martes, 21 de septiembre de 2010

Crucifixión

El incidente de Nagasaki de 1597 tuvo repercusiones muy importantes en la perspectiva de propagar el evangelio en Asia, al menos para las congregaciones que se asentaban en Filipinas.


Un viajero italiano que llegó pocos meses después a Japón, Francesco Carletti, nos cuenta con lujo de detalles el terrible espectáculo de aquella crucifixión, pero sobre todo describe con la franqueza de un comerciante que no pertenece a ninguna de las congregaciones religiosas participantes en aquellos hechos, el grado de enemistad que había entre ellos. 


Informa Carletti que los padres franciscanos venidos de Manila habían iniciado su propagación religiosa a pesar y en contra de que los jesuítas los habían amenazado de excomunión, “en virtud de un breve que le concedió el papa Gregorio XIII, que dice que nadie más que ellos (los jesuítas) pueden ir a ese reino a predicar el Evangelio, bajo la dicha pena de excomunión.  Cosa a la que los buenos padres replicaban que no estaban sujetos, puesto que decían tener otro breve de Sixto V, que concedía a su religión poder ir a todo el mundo a predicar a Cristo crucificado, sin hacer ninguna excepción ni de tierra ni de otra”.1

Antonio de Morga refiere a su vez en un testimonio oficial al Rey Felipe II, del 30 de junio de 1597 que “el emperador de Japón es un bárbaro sin fe en su palabra”, y agrega que
 “los portugueses que asisten en aquel Reyno nos desean ver desterrados de allí y no nos hicieron buen tercio en el subceso de la dicha nao; y aunque los Religiosos tampoco lo tuvieron en lo que con ellos se hizo y poco havían rescivido grandes molestias de los Religiosos de la Compañía (de Jesús) y sus Obispos que allí estavan para verlos hechar de aquel Reyno, como se a hecho, quedándose ellos solos en aquella conversión, como quedan muy a su contento, los descalsos y su compañía murieron con grande fervor por la fee y defensión de ella, y después a obrado Dios milagros y otras maravillas con sus cuerpos, de que tenemos razón los desta tierra y destar muy consolados por haver dado en ella tal fruto para el cielo y honra para la christianidad”. 
La carta fue encontrada por W. Retana en el Archivo de Indias, y publicada en su edición de los Sucesos. Como se observa, la acusación de un alto funcionario en Manila contra los jesuítas era parte de la escisión que existía abiertamente entre las misiones y sus partidarios2.

Marcelo de Ribadeneira, por su parte dice con tono más suave (…) “aunque estábamos los Frailes Descalzos muy seguros en conciencia en Japón, no faltó quien se persuadiese lo contrario. Y ansí, padecía mucha mengua la honra de los frailes en la opinión de algunos cristianos, que la tenían de que los frailes estábamos descomulgados. Y por esta razón había quien ponía sospecha en las cuentas y cordones (de San Francisco) benditos que dábamos, y aún en si la misa que decíamos era tan buena como la que decían los padres de la Compañía3.


[1] Francesco Carlettti (1594 – 1606) Razonamientos de mi viaje alrededor del mundo. UNAM, México, Instituto de Investigaciones Bibliograficas, 1976. Estudio preliminar, traducción y notas de Francisca Perujo. Primer razonamiento de las Indias Occidentales. pp 121-122.
[2] Antonio de Morga, pp. 514 -515.
[3] Marcelo de Ribadeneira, pp.422-423.
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