domingo, 12 de agosto de 2012

Peruleros 3

La relación entre la Nueva España y Perú de la segunda mitad del siglo XVI se distinguió por una ingente demanda peruana de productos de todo el mundo, sostenida por la abundancia de plata proveniente de los yacimientos del Potosí y el comercio con Asia.

Woodrow Borah distingue al menos tres etapas en la interacción comercial:

a) el accidentado inicio a finales de los años treinta del siglo XVI, donde intereses privados como los de Hernán Cortés jugaron un papel importante. 
b) una segunda etapa que se ubica de 1550 a 1585, cuando el auge de la plata a raíz del descubrimiento de los yacimientos del Potosí en 1545, dio el impulso fundamental al  pleno desarrollo de aquel primitivo comercio y navegación entre México y el Perú.  
c) La tercera etapa corresponde al ingrediente asiático, que obligó a revisar toda la estrategia comercial del imperio y a tomar la decisión de que solamente la Nueva España pudiera comerciar con Filipinas.

De esta forma, el comercio inicial consistía de mercaderías muy sencillas, en las que se incluía azúcar, fruta seca y en conserva, objetos religiosos, textiles, sillas de montar, artículos domésticos, ropa, medicinas, papel y libros, herramientas metálicas, especias, artículos de tocador. El análisis de diversos cargamentos trasladados desde la Nueva España a Perú descubre que en la etapa inicial

¨una parte considerable de la mercancía era de manufactura española, que se enviaba al Perú porque los precios más altos que allá existían hacían productivo al reenvío. Otra parte consistía en objetos estilo europeo manufacturados en la Nueva España por artesanos españoles o indígenas. Una tercera categoría, y tal vez la más interesante, eran los objetos de artesanía indígena que tenían gran demanda en el Perú, entre ellos espejos huastecos, que quizás eran de obsidiana pulida, jícaras laqueadas de Michoacán para beber el chocolate, una guitarra de estilo indígena y penachos indígenas de pluma. Había una categoría más, que eran lo objetos de estilo europeo hehos con técnicas y materiales indígenas (mexicanos), tales como imágenes de santos hechas de pluma¨.
¨Claramente, dice Borah, se trataba de mercancías para venderse a una comunidad española bastante pequeña, que disponía de mucho dinero, y que tenía muy poca industria local y una gran avidez de artículos de consumo¨
El autor establece que después de 1550, cuando se lograron ¨sofocar los peores desórdenes civiles en el Perú, las colonias meridionales iniciaron un largo período de colonización ordenada y próspera que alentó la navegación y el comercio con la Audiencia de México y con otras colonias mucho más que la escasez anteriormente producida por los desórdenes. Las autoridades españolas fomentaron activamente aquel comercio, con la esperanza de que, al proporcionar artículos de consumo a los turbulentos súbditos de los reinos del sur, estuvieran más contentos. Este próspero período de aquel primitivo comercio llegó a su fin en la década de 1580 a 1590. No fue por decadencia natural, sino por expansión, cuando el comercio de artículos chinos hizo perder importancia al intercambio de productos españoles y locales¨. 





La apertura del comercio entre Nueva España y las Filipinas tuvo repercusiones importantes en la demanda de productos asiáticos en Perú, como la seda, porcelana y muebles, que pasaron a ocupar espacio en iglesias, conventos, casas y haciendas de la nueva población.

Escaseaban las manufacturas en el virreinato cuando la producción de plata alcanzaba su cota más elevada. ¨No es pura casualidad que el incremento del comercio con China, vía Filipinas, coincidiera con un importante crecimiento de la producción de plata de Potosí, que actuaría como un potente imán¨. En 1604 pasaron del Perú a la Nueva España más de dos millones de ducados; y en 1606 lo remitido para la compra de textiles chinos fue de millón y medio.

Al final del siglo XVI se desarrollaban en paralelo varios fenómenos comerciales perturbadores para la Corona española: inflación galopante en el sur de América, propiciada por la abundancia de plata que hacía posible la adquisición de cuanto producto asiático, americano o español se ofrecía; la amenazante posibilidad de que peruanos y novohispanos terminaran controlando el comercio con Filipinas y así desplazaran a los sevillanos, y que la perceptible prosperidad de las comunidades fuera de la península alentaran tentaciones independentistas.

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Borah, op.cit. pp. 117, 125 y 235. García Fuentes Lutgardo, Los peruleros y el comercio de Sevilla con las Indias, 1580-1630, pp.165.


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