jueves, 13 de febrero de 2014

El Orientalismo de Anthony Reid

No me refiero al Orientalismo del que habló de manera tan apasionada e iluminada Edward Said, aquel que reflexionaba sobre la percepción occidental, idealizada y exótica (así como adversa y negativa), de lo que conocemos como Oriente Medio. Me referiré con ese título a las raíces del conocimiento del Sudeste de Asia, el espacio exacto en el que quedó anclado el comercio transpacífico casi desde su inicio, a partir del siglo XVII. Esta reflexión toma como base las opiniones elaboradas por uno de los grandes historiadores contemporáneos, experto en esa región, Anthony Reid.

A finales del siglo XVI, la Corona española llegó a percibir los límites de su propia expansión, con la derrota de la gran armada frente a las costas de Inglaterra, el conflicto tenaz en los territorios de Holanda y la fragmentación política de Europa. El mundo islámico, siempre presente, imponía sus límites en Oriente Medio. En Asia, en ese mismo momento, la posibilidad de continuar la expansión, tomando como base los puertos de Malaca, Goa y Manila, aunque llenaba de entusiasmo a misioneros y comerciantes que esperaban llegar (e incluso conquistar China) se topaba con una enorme muralla cultural imposible de escalar con los mermados recursos de un Imperio en deuda permanente y con heridas graves en todos sus costados. La prudencia quizás y el reconocimiento íntimo de que no podía atender a las demandas de penetrar el enorme espacio asiático cambiaron la historia.

Anthony Reid ha dedicado su vida a estudiar el momento histórico del arribo de los europeos al Sudeste de Asia, a donde pretendían moverse rumbo al norte y entrar de lleno a China y Japón. Ahora, cuando sigo las peripecias del Galeón de Manila me resulta de mucha utilidad detenerme en las reflexiones sobre el espacio complejo y (a los ojos de los visitantes extranjeros) amorfo y menos interesante que China, que es el Sudeste de Asia.

En el período en que el capitalismo y el Renacimiento transformaban a Europa, fuerzas extraordinarias también actuaban en el Sudeste de Asia. La expansión del tiempo del comercio magnificó el tamaño y el papel de las ciudades cosmopolitas. Se formaron estados y se fortalecieron en las ciudades, y formas seculares de pensamiento y cultura florecieron dentro de éstos.
Eventualmente, en el siglo XVII, la penetración comercial europea estableció un monopolio eficiente, cuyo efecto no fue el fortalecimiento sino la supresión de la vida urbana y comercial indígena, de tal forma que muchos de estos procesos fueron revertidos abruptamente. Se pide al lector que se despoje de estereotipos como el del Oriente inconmovible o un espacio decadente. La edad del comercio generó tantos cambios en el Sudeste de Asia como en Europa, aunque de ninguna manera en direcciones iguales.
La historia colonial, el orientalismo y la etnografía condujeron, desafortunadamente a la fragmentación del conocimiento. Algunas investigaciones pioneras trataron de cubrir cada aspecto de la vida de los sujetos utilizando la literatura, el lenguaje, los relatos de viajeros, las estadísticas de comercio y sobre todo sus propias impresiones de primera mano. En esa etapa primitiva de la investigación parecía posible escribir una historia total de la región o de un pueblo.




Reid reconoce el desafío que implica un estudio total, en una época de especialistas como la nuestra, cuando no hay personas que dominen decenas de lenguas y otras habilidades.

Se corren riesgos al intentar un enfoque tan amplio, como la superficialidad o el caer en la obviedad. Sin embargo -rebate el autor- mantenerse confinado en la especialidad en la que se entrena a los nuevos estudiosos también representa riesgos, y quizás algunos más graves, como excluir aquellas dimensiones de la historia que son vitales para la mayoría de la población.

Geógrafos modernos, antropólogos, demógrafos y científicos del medio ambiente han tenido más éxito que los historiadores convencionales en explorar muchas de las carencias en que la “gente simple” de la región vivía. Al utilizar tales descubrimientos los historiadores pueden encontrar un camino para extender los límites impuestos por las narraciones de viajeros, y las crónicas de los reyes.
“También estoy convencido que abordar al Sudeste de Asia como un todo permite describir una variedad de áreas de la vida que de otra manera quedarían en la sombra. Para cada área cultural individual las fuentes son desesperadamente fragmentarias. Cuando las estudiamos en conjunto, una imagen coherente comienza a emerger acerca de la vida de la región en su conjunto. Incluso ante la enorme variedad de lenguas y culturas, la región estuvo sometida a una misma presión climática, física y comercial y por lo tanto desarrolló estándares de cultura material muy similares".
Finalmente, el ejemplo de Fernand Braudel, quien escribió la magna obra sobre la vida en el mediterráneo en el siglo XVI, sirve para exigir a la disciplina histórica tener historiadores ambiciosos, que abarcaran más allá de lo que aparecía en su microscopio.

El exitoso esfuerzo para allegarse los elementos de varias disciplinas, particularmente la geografía, a fin de mostrar tanto los “destinos colectivos” de la región amplia como su espléndida variedad le proporcionó al autor el coraje para creer que también en las tierras detrás de los vientos tales métodos podrían generar resultados valiosos.

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Anthony Reid. Southeast Asia in the Age of Commerce, 1405 -1680. Silkworm Books, Bangkok, 1988. VOl 1. The Lands below the Winds.  Vol 2.  Expansion and Crisis (1993).

Anthony Reid. Charting the shape of Early Modern Southeaste AsiaSilkworm Books, Bangkok, 1999.

Autores Varios. Anthony Reid and the study of the Southeast Asia past, Geoff Wade and Li Tana (eds), Institute od South East Asia Studies, Singapore, 2012
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