lunes, 18 de julio de 2016

Portugal

Dedico esta entrada a una etapa del viaje que recientemente realicé con mi esposa a Portugal, en particular a las ciudades del norte, Porto y Coimbra. Fue la primera ocasión que recorro esta zona, que es de particular interés para conocer el origen del pueblo portugués, la definición de su identidad desde la edad media, y el impulso que tuvieron desde el cuatrocientos para salir al mar. 

Porto, en la desembocadura del rio Douro (que nace en España y lleva el nombre de Duero), ha sido una ciudad comercial desde la época romana, conocida como Portus-Cale, que da origen al nombre del país. Al sur de la provincia española de Galicia, comparte con ésta una posición estratégica para el comercio marítimo entre el Mediterráneo y los mares del norte, el canal inglés y el Báltico. Lo valles en la zona montañosa producen vino, frutas, sal, madera, y el afamado corcho, que tuvo una época de auge como medio de empaque y conservación.  Es la segunda ciudad de Portugal, pero conserva una personalidad particular en cuanto a su tradición medieval y aventurera. En ese puerto se construyeron las naves que sirvieron en 1415 a Enrique el Navegante, hijo de Juan o Joāo primero, a la conquista de Ceuta en el actual Marruecos. Esta ciudad fue el punto fuerte para las batallas contra los árabes que ocupaban más de la mitad de la península ibérica.

Infante Don Enrique a la Conquista de Ceuta

El papa Urbano II exentó en el año 1095 a las monarquías ibéricas de participar en las cruzadas en Jerusalem, a fin de concentrar sus fuerzas militares contra el Islam en la península. Esta condición permitió que se incorporaran fuerzas internacionales de guerreros como los templarios y los camilleros de San Juan, para apoyar a españoles y portugueses en la llamada Reconquista. Fueron siglos de dura batalla en que se conformó una cultura guerrera, con la proliferación de órdenes religiosas y sus ricas abadías, lo que definió el uso de la tierra, las lealtades a los señores feudales, y el particular cosmopolitismo que llegaba hasta este extremo de Europa. Es importante destacar que entre las tropas había flamencos, alemanes, italianos, franceses, que terminaban asentándose en las tierras portuguesas (y gallegas). Esto se deja ver la arquitectura de las ciudades y la tranquilidad de los monasterios, que fueron ricos espacios de reposo de las poderosas fuerzas europeas cristianas (*).

Este fermento económico y político fue el punto de partida de una carrera de exploración marítima y conquista que se extendió por siglos, antes y después de la expulsión de los árabes de la península ibérica. La experiencia acumulada en la navegación, la cartografía y las técnicas de fabricación de barcos, así como la convergencia de intereses comerciales de toda Europa, hicieron posible la ocupación de las islas Azores en el Atlántico, puertos en el norte de África y ya en el siglo XV los viajes hasta América o la vuelta al sur de África.

Mosaicos con la historia de Portugal decoran la estación de trenes de Porto

Guimarāes a una hora de Porto

Valles en los que se cultiva la uva en pequeñas propiedades
 Monumento a Enrique el Navegante
 Catedral de Porto

 Los mosaicos característicos de Portugal
 Barcas de vino en el rio Duoro 
Desde la escalinata de la catedral de Porto

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(*) Anthony Disney, A History of Portugal and the Portuguese Empire, Volume 1, From beginings to 1807. New York: Cambridge University Press, 2009.

Recomiendo la lectura de varias entradas de este blog, bajo el título de Impulso Colonial, agosto de 2009.
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