sábado, 8 de marzo de 2014

Libros filipinos en Zacatecas

El movimiento constante de personas y bienes en el Galeón de Manila fue sedimentando una relación estrecha que quedó fija en costumbres y objetos que hoy perduran en museos, casas y bibliotecas. Zacatecas tiene el privilegio de conservar parte de esa riqueza, a pesar de los saqueos y siglos de incuria.

La obra de Armando González Quiñones, que hemos venido citando, tiene un énfasis especial en los libros provenientes de Oriente, impresos en Filipinas en el frágil papel de arroz, y que él ha catalogado con base en su ubicación -por lo menos hasta hace algunos años.


El investigador informa:

La imprenta entró a Manila a fines del siglo XVI. Los primeros libros que se le pueden atribuir son de 1589: dos ediciones de la Doctrina Cristiana (ver entrada de este blog del 23 de abril del 2009) una con la traducción al tagalo y otra con la versión china. El segundo taller se erigió en la Villa de Pila de 1606, cuando sólo hacía treinta años se había fundado el pueblo, luego los hubo en Bataán (1610) y San Guillermo de Bacalor. Allí se imprimieron de fibra vegetal -papel de arroz- poco resistente, de manera que de algunas obras sólo quedan escasísimos ejemplares exportador a Europa a raíz de la impresión, y que alcanzan cotizaciones muy altas. Aunado a lo anterior, debido a la entera destrucción de Filipinas, como consecuencia de la Batalla de Manila al finalizar la segunda guerra mundial, fue la desaparición de los ejemplares filipinos, no quedando hoy otro recuerdo que el monumental Catálogo publicado en 1903.
En 1700 los franciscanos, los jesuitas y los dominicos tenían sus imprentas; los agustinos tuvieron también una, cuya vida fue muy corta; la de los franciscanos funcionó al principio en Tayabos, dando a luz un Vocabulario Español-Tagalo del P. Santos, después aqulla imprenta la llevaron a San Fernando de Dilag, cerca de Manila, en donde permaneció poquísimos años, pasándola luego, también por pocos años, a su convento de la capital de donde fue trasladada definitivamente a Sampaloc, en cuyo punto funcionó hasta su cierre que fue a principios del siglo XIX; los dominicos mantuvieron siempre su imprenta en el Colegio de Santo Tomás; y los jesuitas tuvieron la suya en su convento hasta fines del siglo XIII, cuando fue cerrada como consecuencia de su expulsión, quedando en local sin variar a disposición del Arzobispado.
De estas tres imprentas proceden los libros más raros y más estimados que se arrebatan los aficionado: Historias, Crónicas, Superiores Disposiciones, Pastorales, Gramáticas y Vocabularios formados por los frailes de las lenguas del país.


La Biblioteca "Elías Amador" -Museo Pedro Coronel- conserva libros conventuales de San Francisco de Zacatecas, de Santo Domingo de Zacatecas, de la Compañía de Jesús de Zacatecas y del Colegio Apostólico de Propaganda Fide de Nuestra Señora de Guadalupe, Zacatecas.
Por cierto que el blog de Ekisaky calcula en 20,000 los volúmenes acumulados en esta bella biblioteca.


Publicar un comentario