próximas entradas de este blog. Esta crisis de dimensiones globales llegó a afectar directamente la operación del comercio en Manila.

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(1) No uso aquí el lenguaje de la derrota de la "Armada Invencible", que es de uso común en la literatura inglesa. Fue una crisis para la política exterior de Felipe II, pero no fue definitiva. Un análisis de fondo debe mostrar que hubo una combinación de circuunstancias adversas, desde problemas de coordinación del lado español y condiciones atmosféricas. Para leer más sobre esto, César Cervera ha escrito varias notas.

(2) Rahn Phillips, Carla, Seis Galeones para El Rey de España. La defensa imperial a principios del siglo XVII, Madrid: Alianza Editorial, 1986 pp, 47-50.

(3) Valdez-Bubnov, Iván. Poder Naval Y Modernización Del Estado: Política de Construcción Naval Española (Siglos XVI-XVIII). México: UNAM, 2011. México: UNAM, 2011.

(4) Vries, Jan de, y Van der Woude, Ad. The First Modern Economy. Success, Failure, and Perseverance of the Dutch Economy, 1500-185. Cambridge: Cambridge University Press, 1997. 
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