domingo, 20 de febrero de 2011

Ciudad y comercio

La peculiar ubicación de Manila como centro comercial en el sudeste de Asia, a donde recalaban comerciantes provenientes de India, Malasia, China, Japón y otros puntos distantes, fue un estimulo muy importante para el florecimiento del intercambio a través del Pacifico. La ciudad formaba parte de un sistema regional de comercio antes de la llegada de los españoles, pero se mantuvo como entrepôt de sistema expandido a partir de la última década del siglo XVI hasta el XIX. El dominio español en Filipinas fue la garantía de funcionamiento de dicho mecanismo comercial, alimentado por la plata americana, pero controlado por el vasto imperio español, por lo que enlazaba a un mismo tiempo a Europa, América y Asia. Insistimos en que esta fue la primera verdadera globalización efectiva de la economía mundial.

Ahora bien, el caso de Manila y de sus habitantes hispanos y americanos es de particular interés porque habla de Emporios Transpacíficos, para usar el término de Carmen Yuste para designar a una élite comercial globalizada que tenía intereses en los tres continentes. Los estudios clásicos hacen referencia por lo general a la importancia de este sistema comercial para los fines europeos y si acaso americanos, pero sólo recientemente han aparecido importantes análisis acerca de la visión asiática de este fenómeno.

Comencemos por la propia ciudad de Manila y su peculiar condición de puesto de tránsito, habitado y dominado por extranjeros. En palabras de William Lyte Schurz, un clásico del tema del galeón, debido a que toda la población hispana que vivía en Filipinas dependía ámpliamente para su mantenimiento de las ganancias de los galeones.
Como consecuencia de dicho principio todos los pertenencientes a dicha comunidad tenían el privilegio de participar en el flete de los navíos. Las naos eran propiedad de la Corona y era esta la que reglamentaba minuciosamente el funcionamiento del sistema con el objeto de asegurar a cada ciudadano de la colonia una participación en los beneficios. Así la Ciudad y el Comercio expresión usada a menudo al dirigirse al Rey, significaba la identidad de la una y de lo otro y durante el tiempo constituyeron casi un sinónimo.

Las primeras disposiciones que rigieron el comercio del galeón fueron apareciendo bajo la forma de reales órdenes. Muchas de ellas datan de 1593 y la mayor parte de este corpus legal fue codificado bajo el nombre de "Leyes de Indias". Los gobernadores ejercieron también un poder legislativo en dichas materias.
En entradas posteriores iremos revisando las modalidades de este comercio, la presencia de los comerciantes novohispanos, usos y abusos, pero también procuraremos integrar la visión contemporánea sobre la presencia de los comerciantes chinos en un comercio que ellos también aprovechaban.
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Carmen Yuste, Emporios Transpacíficos, Comerciantes Mexicanos en Manila, UNAM, México, 2007.

William Lyte Schurtz. El galeón de Manila, Prólogo de Leoncio Cabrera, traducción de Pedro Ortiz Armengol, Ediciones de Cultura Hispánica, Madrid, 1992.
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