domingo, 25 de mayo de 2014

Puerto caballos 2

Una línea recta norte-sur desde Puerto Caballos, en la costa atlántica de Honduras, hasta el Golfo de Fonseca en Nicaragua, frente al océano Pacífico, parece un trazo ideal para  comunicar los dos mares y durante un tiempo fue el sueño de algunos audaces administradores, ingenieros y conquistadores para, en última instancia, comunicar Europa con Asia. Esta es la historia de una propuesta frustrada, de llevar por esta ruta soldados y armas hasta Filipinas, formulada en 1578 por el oidor de la Audiencia de Guatemala, Diego García de Palacio, constructor de barcos, astrónomo, geógrafo, pero no muy buen administrador ni político.

Corría la década de los setenta del siglo XVI y los colonos europeos en las costas centroamericanas estaban inermes ante el clima, las enfermedades tropicales y los insectos, pero aún más ante los ataques de piratas y merodeadores principalmente ingleses. Los conocimientos de don Diego García de Palacio resultaban de gran interés para contrarrestar los efectos de algunas de estas calamidades, en particular las generadas por los bucaneros de la reina Isabel. 


Debió ser un hombre de gran curiosidad natural, como se desprende de varios escritos de corte científico, en particular dos libros: "Diálogos Militares de la formación e información de personas, instrumentos y coas necesarias para el buen uso de la guerra" (1583) e "Instrucción Náutica" (1587). Realizó la primera descripción de las ruinas mayas de Copán, 250 años antes de que comenzaran las investigaciones arqueológicas modernas. Evaluó la posibilidad de construir puertos en Iztapa y Acajutla, en la costa del Pacífico, determinando que no ofrecían las condiciones necesarias de profundidad y refugio. En cambio, consideró que El Realejo era la mejor opción para el comercio naval y la construcción de barcos, debido a la cercanía con la producción de madera. Todo ello contribuyó a fortalecer su prestigio como experto en temas náuticos (matemáticos, astronómicos, construcción de barcos), pero también en materia jurídica sobre las condiciones éticas para una "guerra justa". Probablemente sus publicaciones tenían el propósito de divulgar conocimiento, si bien Garcia de Palacio carecía de experiencia práctica directa en esas materias.

Precisamente en el puerto El Realejo una de sus principales tareas fue supervisar la construcción de dos galeones, el Santa Ana y el San Martín. La construcción que debió durar de 1577 a 1579 se demoró hasta 1582, con un costo excesivo de 46,000 pesos, en una época en que el precio en Manila podría ser de 6,000 pesos. Este antecedente fue importante en la carrera de García de Palacio, acusado más tarde de abierta corrupción.

Los piratas

Otro elemento contradictorio de la personalidad de don Diego García de Palacio se mostró en dos ocasiones consecutivas relacionadas con los ataques de los piratas Francis Drake y Thomas Cavendish. En ambas ocasiones fue nombrado comandante militar para perseguirlos.  La primera alrededor de 1578 para capturar a Francis Drake, por lo que se ordenó preparar un ejército de 200 hombres que serían reclutados por leva en Guatemala, algo que no se logró y finalmente Drake ya había escapado de regreso a Inglaterra. Entretanto, como se ha dicho, don Diego García se quedó entre 1577 y 1580 en El Realejo, Nicaragua.

Una década más tarde, don Diego ya estaba instalado en la Ciudad de México, y en noviembre de 1587 Thomas Cavendish captura del galeón Santa Ana que regresaba de Manila y se encontraba frente a Baja California, por lo que nuestro personaje recibió la encomienda del virrey marqués de Villamanrique para perseguir al inglés, que poco antes había tomado el puerto de Huatulco y asolaba las costas del Pacífico.  Es curioso constatar que aquel galeón capturado por el pirata Cavendish era el mismo que había sido construido por don Diego en Nicaragua. Todo fue en vano, la respuesta fue tan lenta que cuando quiso salir en su búsqueda el pirata ya iba rumbo a Asia. Este evento volvió a marcar la imagen de don Diego como poco capaz para las tareas de defensa militar.

Propuesta sobre Filipinas

El 8 de marzo de 1578, desde Guatemala don Diego escribe una Carta al Rey sobre la Conquista y Pacificación de las islas Filipinas, y las ventajas de hacerse la navegación para ellas desde el puerto de Fonseca.  En ella ofrecía pacificar las islas con sus propios recursos a cambio de obtener el gobierno de las islas y el monopolio de la ruta de comercio del Pacífico, una propuesta que sugiere que él tenía un considerable caudal a su disposición. España había tomado control de las Filipinas siete años antes y la colonia era administrada desde la Nueva España. También sugería que la ruta de comercio se realizara por medio del istmo de América Central, moviéndolo de Panamá a Honduras, para utilizar Puerto Caballos y llegar al Golfo de Fonseca.

La misiva al rey critica la manera en que hasta ese momento se había conducido la colonización y cristianización de Filipinas y "propone que se lleve a cabo una estrategia para llevar tropas de manera regular desde España a las islas del Poniente, por medio de barcos dedicados específicamente a este proyecto tanto en el mar del Norte (Océano Atlántico) como en el mar del Sur (Océano Pacífico). El proyecto implica que cada año se transporten quinientos hombres de guerra hasta juntar el número que bastase a acometer y resistir cualquier oppuesto de enemigos. Su argumentación es directa, pues proponía que no se utilizara la ruta de Veracruz a Acapulco, ni la de Portobello, sino una nueva, más corta, en Honduras. El argumento para no pasar por la Nueva España, don Diego explica que los soldados europeos:
viniendo como vendrán indispuestos, cansados y enfadados de los trabajos de la mar viendo la anchura, grosedad y la mala fama que agora tiene la China por faltas particulares procurarán quedarse y esconderse (en la Nueva España). Podría Vuestra Majestad mandar atravesasen por esta provincia desembarcándose en el puerto de Caballos que es en la mar del Norte y que se tomasen a embarcar en la del Sur en el puerto de Fonseca que sólo dista el uno del otro sesenta y siete leguas y aunque  en la Nueva España no hubiera tan larga travesía, los inconvenientes dichos y otros de substancia: hay en esta provincia más salud, menos regalos y aparejos para huirse, buenos mantenimientos y más barata disposición para hacer navíos y otras cosas forzosas y necesarias para el viaje y comodidades de él.
Con algo que podría ser calificado como candidez, don Diego García de Palacio se presenta como la persona indicada para dirigir una armada a las islas Filipinas y ser nombrado gobernador general (por aquella época gobernaba desde Manila Francisco de Sande):
Y si para esto Vuestra Majestad fuese informado que en mi concurren las calidades que son menester para tal administración según se tiene experiencia de la cuenta que de más de once años a esta parte que administro vuestra justicia he dado me atreveré con el favor divino a servirle y gastaré toda mi hacienda y la de otros mis amigos que me prestaran yendo a aquella jornada. Y para enmendar la manquera (el desconocimiento) que en común se presume de los letrados en las cosas de la guerra después que me puesto los ojos en servir a Vuestra Majestad en este negocio he compuesto unos diálogos militares consagrados a vuestro glorioso nombre, por do se entenderá que no ha estorbado mi principal profesión a saber muchas cosas y adherentes que sólo pertenecen a la ordinata (reglas) de las guerras a que una natural inclinación me ha forzado ocupar los ratos de mi recreación.
Puede derivarse de esta argumentación que el traslado de tropas no se limitaría a Filipinas, sino principalmente a las Molucas y acaso hacia China. Afortunadamente la Corona española no hizo caso de la propuesta, que quedó en el olvido. Otros motivos  prácticos relegaron por siglos el desarrollo de los puertos de Honduras y la comunicación con el Pacífico.

Acusado de corrupción.

Desde 1583 don Diego comenzó a llamar la atención del arzobispo Pedro Moya de Contreras, comisionado como visitador para vigilar la corrupción en la Nueva España. El interés principal era la forma en que los oidores en México obtenían ventajas con la especulación de la tierra y la intermediación de favores en la Audiencia. Gracias a sus conexiones con la Corona y con el Virrey logró evadir castigo por cargos de enriquecimiento ilícito, pero en 1589 el Consejo de Indias condenó a Don Diego por 72 imputaciones, entre otras: nepotismo, aceptar uso de amenazas, explotación del cargo público para ganancias privadas, desplazamiento de las comunidades indígenas, y trabajo forzado de los indios sin pago. Probablemente contaba en su haber la ineficiente construcción de los galeones en Nicaragua en la década anterior. Fue suspendido como oidor y obligado a pagar multas. Murió el 15 de noviembre de 1595. 
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José Antonio Cervera Jiménez. Los planes españoles para conquistar China a través de Nueva España y Centroamérica en el siglo XVI.  Cuadernos Inter.c.a.mbio. Año 10, Vol. 10, No. 12 (2013). Disponible en: http://revistas.ucr.ac.cr/index.php/intercambio/article/view/12348

Erika Elizabet Laanela, Instrucción Náutica (1587) by Diego García de Palacio: An early nautical handbook from Mexico. Thesis M of A, Texas A & M University, disponible en:
http://nautarch.tamu.edu/Theses/pdf-files/Laanela-MA2008.pdf

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