sábado, 28 de febrero de 2009

En busca de la mítica Cathay

Durante siglos, la mente de los europeos estaba preparada para encontrar maravillas en la búsqueda del continente prometido por Marco Polo: Cathay o la China milenaria, poderosa y rica. Con el descubrimiento de América, los europeos estaban dispuestos a todo y el continente "encontrado" por Cristobal Colón en medio de la ruta hacia Cathay era como un anticipo de lo que se podía esperar más allá del recién descubierto océano Pacífico. Es por ello que el nuevo espacio americano apenas necesitó de un barniz de imaginación para ser devorado por el subconciente popular europeo. Debía llenarse de intriga y de pasión para conquistar el espacio mental de quienes ya habían vivido tantas feroces batallas y encuentros con realidades ajenas, como la lucha contra los moros en suelo español, o la amenaza turca a las puertas de la pequeña Europa.

De ello se encargarían la literatura, la pintura y los mapas que aportaban novedades. Pero al propio tiempo, la evidencia y el deleite de los productos asiáticos fueron los alicientes para la expansión mental hacia otras dimensiones del planeta. Con el descubrimiento de América y de sus sabores, se avivó el interés de ocupar las islas de la especiería en el sudeste de Asia, ya en el ocaso del siglo XVI. Desde el sensual chocolate, al café, condenado como elixir del demonio, o el regocijante tomate; el chile que excita los sentidos o el maíz, franco como una sonrisa. Ante tales atractivos resulta comprensible la incesante búsqueda de una ruta transpacífica para obtener las especias asiáticas, la pimienta, el jengibre, el clavo de olor.

No obstante, nada fue tan anticlimático como la conquista de Filipinas al final de aquel periodo, donde los "naturales" se sometieron sin brindar una batalla definitiva. Cincuenta años después de la caída de Tenochtitlan, y tras medio siglo de sueños de conquista, el adelantado Miguel lópez de Legazpi, quien había salido de las costas mexicanas, fundaba la ciudad de Manila el 24 de junio de 1571. Comenzó de esta manera un largo periodo de dominación española en Filipinas. La propagación de la fe cristiana en las islas se dió casi de inmediato, debido en parte a que la tarea evangelizadora se llevó a cabo aprovechando una amplia colección de experiencias de los misioneros en México y en Perú. La determinación española de mantener una colonia en Asia tuvo un costo enorme tanto para los ibéricos como para los americanos y fundamentalmente para los propios filipinos, que pagaron con su trabajo y con la destrucción de sus bosques el mantenimiento de la flota del galeón.

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