jueves, 24 de julio de 2014

Archivos

En las semanas recientes he asistido al Archivo General de la Nación, un impresionante espacio en la ciudad de México, en lo que fue la penitenciaría federal desde la época del dictador Porfirio Díaz hace más de un siglo.

Busco material relacionado con esta página sobre la relación entre Filipinas y la Nueva España en los ramos llamados instituciones coloniales. El AGN cuenta con 207 fondos (23 subfondos, 304 secciones, 49 subsecciones y 574 series), y los que corresponden al período novohispano contienen 39,481 volúmenes, que ocupan 4,651 metros lineales de las celdas donde miles de personas purgaron sus condenas durante el siglo pasado. Estas son aproximadamente 5, 310 piezas, que van desde legajos en todo tipo de papel y tamaños, hasta documentos en tela; mapas, dibujos, escudos, sellos, códices, pinturas. 

La sección dedicada a los temas de la Nueva España está guardada en la galería cuatro -de seis con que cuenta el edificio en forma de estrella. Curioso si se piensa que la dominación española sobre México duró tres siglos, comparado con los dos siglos de nación independiente de este país.


La preservación de la memoria histórica de México, su recuperación y estudio ha atravesado muchas vicisitudes y hoy representa uno de los grandes acervos del mundo. Incendios, inundaciones, asaltos dejaron cicatrices en esas ricas colecciones. Para quien quiera adentrarse un poco más en el esfuerzo realizado en siglos pasados puede ser útil la descripción histórica que se incluye en la página del AGN.

Ver los documentos conservados por más de cuatro siglos (¡los preparados en Filipinas escritos sobre papel de arroz!) nos lleva a la reflexión sobre las fuentes que se utilizan todos los días en la recomposición histórica. Investigadores jóvenes en su mayoría, de diferentes sectores sociales, conviven con viejos maestros en las mismas mesas; escarban en miles de folios que esperan nuevas interpretaciones o revisiones de lo que hasta ahora se ha dicho en la historia.  Leer, releer, transcribir, escribir, como oficio cotidiano del historiador.

En su reflexión sobre la rebeldía de las fuentes históricas, que se niegan a ser iguales y ordenadas conforme a lo que usualmente se acepta por historia, Michel de Certeau comenta que "los orígenes de nuestros archivos modernos implican ya, en efecto, la combinación de un grupo (los ¨eruditos¨), de esferas (las bibliotecas) y prácticas (de copia, impresión, comunicación, clasificación, etc.)."

Museos, bibliotecas y colecciones han sido el privilegio de los poderes en todos los imperios. Pienso, junto con el autor, en las "colecciones reunidas en Italia y luego en Francia a partir del siglo XV, y financiadas por grandes mecenas para apropiarse de la historia (los Medicis, los duques de Milán, Carlos de Orleans y Luis XII, etc)." También pienso en los anuarios y enormes colecciones de las dinastías chinas, sometidas al rigor ideológico de cada período. Re-leídas y re-escritas por cada generación; afortunadamente protegidas frente al furor de la Revolución Cultural.
________________
Michel de Certeau, La escritura de la historia, Universidad Iberoamericana, México, 2006.
Publicar un comentario