jueves, 7 de abril de 2011

China comparada

La importancia que ha adquirido China en el orden internacional contemporáneo ha producido un vivo interés en la revisión de su historia y sobre todo se ha fortalecido una tendencia de análisis de largos plazos. El investigador más avanzado en el estudio de amplias tendencias históricas fue el inglés Angus Maddison, quien murió en 2010, después de una prolífica carrera en la que construyó modelos estadísticos para entender la evolución de las economías a lo largo de siglos e incluso de milenios. Es reconocido como una autoridad en la materia, aunque también se expresan críticas sobre la confiabilidad de estimaciones que permiten comparar épocas diversas, en las que no se levantaban estadísticas.

Para Maddison es fundamental esta perspectiva amplia para entender la importancia de China, que históricamente es una entidad excepcional, pues es una unidad política por sobre cualquier otra formación "nacional" del mundo moderno. "Ya en el siglo décimo (China) era la principal economía del mundo en términos de ingreso per capita y este liderazgo duró hasta el siglo XV", señala Maddison.

Superaba a Europa en cuanto a los niveles de tecnología, la intensidad con que utilizaba sus recursos naturales y la capacidad para administrar un enorme imperio territorial. En los siguientes tres siglos (del XVI al XVIII), Europa superó gradualmente a China en cuanto a ingreso real, capacidad tecnológica y científica, de manera que en el XIX y la primera mitad del XX el desempeño de China declinó en un mundo en el que se aceleraba considerablemente el progreso económico.
No debemos olvidar que la disciplina de la economía, a la que llaman ciencia, surgió en Europa y casi siempre las interpretaciones histórico económicas han tenido un sesgo euro-centrista, donde se privilegia el estudio del modelo del capitalismo triunfante de los siglos XIX y XX, y por lo tanto se pierden de vista otras formas socio económicas existentes en otras latitudes. Por comparación, los chinos siempre han estudiado la historia desde un punto de vista sino-centrista y Maddison propone una comparación que permita entender el auge y la declinación de naciones en el largo plazo.

Esta disciplina occidental de la economía toma en consideración la dotación de factores como la tierra, el trabajo y la tecnología, que son los insumos que conducen al cambio y al aumento del ingreso per cápita de la población. Es difícil escapar de ese modelo, pero al observar a la economía china resulta evidente que el fenómeno de la enorme población fue su propio recurso y no siempre el avance tecnológico (la revolución industrial de Occidente) era la palanca, sino la combinación de buena administración pública, organización del trabajo y prácticas agrícolas sustentables. Maddison destaca por ejemplo a la burocracia como un aliciente para el desarrollo agrícola; si, el sector de administradores públicos que controlaban por ejemplo el reparto del agua y por medio de impuestos obtenían un surplus de la tierra.

China desarrolló un sistema de imprenta anterior al occidental que permitía la difusión de manuales ilustrados en los que se plasmaban prácticas agrícolas eficientes. Esa centralización administrativa permitió movilizar a los campesinos a regiones más atractivas y promovió la creación de un sistema de graneros públicos que contuvieran el constante peligro de hambrunas. Fue la burocracia china la que favoreció la innovación en la agricultura y la introducción de sistemas de semillas maduradas antes de plantar, lo que permitía duplicar o triplicar la producción de alimentos. Hubo apertura para la introducción de nuevos cultivos, a lo largo de las diversas dinastías:


Tang introducción del té
Sung algodón
Yuan sorgo
Ming productos procedentes de América,
como el maíz, la papa, el camote, el cacahuate y el tabaco.

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Angus Maddison, Chinese Economic Performance in the Long-Run, OECD, Paris, 1998.
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