domingo, 3 de abril de 2011

La potencia china

Las líneas de investigación planteadas en las últimas décadas por diversos historiadores de la cultura, el arte y la economía ofrecen la oportunidad de escapar de una visión simple del intercambio a través del Pacìfico, o de limitarse a una enumeración de mercancías y bienes suntuarios que eran acarreados por el galeón de Manila.


El reto es lograr una interpretación integral que no se limite a la parte cuantitativa o estética que ha dominado la visión de muchos historiadores (y conspicuos coleccionistas), sino que ponga de relieve la existencia de un sistema comercial que alcanzó niveles mundiales, y sobre todo que significó un intenso intercambio humano que influyó en el perfil cultural tanto de América como de Europa.


A la luz de nuevas investigaciones sobre el poderío económico de China en los siglos XVI y XVII, es posible mostrar que la inundación de productos chinos en los mercados americanos y europeos también fue una estrategia de Oriente. En las próximas entradas intentaremos establecer que no sólo hubo una ingente demanda de productos asiáticos en Europa y en América, sino que también una oferta asiática que encontró camino y se adecuó a los mercados del otro lado del Pacífico.


Usualmente la historia se cuenta desde la demanda de bienes asiáticos por el lado europeo y americano, utilizando la formidable palanca de la plata americana (Nueva España y Perú), pero poco se habla de la gran capacidad china, japonesa o india de constituirse en una suerte de potencias exportadoras que, bien observadas, supieron aprovechar sus "ventajas comparativas" (mano de obra abundante y barata, capacidad de adaptación tecnológica, y sus adelantos en la producción de porcelana y seda, principalmente) para adaptarse al equilibrio económico mundial a partir del siglo XVI.


Conexiones globales. Debemos partir de un hecho contundente: China es la entidad política más añeja que sobrevive en la actualidad; es una civilización. Es decir, no es un "país" en los términos occidentales. Algo determinante en su historia fue su capacidad de generar poder en su entorno, a través de presiones militares y económicas sobre sus vecinos (y estados vasallos) o también por medio de una influencia cultural y tecnológica basada en el atractivo de su cultura. China tenía posibilidad desde aquella época de inundar con sus productos no sólo Asia, sino el resto del mundo.


Crearon un sistema administrativo complejo y duradero que administró un sistema de poder coherente, capaz de satisfacer sus propias necesidades y de mantener un sistema de comercio global que inundó al mundo de mercancías, con la tecnología de la época. El primer intento de esa conexión global fue la ruta de la seda, que sirvió de experiencia y ejemplo para lo que posteriormente sería un verdadero emporio comercial a través del Océano Pacífico. Seguiremos sobre este tema.

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